Fundamentos · 06 · Finanzas

¿Por qué todos hablan del interés compuesto?

Porque el tiempo pesa más que la cantidad, y no es una frase motivacional: es una exponencial y se comprueba en dos cuentas.

11 minutosSin registroCon calculadora

Quien ahorra 20.000 € entre los 25 y los 35 y luego no vuelve a aportar nada termina con más que quien ahorra 60.000 € entre los 35 y los 65.

Suena a truco y no lo es: sale de multiplicar. Vamos a hacer la cuenta despacio, a ver de dónde viene la diferencia y —esto es lo que casi nunca se cuenta— qué le pasa a ese mismo mecanismo cuando alguien se lleva un 1% por el camino.

Simple y compuesto

El interés simple se calcula siempre sobre el capital inicial. Metes 1.000 € al 10% y te dan 100 € cada año, siempre 100.

El interés compuesto se calcula sobre lo que tienes en ese momento, intereses incluidos. El primer año ganas 100 €; el segundo ganas el 10% de 1.100 €, o sea 110 €; el tercero, el 10% de 1.210 €.

AñoSimpleCompuestoDiferencia
11.100 €1.100 €0 €
102.000 €2.594 €594 €
304.000 €17.449 €13.449 €
506.000 €117.391 €111.391 €

Fíjate en la forma de las dos columnas. La primera crece en línea recta y la segunda en una curva que al principio parece casi idéntica y luego se dispara. Esa asimetría es el asunto entero: durante los primeros años el compuesto parece no hacer nada, y ahí es donde la mayoría de la gente abandona.

La regla del 72

Un atajo mental que merece la pena saberse: divide 72 entre la rentabilidad anual y tienes los años que tarda tu dinero en duplicarse. Al 7%, 72 ÷ 7 = 10,3 años (el cálculo exacto da 10,2). Al 3%, 24 años. Al 12%, seis.

Y funciona al revés, que es cuando más sirve: si alguien te promete duplicar tu dinero en tres años, te está prometiendo un 24% anual sostenido. No es imposible, pero es una afirmación extraordinaria, y conviene preguntar de dónde sale antes que cuánto hay que meter.

Las dos ahorradoras

Este es el ejemplo que hace clic, y es comprobable con la calculadora de abajo. Los dos invierten a un 7% anual.

  • Ana aporta 167 € al mes —unos 2.000 € al año— desde los 25 hasta los 34. Diez años, 20.040 € en total. A los 35 deja de aportar y no vuelve a meter un euro.
  • Bruno empieza a los 35 y aporta esos mismos 167 € al mes hasta los 64. Treinta años, 60.120 € en total.

A los 65 años, Bruno ha aportado el triple que Ana. Y sin embargo:

AportadoA los 65
Ana (25 a 34)20.040 €217.449 €
Bruno (35 a 64)60.120 €195.299 €

Ana termina con 22.150 € más habiendo puesto 40.080 € menos. La razón cabe en una línea: sus primeros 2.000 € tuvieron cuarenta años para componer, y los de Bruno solo treinta. Al 7%, cada década adicional multiplica por dos el resultado de esa aportación.

La conclusión práctica no es «hay que ser rico a los 25». Es que empezar pronto con poco bate a empezar tarde con mucho, y que si vas tarde no hay que rendirse. Hay que compensar con cantidad, sabiendo que el tiempo ya no juega a favor.

Tu propia cuenta

Arranca con el caso de Ana: 2.000 € al año durante diez años, y luego nada. Cambia los años y verás moverse mucho más el resultado que cambiando el importe.

Capital final
De tu bolsillo
Lo ha puesto el interés

La comisión, que es el mismo mecanismo en tu contra

Si el interés compuesto multiplica a favor, también multiplica en contra. Y el ejemplo más caro y más silencioso es una comisión anual.

Toma una inversión de 5.000 € iniciales más 200 € al mes durante 30 años a un 7%:

Comisión anualCapital finalSe lleva
0%271.952 €
1%223.620 €48.332 €

Un 1% anual se lleva 48.332 €, casi el 18% del resultado. Y aportaste 77.000 € en total, así que la comisión se ha comido el equivalente a veinte años de tus aportaciones mensuales.

El motivo es que cada euro de comisión no se pierde una vez: deja de componer durante todos los años que quedan. Es exactamente la misma exponencial, aplicada a lo que te quitan.

