Psicología del Consumidor
Atención, memoria, contexto de precio y la distancia enorme entre lo que alguien piensa hacer y lo que acaba haciendo.
El cartel que nadie vio y la tarifa que nadie eligió
En septiembre, Ritmo puso en la entrada de los nueve centros un cartel de 1,20 metros anunciando las clases de espalda de los martes. Al mes, Sergio preguntó en recepción cuánta gente había mencionado el cartel: cuatro personas en total. La ocupación de la clase no se movió. Su conclusión fue que el cartel era feo. La correcta es más incómoda: el cartel estaba justo donde nadie mira, porque a la entrada de un gimnasio la gente busca el torno, el móvil y la taquilla, y todo lo demás se cae de la atención.
Simons y Chabris lo demostraron en 1999 con el experimento más famoso de la psicología de la percepción: pidieron a los sujetos contar los pases de un equipo de baloncesto y, en medio, cruzó la escena una persona disfrazada de gorila. Alrededor de la mitad no lo vio. No se trata de que miraran mal: la atención es un recurso escaso y lo que no entra en la tarea no se procesa. Es uno de los efectos que mejor ha replicado de toda la disciplina.
Al lado del cartel, Ritmo tiene otro problema del mismo tipo pero opuesto. Tres tarifas, Sala 29,90 €, Sala + clases 39,90 € y Solo clases 37,90 €, y una distribución de elección rarísima: casi nadie coge la tercera, y aun así, desde que existe, la del medio ha subido su cuota. Esa tercera tarifa no está ahí para venderse. Está ahí para que la de en medio parezca obvia. Este módulo va de esas dos cosas: qué llega a la cabeza del cliente y qué hace el contexto con ello.
📋 Guía docente del módulo
Objetivos
- Comprender los límites de la atención y de la memoria del consumidor y su consecuencia sobre el diseño de la comunicación.
- Analizar la percepción del precio como fenómeno relativo: punto de referencia, umbral diferencial y efectos de contexto.
- Manejar los efectos de composición del surtido (señuelo, compromiso) conociendo su fragilidad empírica.
- Explicar la brecha intención-conducta y el descuento temporal, y su papel en los servicios por suscripción.
- Evaluar críticamente la literatura de nudges y arquitectura de la elección con datos de campo a gran escala.
Resultados de aprendizaje
- RA1. Diagnosticar por qué una pieza de comunicación no produce efecto distinguiendo fallo de atención, de comprensión, de memoria o de motivación.
- RA2. Calcular el umbral diferencial aproximado de una variación de precio y decidir si conviene una subida imperceptible o una visible y explicada.
- RA3. Diseñar un conjunto de opciones y anticipar cómo cambia el reparto de elección al añadir o quitar una alternativa.
- RA4. Estimar el efecto de una intervención de arquitectura de la elección en puntos porcentuales absolutos y contrastarlo con lo publicado.
- RA5. Traducir una brecha intención-conducta observada en un plan de intervención sobre fricción, momento y recordatorio.
Bibliografía de referencia
- Solomon, M. R.: Comportamiento del consumidor, 13.ª ed., Pearson. El manual universitario de referencia del área.
- Sharp, B.: How Brands Grow, Oxford University Press, 2010. Las generalizaciones empíricas del Ehrenberg-Bass Institute: doble riesgo, compradores ligeros, disponibilidad mental.
- Thaler, R. y Sunstein, C.: Un pequeño empujón (Nudge), Taurus. Arquitectura de la elección y opciones por defecto; conviene leerlo junto con la literatura crítica posterior.
- Prelec, D. y Loewenstein, G.: "The Red and the Black: Mental Accounting of Savings and Debt", Marketing Science, 1998. El dolor de pagar y el desacoplamiento del pago.
- DellaVigna, S. y Linos, E.: "RCTs to Scale: Comprehensive Evidence from Two Nudge Units", Econometrica, 2022. El contraste entre los efectos publicados y los efectos reales a gran escala.
