Hablar · Nivel 4 · Etapa acompañada

Explicar a quien
no lo ha visto

Vuelve del cine y te cuenta la película. «Y entonces él le quita la cosa y sale corriendo, y el otro se enfada un montón.» Tú no la has visto. Él sí. Y en su cabeza «él», «la cosa» y «el otro» tienen cara, color y nombre. No te lo está contando mal. Te está contando su recuerdo en voz alta, que es otra cosa distinta.

Esto no lo estudia tu hijo. Lo estudias tú. Un crío de ocho años no va a leer esta página. Aquí está qué ponerle delante, qué mirar y en qué te vas a equivocar. Lo que se comprueba es lo que hace él; el test del final te lo hacemos a ti.

Lo que le falta no es saber que tú no estabas

Eso lo tiene desde los cuatro años. Pregúntale «¿tú crees que yo he visto la película?» y contesta que no sin dudar. Y tiene razón. Saber que el otro no lo vio es el nivel 2 de Ponerse en el lugar del otro, y llega mucho antes que esto.

Lo que le falta es más raro y más técnico: construir, mientras habla, algo que funcione sin él delante. Y eso tiene dos piezas, las dos concretas y las dos contables:

  1. La primera mención. Presentar a alguien entero la primera vez que aparece, y solo después llamarlo «él».
  2. Ajustar al oyente. Contarlo distinto a quien estaba y a quien no estaba. Si lo cuenta igual a los dos, no está ajustando.

Contarlo en orden es el nivel de antes, y no entra aquí. Primero esto y luego lo otro es el 3. Ver el hueco en la explicación de otra persona es el 5, con el experimento de los golpecitos. Y la versión escrita, con su caja para medir un texto pegado, es Escribir, nivel 5. Lo de aquí es lo que él monta al hablar.

Los pronombres van después, no antes

Un pronombre es una flecha. «Él», «la cosa», «allí», «entonces». Cada uno apunta a algo que tiene que estar puesto antes en algún sitio. Si no está puesto, la flecha apunta al vacío.

Y aquí está la trampa entera. En su cabeza sí está puesto. Ha visto la película, tiene al niño de la camiseta roja delante de los ojos, y la flecha apunta perfectamente. Lo que no hace es darse cuenta de que su cabeza y la tuya no son el mismo sitio.

Lo mismo contado de las dos maneras:

«Y entonces él le quita la cosa y el otro se enfada»
«Había un niño con una camiseta roja y otro más mayor. El mayor le quitó la pelota, y el pequeño se enfadó»

Fíjate en lo que no ha cambiado. Las palabras difíciles son las mismas, y la historia también. Y no es un problema de vocabulario: sabe decir «un niño con una camiseta roja» perfectamente, y lo dice si se lo pides. Lo que no hace es decidirlo él, en el momento, sin que nadie se lo pida.

Cómo saber dónde está ahora

Te hacen falta · un cuento de imágenes sin texto · dos adultos · diez minutos

La prueba del cuento sin palabras

  1. Que lo mire entero él solo. Pasando páginas, sin que nadie diga nada y sin prisa. Un libro sin texto quita la excusa de leerlo: hay que contarlo.
  2. Que se lo cuente a alguien que no lo ha visto, con el libro ya cerrado y guardado. Si podéis, que sea alguien de verdad y no tú.
  3. Cuenta dos cosas mientras habla. Cuántos personajes salen en su relato, y a cuántos ha presentado antes de llamarlos «él» o «lo».
  4. Y el control, que es lo que hace de esto una medida. Que se lo cuente después a alguien que lo ha visto. Si sale igual, casi palabra por palabra, no está ajustando al oyente.

El control es la mitad que casi nadie hace. Y es la que más dice. Un relato lleno de pronombres puede ser un mal relato o puede ser el relato correcto para alguien que estaba allí. Solo comparando las dos versiones se sabe cuál de las dos cosas es.

Y esto no se aprueba ni se suspende. Lo que da es dónde está hoy, un martes, con un cuento de ranas.

Qué significa lo que ha hecho

Si hace estoEs que
Empieza directamente con «él» sin presentar a nadieEs lo típico a los ocho y no es descuido: en su cabeza el personaje está clarísimo. Se ve enseguida haciéndote el tonto una vez.
Presenta al primero y a los demás noYa tiene la idea y le falta sostenerla. Suele pasar porque el primero se presenta solo, al empezar, y los que entran a mitad se cuelan.
Presenta a todos antes de pronombrearlosAhí está la primera mitad del nivel, y a los ocho es de lo alto. Queda la otra, que es contarlo distinto según quién escuche.
Cuenta lo mismo a quien lo vio y a quien noTodavía no ajusta al oyente: está recitando el recuerdo. Es la mitad que se ve solo con el control.
Al que lo vio le cuenta menos y va más rápidoEstá ajustando, que es el nivel entero. Y fíjate en que eso no se le puede enseñar diciéndoselo.
Se para y pregunta «¿tú lo has visto?»Mejor señal que cualquier relato bueno. Está preguntando por lo que el otro tiene antes de empezar a hablar.
Lo hace bien con un cuento y mal con lo del recreoNormal. Un cuento tiene los personajes puestos en las páginas; lo de esta mañana lo tiene solo él, y ahí cuesta mucho más.
Se enfada cuando no le entiendesBuena señal disfrazada de mala: acaba de notar que el mensaje no ha llegado. Notarlo es el paso de antes de arreglarlo.