De ahí la única recomendación operativa de esta pieza: cuando compares productos de ahorro a largo plazo, mira las comisiones totales antes que la rentabilidad prometida. La rentabilidad futura nadie la conoce; las comisiones están escritas y son seguras.

Y la parte incómoda

Todo lo anterior supone una rentabilidad constante, y eso no existe. Tres matices que cambian bastante el cuadro:

  • La inflación se come parte. Un 7% nominal con un 2,5% de inflación son un 4,4% real, y la fórmula correcta es dividir, no restar: (1,07 ÷ 1,025) − 1. Sobre 30 años, la diferencia entre razonar en nominal o en real es enorme, y el poder de compra es lo que importa.
  • El orden de los rendimientos importa cuando hay aportaciones o retiradas. Dos carteras con la misma rentabilidad media anual acaban en sitios distintos según cuándo llegaron los años malos. La media aritmética engaña; la que manda es la compuesta.
  • Rentabilidad y riesgo van juntos. Un 7% no es un derecho: es una expectativa asociada a asumir volatilidad y a poder aguantarla sin vender en el peor momento. Quien no puede aguantarla, no obtiene esa rentabilidad, obtiene la de haber vendido abajo.

Esto no es consejo de inversión

Aquí se explica una aritmética, no qué deberías hacer con tu dinero. Los porcentajes son ejemplos para que la fórmula se vea, no previsiones ni recomendaciones. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras, y cualquier decisión concreta depende de tu situación, tu horizonte y tu tolerancia al riesgo, que es justo lo que una página no puede saber.

Compruébalo tú

Dos personas invierten 200 € al mes al 6%. Marta empieza a los 30 y Pablo a los 40. Los dos paran a los 65. ¿Cuánto termina teniendo cada uno, y cuánto le habría costado a Pablo alcanzar a Marta?

Ver la solución paso a paso

Paso 1: Marta. 35 años aportando 200 € al mes al 6% anual. Aporta 200 × 12 × 35 = 84.000 € y termina con unos 274.700 €. Comprueba la cifra en la calculadora poniendo 35 años aportando y 0 de reposo.

Paso 2: Pablo. 25 años aportando lo mismo. Aporta 200 × 12 × 25 = 60.000 € y termina con unos 135.300 €.

Paso 3: La brecha. Pablo ha aportado 24.000 € menos —un 29% menos— y termina con 139.400 € menos, menos de la mitad que Marta. Diez años de retraso se han llevado la mitad del resultado.

Paso 4. ¿Cuánto tendría que aportar Pablo para empatar? Como el capital final es proporcional a la aportación mensual, basta una regla de tres: 200 × (274.700 ÷ 135.300) = 406 € al mes. Pablo necesita aportar algo más del doble cada mes, durante veinticinco años, solo para llegar donde llega Marta con 200 €.

Paso 5. La lectura correcta, que no es la de siempre. El titular habitual es «empieza cuanto antes», y es verdad pero inútil si tienes cuarenta años. La lectura útil es otra: los diez años perdidos ya no se recuperan con disciplina, se recuperan con dinero, y saber cuánto exactamente (406 € en vez de 200 €) convierte un remordimiento en un objetivo. Y si esos 406 € no caben en tu presupuesto, entonces la conclusión honesta es que el plan tiene que cambiar de otra forma: más años, menos objetivo, o aceptar el resultado que sale. Lo que no funciona es esperar a que la aritmética cambie de opinión.

¿Y si empiezo con muy poco, merece la pena?

Sí, y por una razón que no es la que suele darse. Con 50 € al mes al 6% durante 35 años se llega a unos 68.700 €, de los cuales solo 21.000 € los has puesto tú: el resto lo ha puesto el interés. No es una fortuna, pero tampoco es despreciable para 50 € que casi no se notan.

El argumento más fuerte, de todos modos, es otro: la parte difícil de ahorrar no es la cantidad, es convertirlo en un hábito automático. Empezar con 50 € domiciliados el día que cobras instala la conducta, y subir la cantidad después es trivial. Empezar con 300 € que no te caben instala el abandono. Eso está desarrollado en la pieza sobre hábitos, y aplica igual aquí.

Lo que esta pieza no cubre

Esto explica la aritmética de la capitalización compuesta y el efecto de las comisiones. No entra en qué producto elegir, en fiscalidad del ahorro, en diversificación ni en gestión del riesgo, y no recomienda nada. Tampoco cubre la otra cara de la misma fórmula —el interés compuesto trabajando en tu contra cuando debes dinero—, que está en la pieza sobre préstamos.

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