- Maier, M., Bartoš, F., Stanley, T. D., Shanks, D. R., Harris, A. J. L. y Wagenmakers, E.-J.: "No evidence for nudging after adjusting for publication bias", PNAS, 2022. La reevaluación del metaanálisis de Mertens y colegas corrigiendo por sesgo de publicación.
Carga de trabajo estimada
| Actividad | Horas |
|---|---|
| Lectura y estudio del material | 6 |
| Experimentación con el simulador | 2 |
| Ejercicios (resueltos y por cuenta propia) | 4 |
| Evaluación (quiz de módulo y repaso) | 2 |
| Total | 14 |
Atención y percepción: el cuello de botella
Todo lo que una marca quiere que pase empieza por un recurso ridículamente escaso: la atención. Y la atención no es un foco que se mueve libremente, es un filtro con propiedades conocidas.
Es selectiva y depende de la tarea. El gorila de Simons y Chabris pasa desapercibido porque los sujetos están contando pases. El cartel de Ritmo pasa desapercibido porque el socio está buscando su tarjeta. Corolario práctico: la pregunta no es "¿dónde hay sitio para poner esto?", sino "¿qué está haciendo esta persona en este punto exacto y qué está mirando mientras lo hace?". El sitio con mejor atención en un gimnasio no es la entrada: son los tres minutos muertos en la cinta y la puerta de la taquilla.
Es relativa, no absoluta. La ley de Weber, uno de los resultados más antiguos y sólidos de la psicofísica, dice que el cambio mínimo que se percibe en un estímulo es una proporción constante de su magnitud, no una cantidad fija. Ese cambio mínimo se llama umbral diferencial o diferencia apenas perceptible. En precios se maneja como regla de oficio que por debajo de un 5% aproximadamente la variación pasa desapercibida para la mayoría. De ahí las dos estrategias opuestas y ambas coherentes: subir por debajo del umbral para que no se note (Ritmo pasando de 39,90 a 41,50 €) o subir claramente por encima y explicarlo, porque una subida perceptible que no se explica se lee como abuso.
Y es constructiva. Percibir no es registrar: es interpretar con expectativas. El mismo café sabe mejor en taza gruesa; el mismo vino gusta más si te dicen que cuesta más, y no es que lo digan por educación: Plassmann y colegas (2008) vieron con neuroimagen que la actividad en las áreas asociadas al placer aumentaba de verdad con el precio anunciado, con el mismo vino. La expectativa entra en la experiencia, no se queda fuera.
Consecuencia incómoda para las encuestas: si preguntas a un socio "¿te influyó el cartel?", su respuesta no describe un proceso al que tenga acceso. Nisbett y Wilson lo mostraron en 1977 en un artículo devastador: la gente informa de sus procesos mentales usando teorías plausibles sobre por qué haría algo, no observación interna. Por eso en Método insistimos en medir conducta, no declaraciones.
Memoria, marca y la ley del doble riesgo
Que alguien te conozca no sirve de nada si no se acuerda de ti en el momento en que aparece la necesidad. Esa es la idea de disponibilidad mental del Ehrenberg-Bass Institute, popularizada por Byron Sharp: una marca no compite por preferencia declarada, compite por ser la que viene a la cabeza en el punto de entrada a la categoría. En Ritmo, esos puntos son bastante concretos y estacionales: el 2 de enero, la primera semana de septiembre, la revisión médica con el colesterol alto y el mes anterior a una boda.
De esa literatura sale la generalización empírica más útil y más ignorada: la ley del doble riesgo. Las marcas pequeñas sufren dos veces, tienen menos compradores y esos compradores compran menos a menudo. La consecuencia es que casi todas las categorías crecen por penetración (más gente comprando de vez en cuando) mucho más que por fidelización de los que ya son fieles. Y una parte enorme de las ventas la aportan compradores ligeros, no los fans. Para Ritmo, eso empuja hacia una conclusión contraintuitiva: gastar todo el presupuesto en cuidar a los 300 socios que van cuatro veces por semana es cómodo, se agradece y no hace crecer el negocio.