Qué hacer, en concreto

Nada de esto es una sesión. Son treinta segundos, dentro de una conversación que ya estabais teniendo.

  • Hazte el tonto a propósito, y no lo adivines. «¿Quién es él?» dicho con cara de no saberlo. Adivinarlo tú es lo que le deja seguir así diez años.
  • No le completes la frase. Es la tentación grande, porque entiendes perfectamente lo que quiere decir. Y cada vez que la completas, le quitas el trabajo.
  • Que se lo cuente a alguien de verdad. A la abuela por teléfono, que además no ve nada de lo que él señala con el dedo mientras habla.
  • Cuenta tú delante de él presentando a la gente. «Hoy he visto a Ana, la del quinto, la que tiene el perro grande.» Se copia sin que haya que explicarlo.
  • Pregúntale antes de empezar: ¿esta persona lo ha visto? Con hacer esa pregunta en voz alta unas cuantas veces, se la acaba haciendo solo.
  • Y no le corrijas el relato entero. Una pregunta por historia. Corregir cinco cosas seguidas convierte contar algo en un examen, y entonces deja de contar cosas.

Por qué esto está en la base de un mapa de negocios

Porque una reunión normal va llena de flechas al vacío. «Como comentamos, el tema del proveedor sigue igual y habría que cerrarlo esta semana.» Cuál proveedor, qué tema, qué se comentó y quién lo cierra. Quien lo dice tiene las cuatro cosas delante de los ojos, igual que el crío del cine.

Y la regla que sale de aquí es una sola, y es barata:

Nombra entero la primera vez  ·  después ya vale «ellos»

No «el proveedor», sino «Talleres Ruiz, los que nos hacen las carpinterías». Cuesta cuatro palabras. Y se dicen una sola vez. A partir de ahí, todo el mundo en la sala tiene la flecha apuntando al mismo sitio.

Y la segunda mitad es la de ajustar. En una empresa se paga todos los días. La misma información se cuenta distinta a quien estaba y a quien no, y quien la cuenta igual a los dos no está explicando: está recitando su recuerdo delante de gente. Es el crío del cine con treinta años y una presentación.

Lo demás está en el mapa. Aquí no se repite. Ver el hueco en la explicación de otro es Hablar, nivel 5, con sus cifras. Y hacerlo por escrito, con una caja que te mide el texto, es Escribir, nivel 5.

De dónde sale esto

  • Karmiloff-Smith, A. (1981). A Functional Approach to Child Language. Cómo y cuándo aprende un niño a presentar a alguien antes de llamarlo «él», y por qué eso llega bastante después de saber usar los pronombres.
  • Berman, R. y Slobin, D. (1994). Relating Events in Narrative. El estudio con el cuento de imágenes en cinco lenguas, con niños de tres a nueve años y adultos. De aquí sale la receta de esta página, y también la comparación con cómo lo cuenta un adulto.
  • Mayer, M. (1969). Frog, Where Are You? El cuento de imágenes sin una sola palabra que usa toda esa literatura. Sirve justo porque no se puede leer: hay que contarlo, y entonces se ve lo que pone cada uno.

Y lo que estos trabajos no dicen. Primero, las edades son medias y la horquilla es enorme: esto sigue mejorando hasta bien entrada la adolescencia, y hay adultos que no lo hacen. Segundo, contar personajes presentados es una medida cruda: un relato con dos personajes no distingue casi nada, y el mismo niño lo hace mejor con un cuento que ya conoce. Tercero, y este importa: la tarea premia también al que tiene más vocabulario y más memoria, así que mide varias cosas a la vez y un mal relato puede ser un problema de otra cosa. Y cuarto, nada de esta página dice nada sobre ningún niño en concreto: si hay una preocupación de verdad, se habla con un profesional, no con una página.

Comprueba que lo has entendido tú

Doce preguntas de un banco de cuarenta y ocho, distintas cada vez, así que volver no es memorizar. No te dice si aciertas hasta el final: si te lo dijera, las doce se contestan por descarte. Con un 70% el nivel cuenta en tu mapa.

Un tercio son de otro tipo: te enseñan una prueba o un razonamiento ya hecho por otro y tienes que decir en qué renglón se rompe. Casi nunca falla el último. Falla el primero, donde se decidió qué se estaba mirando. Una de cada cuatro no se rompe en ninguno.