Ordenar y anotar · Nivel 1 · Etapa acompañada

Cada cosa
en su sitio

«Los coches con los coches y los animales con los animales.» Te dice que sí. Te lo repite entero, con las mismas palabras. Y sigue metiéndolo todo en la misma caja. No te está desobedeciendo. Sabe la regla y todavía no puede usarla, que son dos cosas distintas.

Esto no lo estudia tu hijo. Lo estudias tú. Un crío de tres años no va a leer esta página. Aquí está qué ponerle delante, qué mirar mientras lo hace y en qué te vas a equivocar tú. Lo que se comprueba es lo que hace él; el test del final te lo hacemos a ti.

El sitio no viene con la cosa

Un montón de botones se puede ordenar por color. O por tamaño. O por número de agujeros. Ninguna de las tres es la buena.

El criterio no está en los botones. Lo pone quien ordena. Y ahí empieza este tronco entero: ordenar no es recoger, es decidir por qué se parecen unas cosas a otras.

Ordenar no es recoger
Es elegir en qué se parecen

El mapa lo dice en una línea: ordenar es acordarse sin esfuerzo. Si cada cosa tiene un sitio, y se sabe cuál, no hay que recordar dónde está nada. El orden hace el trabajo que si no haría la cabeza.

Y a los tres años solo cabe un criterio

Esto está medido, replicado y es de los datos más limpios de este mapa. La prueba se hace con cartas y se tarda cinco minutos.

Se le pide que reparta unas cartas por color. Lo hace perfecto. Entonces le cambias la regla: ahora por forma. Le preguntas cuál es la regla nueva y te la dice bien.

Y sigue repartiendo por color. No una vez: casi todas. Y no es que no la entienda, porque acaba de decírtela.

A los cuatro años, la mayoría cambia sin problema. Entre medias hay unos meses donde saber una regla y poder usarla son dos cosas separadas, y esa separación es exactamente lo que este nivel mide.

Qué es esto y qué no

Se confunde con dos vecinos de casi la misma edad, y conviene separarlos:

EstoY esto otro
AquíAgrupar: en qué se parecen unas cosas a otras, y quién decide eso.
Contar y calcularCuántas hay. Se puede agrupar sin contar, y de hecho es lo que pasa: los junta bien y no sabe decir cuántos son.
EscribirQue una marca suya se quede en el papel. Aquí no se marca nada.

Y hay un cruce que sí importa. Elegir un criterio es renunciar a los demás, que es justo lo que se instala a esta misma edad en Decidir. Ordenados por color, los grandes ya no están juntos.

Cómo saber dónde está ahora

Te hacen falta · doce cosas de dos tipos y dos colores · dos cajas · cinco minutos

La prueba de las dos reglas

  1. Coge doce cosas que se puedan agrupar de dos maneras. Seis coches y seis animales, la mitad rojos y la mitad azules.
  2. Pídele que los reparta por color, en las dos cajas. Ayúdale con los dos primeros y déjale el resto.
  3. Ahora cámbiale la regla: ahora por lo que son, coches con coches. Vuelve a mezclarlo todo.
  4. Y aquí el control, que es todo el nivel: antes de que empiece, pregúntale cuál es la regla nueva. Que te la diga él.
  5. Si te la dice bien y luego reparte por color, ya lo has visto. Eso es este nivel, y a los tres años es lo esperable.

Preguntarle la regla antes es lo que separa «no se ha enterado» de «se ha enterado y no puede». Sin esa pregunta, las dos cosas se ven igual.

Y esto no se aprueba ni se suspende. Da dónde está hoy, un martes, con doce cosas.

Qué significa lo que ha hecho

Si hace estoEs que
Reparte por color y luego cambia a forma sin problemaEl nivel está hecho. Puede sostener un criterio y soltarlo, que es lo que aquí se pide.
Dice bien la regla nueva y sigue con la viejaLo esperable a los tres años, y es el resultado más frecuente de la prueba. No es desobedecer.
No sabe decir la regla nuevaOtra cosa distinta, y va antes. Aquí no hay nada que medir todavía: primero la regla, luego usarla.
Los junta bien y no sabe cuántos hay en cada montónNormal, y no es de este tronco. Contar es otro aparato y va por su cuenta.
Inventa un criterio suyo y lo mantieneLo mejor que puede pasar. Ha entendido lo importante, que el criterio lo pone quien ordena.
Guarda cada cosa en su sitio si el sitio está a la vistaEl sitio está haciendo el trabajo. Es justo para lo que sirve, y no hay que quitárselo.
Ordena bien un día y al siguiente noLo normal en estos meses. Esto no se instala de golpe, se instala a rachas.

Qué hacer, en concreto

  • Un criterio, y que se vea. Una foto del coche en la caja de los coches. Si el sitio hay que recordarlo, el orden no está haciendo su trabajo.
  • Menos sitios y más obvios. Tres cajas grandes funcionan; doce cajones etiquetados, no. A esta edad el criterio tiene que caber de un vistazo.
  • Di el criterio en voz alta mientras ordenas tú. «Este es de los que ruedan.» Es la manera de que la categoría exista antes de pedírsela.
  • No le cambies la regla a mitad. A los tres años eso no es un reto, es un muro. Cambiar de criterio se entrena, y se entrena después.
  • Pregúntale la regla antes de que empiece. Vale como prueba y vale como ayuda: decirla en alto le sostiene un poco más.
  • No confundas ordenar con recoger. Meterlo todo en una caja es recoger. Y está bien, pero no es esto.