Matiz honesto: las leyes del Ehrenberg-Bass están medidas sobre todo en bienes de consumo de compra frecuente, con datos de paneles muy grandes, y ahí son de las regularidades más sólidas del marketing. Su traslado a servicios por suscripción y a mercados locales está mucho menos contrastado. Un gimnasio de barrio tiene un mercado geográficamente limitado, y ahí la retención pesa más que en el dentífrico. Úsalo como corrección al sesgo hacia la fidelización, no como ley física.
El precio no se juzga solo: efectos de contexto
Del módulo anterior sabemos que la valoración se hace sobre un punto de referencia. En precio eso significa que el mismo número vale distinto según con qué esté al lado, y de ahí sale toda la ingeniería del surtido.
El efecto señuelo
Añadir a un conjunto de dos opciones una tercera que está asimétricamente dominada —peor que una de las dos en todo, y no claramente peor que la otra— aumenta la cuota de la opción que la domina. Lo describieron Huber, Payne y Puto (1982). Es lo que hace la tarifa "Solo clases 37,90 €" de Ritmo: es peor que "Sala + clases 39,90 €" en prestaciones y solo 2 € más barata, así que hace que la del medio parezca un regalo. El caso más citado es el de las suscripciones de The Economist que popularizó Dan Ariely.
La aversión a los extremos
Simonson y Tversky describieron que, ante tres opciones ordenadas, la del medio gana cuota simplemente por estar en el medio: elegir la más barata expone a "he sido tacaño" y la más cara a "me han visto venir". Por eso los menús y las tarifas de software vienen casi siempre en tríos, y por eso añadir un plan caro que casi nadie compra sube el ticket medio: no vende, reencuadra.
Los precios terminados en 9
El efecto del dígito izquierdo: 39,90 € se codifica mentalmente más cerca de "treinta y algo" que de 40. Aquí hay evidencia de campo buena, que es rara en este terreno: Anderson y Simester (2003) hicieron experimentos con catálogos reales enviando versiones idénticas con precios distintos y encontraron que terminar en 9 aumentaba las ventas de forma apreciable. Incluso frente a precios más bajos que no terminaban en 9. También encontraron el límite: el efecto es propio de categorías donde el 9 señala "oferta", y en productos de posicionamiento premium juega en contra.
Matiz honesto y necesario: el efecto señuelo es de los favoritos de la divulgación y de los más frágiles de la literatura. Frederick, Lee y Baskin (2014) y Yang y Lynn (2014) intentaron reproducirlo con productos reales, atributos naturalistas y sujetos que se juegan algo, y en gran medida desapareció. Yang y Lynn revisaron 91 intentos de producirlo, sobre 23 categorías de producto, y solo 11 dieron un efecto fiable: menos de los que cabría esperar por la potencia estadística de los propios estudios. Parece depender de que los atributos sean numéricos, comparables y presentados en una tabla limpia, es decir, de condiciones de laboratorio o de una página de precios de software, que es donde efectivamente se ve. Si Ritmo mantiene la tarifa señuelo, que sea porque lo ha medido en sus nueve centros, no porque lo diga un libro.
Simulador: tres tarifas y el efecto del señuelo
Arranca con las tarifas reales de Ritmo: Sala 29,90 €, Sala + clases 39,90 € y el señuelo Solo clases 37,90 €. Pon la fuerza de dominancia a cero para ver el reparto sin efecto señuelo, y vuelve a subirla: son unos cinco puntos de cuota, que es el orden de magnitud honesto. Ahora baja el precio del señuelo a 30 €: deja de estar dominado, empieza a competir y se lleva por delante a la opción que debía proteger. Y luego sube la sensibilidad al precio hasta ver a la tarifa barata comerse el reparto.
