Hablar · Nivel 5

Ver qué le falta
a una explicación

Alguien te explica cómo se hace algo. Lo sigues, asientes, te parece claro. Al día siguiente te sientas a hacerlo y no puedes. No es que se te haya olvidado: es que nunca estuvo. Faltaba un trozo, y el momento de verlo era mientras te lo contaban.

Este nivel se llama Hablar y va de escuchar. No es un juego de palabras. Quien detecta el hueco en la explicación de otro es el que después no lo deja en la suya. No hay forma de aprender a explicar bien que no pase por saber qué se siente al recibir algo a medias.

Entender no es asentir

Explicar es pasarle a otro algo que tú tienes en la cabeza. El problema es que tú ya lo tienes, y eso te incapacita para saber cómo se ve desde fuera. Se llama la maldición del conocimiento y está medida.

Elizabeth Newton lo probó en Stanford en 1990 con un experimento tonto. Una persona golpeaba con el dedo el ritmo de una canción conocida. Otra escuchaba y tenía que adivinarla. Antes de empezar, al que golpeaba se le preguntaba cuánta gente lo acertaría.

  • 50% es lo que predecían los que golpeaban.
  • 2,5% es lo que acertaron los que escuchaban. Tres de ciento veinte.

El que golpea oye la canción entera en su cabeza. El que escucha oye golpes. Y no hay manera de dejar de oír la canción una vez que la conoces, así que el que explica se equivoca por veinte a la hora de juzgar si se le ha entendido.

De ahí salen los seis huecos. Son siempre los mismos, y una vez que los tienes en la cabeza se ven solos:

  1. El paso que se saltó. Va de A a C. El que explica hace B tan rápido que ya no lo cuenta como paso.
  2. La palabra sin definir. Usa un término suyo como si fuera de todos. CAC, margen de contribución, contexto.
  3. La condición que no se dice. «Esto funciona.» ¿Siempre? ¿Cuándo no? Una regla sin excepción suele ser una regla sin límites conocidos.
  4. La base de comparación. «Ha subido mucho», «es más rápido», «sale barato». ¿Respecto a qué?
  5. El ejemplo que no hay. Una regla abstracta que no viene con ningún caso. La entiendes y no la reconoces cuando aparece.
  6. El para qué. Te enseña el procedimiento y no cuándo se usa. Sabes calcular la mediana. No sabes cuándo pedirla.

Los seis tienen algo en común y conviene decirlo. Ninguno es culpa de quien escucha. Cuando no entiendes algo, lo primero que aparece es la sospecha de que eres tú. Casi nunca eres tú.

Cómo saber dónde estás

Te hacen falta · papel y boli · sin buscar nada · cuatro minutos

Seis explicaciones

Cada una está mal. Escribe qué le falta, en una línea.

  1. «Para quitarle el IVA a una factura de 121 €, divides entre 1,21 y te salen 100.»
  2. «El CAC tiene que estar por debajo de un tercio del LTV.»
  3. «Sube el precio, que la gente asocia caro con bueno.»
  4. «Este mes hemos crecido un 40%.»
  5. «Un coste hundido no debe entrar nunca en la decisión.»
  6. «La mediana es el valor que queda en el centro cuando ordenas la serie.»

Escribe las seis antes de seguir. Leer la respuesta con la pregunta delante no mide nada, y aquí menos que en ningún sitio: todas suenan bien.

Ver los seis huecos
  1. El paso que se saltó ¿De dónde sale el 1,21? Falta la línea que lo explica todo: el total ya es la base multiplicada por 1,21, así que dividir la deshace. Sin eso te has aprendido un número y no una operación, y con un IVA del 10% te quedas parado.
  2. La palabra sin definir Dos, y las dos son siglas. Quien lo dice lleva años con ellas y ya no las oye como siglas. La regla puede ser perfecta y no sirve de nada.
  3. La condición que no se dice ¿En qué producto? ¿Frente a qué competencia? ¿A partir de qué precio deja de funcionar? Sin límites, es un consejo que puede arruinarte y que suena a sabiduría.
  4. La base de comparación ¿Un 40% respecto a qué mes? ¿Desde qué cifra? Crecer un 40% desde 10 clientes son cuatro clientes. Y el mes anterior puede ser el peor del año.
  5. El ejemplo que no hay La frase es correcta y no te deja reconocer uno. Con un caso, se ve: el máster que llevas pagado no es razón para acabarlo si ya no te sirve.
  6. El para qué Está bien definida y no dice cuándo se usa. La mediana se pide cuando hay cuatro sueldos normales y uno del director, que es justo cuando la media miente.

Qué significa lo que has contestado

Si has contestado estoEs que
«Está bien» en la del IVATe has fijado en que el resultado es correcto, que lo es. La explicación falla igual: te deja capaz de repetirla y no de aplicarla a otro tipo.
«No sé lo que es el CAC» sin másVas bien, y para el nivel falta el otro medio paso: el problema no es tu laguna, es que la frase da por común algo que no lo es.
Que la del precio es buen consejoHas oído una regla y no has buscado su borde. Es el hueco más caro de los seis, porque las reglas sin condición se aplican donde no tocan.
«Un 40% está muy bien»Has aceptado un porcentaje sin base, que es el nivel 6 de Contar y calcular visto desde el otro lado. Aquí el hueco no es tuyo: es de quien lo dijo.
Que la del coste hundido está completaLa has entendido porque ya sabías lo que era. Ponle delante a alguien que no y mira cuánto tarda en reconocer uno.
Que la mediana está bien explicadaLo está como definición. Una definición no es una explicación: falta para qué sirve, que es lo único que te hace pedirla algún día.
Las seis, y en una línea cada unaEste nivel lo tienes. Lo siguiente es el 6, donde el hueco ya no es un descuido sino una trampa puesta a propósito.