Pruébalo con tus números

La caja hace la cuenta que decide esto en una empresa. Poner un criterio al archivar cuesta unos segundos. Ponerlo después cuesta abrir cada cosa otra vez.

Lo que cuesta decidirlo después

Aviso de modelo juguete. La caja supone que todas las cosas cuestan lo mismo de etiquetar, y no es verdad: unas se clasifican solas y otras hay que pensarlas. Supone también que vas a poder volver a todas, y en la práctica una parte no aparece. Y lo más gordo: no sabe si ese criterio te va a hacer falta. Poner cinco criterios «por si acaso» cuesta cinco veces más y casi todos sobran. Sirve para ver por qué la decisión es al archivar y no después, no para decidir cuántas etiquetas poner.

En qué te vas a equivocar

Pensar que te está desobedeciendo

Dice la regla, la repite entera, y hace la contraria. Parece provocación y no lo es. Saber una regla y poder usarla van por caminos distintos durante unos meses.

Poner demasiados sitios

Doce cajones bien etiquetados son doce criterios que sostener a la vez. Tres cajas grandes hacen más por este nivel que un mueble entero.

Cambiarle el criterio a mitad

«Ahora por tamaño.» A los cuatro años es un juego. A los tres es justo lo que todavía no puede hacer, y solo consigue que deje de ordenar.

Esperar que el sitio se recuerde

Si hay que acordarse de dónde va cada cosa, el orden no está ahorrando nada. El sitio tiene que verse: una foto, un dibujo, la caja transparente.

Confundir esto con contar

Que junte bien los coches y no sepa decir cuántos son no dice nada de este nivel. Eso es otro tronco y llega por su lado.

Por qué esto está en la base de un mapa de negocios

Porque aquí se ve, con un crío de tres años delante, la decisión que más condiciona lo que una empresa podrá saber de sí misma. El criterio con el que archivas decide qué preguntas vas a poder hacer.

Un plan de cuentas, las etiquetas de un CRM, las carpetas de un servidor. Si los gastos se archivan por concepto, no hay manera de preguntar cuánto costó un proyecto. Si se archivan por proyecto, no hay manera de preguntar cuánto se va en desplazamientos.

Archivado por concepto: sabes en qué te lo gastas
Archivado por proyecto: sabes qué te sale caro

Y lo peor es cuándo se descubre. La pregunta que no puedes contestar no aparece el día que archivas: aparece un año después, cuando ya hay quinientas cosas guardadas del otro modo.

Hay además una segunda mitad, y es literalmente la misma escena. Una empresa que dice la regla nueva y sigue trabajando con la vieja. Después de una reorganización, todo el mundo sabe recitar el criterio nuevo. Y los papeles siguen yendo donde iban.

No es mala fe, igual que no lo era a los tres años. Saber la regla y usarla son cosas distintas, y la segunda necesita que el sitio nuevo se vea. Si hay que acordarse del criterio nuevo, va a ganar el viejo.

En el mapa, el nivel 2 es acordarse con ayuda de una lista. Y arriba del todo, elegir qué se mide es esta misma decisión con dieciséis años más encima: cuál es el criterio, y qué dejas de ver al elegirlo.

De dónde sale esto

  • Zelazo, P., Frye, D. y Rapus, T. (1996). An age-related dissociation between knowing rules and using them, en Cognitive Development. El título es la tesis de esta página. Los críos de tres años dicen bien la regla nueva y siguen aplicando la vieja, y eso se separa con la edad.
  • Zelazo, P. (2006). The Dimensional Change Card Sort, en Nature Protocols. La prueba de las cartas, escrita como protocolo. De aquí sale la receta de esta página, hecha con juguetes en vez de cartas.
  • Inhelder, B. y Piaget, J. (1964). The early growth of logic in the child. Cómo se monta la clasificación: primero se agrupa por parecido suelto y bastante después por una propiedad sostenida.
  • Sloutsky, V. (2003). The role of similarity in the development of categorization, en Trends in Cognitive Sciences. Qué hace que un crío pequeño meta dos cosas en el mismo montón, que casi nunca es lo que un adulto supone.

Y lo que estos trabajos no dicen. Primero, las edades son medias y la horquilla es enorme. Hay críos que cambian de regla con tres años y pico y otros con cuatro y medio, y los dos van bien. Segundo, la prueba de las cartas mide una cosa muy concreta, cambiar de criterio, y se ha estirado en la divulgación hasta convertirla en un medidor general de la cabeza de un crío, que no lo es. Tercero, la caja no sabe si ese criterio te hará falta: solo compara lo que cuesta ponerlo ahora contra ponerlo después. Y cuarto, nada de esta página dice nada sobre ningún niño en concreto. Si hay una preocupación de verdad, se habla con un profesional, no con una página.

Comprueba que lo has entendido tú

Doce preguntas de un banco de cuarenta y cuatro, distintas cada vez. Volver no es memorizar. No te dice si aciertas hasta el final: si te lo dijera, las doce se contestan por descarte. Con un 70% el nivel cuenta en tu mapa.

Y no te preguntan cómo se llama nada. Te preguntan qué haces cuando dice la regla y hace la contraria. Y qué haces cuando tu empresa hace lo mismo.

Un tercio son de otro tipo. Te enseñan el razonamiento entero de un padre, o una cuenta ya hecha, y tienes que decir en qué renglón se rompe. Casi nunca falla la aritmética. Falla el primero, donde se decidió qué se estaba midiendo. Una de cada cuatro no se rompe en ninguno.