Acertar dos o tres es lo normal la primera vez. Los seis huecos se aprenden como se aprende a ver erratas: de golpe, y ya no se dejan de ver.

Qué hacer, en concreto

Hay una pregunta que no sirve para nada y que se hace siempre. Es «¿se entiende?». Todo el mundo dice que sí. Se dice que sí porque el que escucha tampoco sabe lo que le falta, que es justo el problema. La que sí funciona es de cuatro palabras:

¿Me lo cuentas tú?

Cuesta treinta segundos y es la única comprobación que existe. El hueco aparece solo, porque el otro se para exactamente donde falta el trozo. Y cuatro reglas mecánicas para el resto:

  • Pide el paso, no el resultado. «¿Y de dónde sale ese 1,21?» Si la respuesta es «es así», el paso no estaba.
  • Cambia el ejemplo. Coge la regla y aplícala a otro caso delante de quien te la contó. Una explicación que solo funciona con su ejemplo no era una explicación.
  • Pregunta cuándo no. «¿En qué caso esto sería mala idea?» Quien lo sabe de verdad contesta en dos segundos y con ganas.
  • Cuéntalo tú en voz alta. A alguien, o a la pared. Se atribuye a Feynman y funcione o no por lo que se dice, funciona: te oyes saltarte el paso.

Y una advertencia que ahorra discusiones. Señalar el hueco no es corregir a nadie. «¿Me lo repites por la parte del 1,21?» no dice que la otra persona explique mal; dice dónde te has quedado. La misma frase con «no se entiende nada» delante convierte una comprobación en una pelea.

Pruébalo con tus números

Tres cajas. La primera y la tercera son aritmética; la segunda escala un experimento real, y dice cuál.

1 · El hueco se multiplica

2 · Lo que crees que se ha entendido

3 · Treinta segundos ahora o esto después

En qué te vas a equivocar

Tres cosas, y las tres pasan al principio.

  • Confundir «no lo entiendo» con «está mal explicado». A veces eres tú, y a veces el tema pide algo que todavía no tienes. La forma de distinguirlo es la del hueco concreto: si puedes señalar cuál de los seis falta, es la explicación. Si no puedes señalar ninguno y sigues perdido, te falta base y eso es información igual de útil.
  • Pasarse a auditar todo. Una conversación no es una revisión de código. Esto se usa cuando vas a hacer algo con lo que te cuentan, no cuando alguien te cuenta su fin de semana.
  • Pedir el hueco y no escuchar la respuesta. Preguntar «¿de dónde sale?» y quedarte pensando en la siguiente pregunta es más común de lo que parece, y deja el hueco donde estaba.

Por qué esto está en la base de un mapa de negocios

Bermejo & Asociados es una gestoría de seis personas. La hora cargada sale a 22 €. Alguien explica en una reunión cómo se clasifica un gasto nuevo y se salta un paso, uno solo.

Las otras cinco personas salen de ahí creyendo que lo tienen. Cada una lo aplica a su manera durante un mes. Cuando se detecta, hay que revisar los expedientes tocados, corregirlos y volver a explicarlo. La caja de arriba pone el número: doce minutos por persona ya son 1,32 € por vuelta, y eso es solo el rato de preguntar. La reconstrucción de un mes de expedientes no cabe en esa cuenta.

Y hay un sitio donde esto se ha vuelto medible de una forma nueva. Cuando le pides algo a un modelo de lenguaje, la petición es la explicación, y el modelo no te va a decir que no te ha entendido: te va a dar algo. Los seis huecos de arriba son, uno por uno, las seis razones por las que una petición devuelve algo que no querías. Por eso este nivel abre Prompting, y también Dar feedback y Preguntar.

De dónde sale esto

  • Elizabeth Newton (1990), tesis doctoral en Stanford. Es el experimento de los golpecitos: 50% predicho, 2,5% real. Es el dato que más se cita de todo este nivel y casi siempre sin decir de dónde viene.
  • Camerer, Loewenstein y Weber (1989), «The curse of knowledge in economic settings», Journal of Political Economy. Lo mismo en un mercado, con dinero de verdad: quien sabe de más no consigue dejar de saberlo al fijar precios.
  • Chip y Dan Heath, Made to Stick (2007). De aquí sale que la mitad del mundo conozca el experimento de Newton. Es divulgación y hay que leerlo como tal.
  • Paul Grice (1975), «Logic and conversation». La máxima de cantidad: di lo que hace falta, ni más ni menos. Los seis huecos son seis formas de quedarse corto.
  • John Sweller (1988), «Cognitive load during problem solving», Cognitive Science. Por qué una explicación con demasiadas piezas a la vez no entra, que es el error contrario y también existe.

Un aviso honesto sobre la caja 2. Escala los porcentajes del experimento de Newton a tu público, y eso no es una predicción: aquello eran canciones y golpecitos, no una explicación de trabajo. La distancia entre lo que crees y lo que llega está medida ahí; el tamaño exacto en tu reunión, no.

Comprueba que lo has entendido

Doce preguntas de un banco de cuarenta y ocho, distintas cada vez, así que volver no es memorizar. No te dice si aciertas hasta el final: si te lo dijera, las doce se contestan por descarte. Con un 70% el nivel cuenta en tu mapa.

La mitad son explicaciones de otro con un hueco dentro, y tienes que decir cuál. Una de cada cuatro de esas no tiene ningún hueco. Así que no vale buscar la frase rara: hay que mirar las seis cosas.