Modelo juguete, con avisos. Es un logit multinomial —cuota proporcional a e elevado a la utilidad— con la utilidad definida como valor percibido menos precio por sensibilidad, más un término extra de dominancia que empuja hacia la opción que domina al señuelo. Ese término está puesto a mano: no sale de ningún dato de Ritmo, y ya has leído que el efecto señuelo replica mal fuera del laboratorio. Sirve para entender la lógica de por qué añadir una opción que nadie compra cambia el reparto, y para ver que un señuelo mal calibrado se convierte en competidor. No sirve para fijar tarifas: eso se hace con un experimento en los centros. Y hay un límite que el modelo no recoge: subiendo el señuelo por encima de la tarifa completa el empujón crece —está más dominado—, pero un plan visiblemente absurdo en el escaparate tiene un coste de credibilidad que aquí no aparece por ninguna parte.
Intención, conducta y el socio que no viene
El agujero central de la psicología del consumidor es este: la intención predice la conducta mucho peor de lo que todo el mundo asume. Sheeran (2002) revisó los metaanálisis disponibles y encontró que las intenciones explican en torno al 28% de la varianza de la conducta; y, más importante, que un cambio grande de intención produce solo un cambio pequeño de conducta (una d mediana en torno a 0,36). Traducido a Ritmo: el socio que dice "voy a venir tres veces por semana" no está mintiendo. Está prediciendo mal.
Descuento temporal y sesgo del presente
Parte de la explicación es la forma de la curva con la que descontamos el futuro. La versión clásica es el descuento exponencial: si el futuro vale menos, vale consistentemente menos. Pero la evidencia apunta a un descuento hiperbólico: la caída es brutal en el corto plazo y suave después. Consecuencia matemática: las preferencias se invierten. En diciembre prefiero ir al gimnasio en enero a quedarme en el sofá en enero; en enero, a las siete de la tarde, prefiero el sofá. No he cambiado de opinión: he cambiado de distancia temporal.
Por eso el sector del gimnasio es el laboratorio natural del sesgo del presente: el coste es inmediato y físico (frío, esfuerzo, desplazamiento) y el beneficio, difuso y lejano. Ninguna cantidad de motivación resuelve una estructura de incentivos así; hay que cambiar la estructura, y eso es el módulo de Hábitos.
El dolor de pagar
Prelec y Loewenstein (1998) describieron que pagar tiene un coste hedónico propio, separado del dinero, y que ese coste depende de cuánto se ve el pago y cuánto se acopla al consumo. Pagar en efectivo duele más que con tarjeta; con tarjeta más que con el móvil; y un pago único desacoplado del uso, como la cuota mensual, casi no duele. De ahí que los todo incluido se disfruten más: no es que salga barato, es que el consumo va sin factura al lado. Y de ahí, también, que un socio de Ritmo que paga 39,90 € el día 1 no piense en el precio ninguna de las veces que entra al centro. Hasta que ve el cargo y no recuerda haber ido.
Junta las tres piezas y tienes el retrato completo del negocio: un cliente que sobreestima su asistencia futura, que descuenta el esfuerzo de forma hiperbólica y que no siente el pago mientras no consume. Sale un socio que paga, no viene y se acaba yendo enfadado consigo mismo. Que Ritmo intervenga sobre eso no es filantropía: es lo que separa 22 meses de permanencia de 14.
Arquitectura de la elección: qué funciona y cuánto
Si la conducta depende tanto del contexto, el contexto se puede diseñar. Es la idea de arquitectura de la elección de Thaler y Sunstein: cambiar cómo se presentan las opciones, sin prohibir ninguna ni cambiar incentivos económicos relevantes.
La palanca con más evidencia es la opción por defecto. Johnson y Goldstein (2003) compararon las tasas de donación de órganos entre países europeos con sistema de consentimiento expreso y de consentimiento presunto: la diferencia era enorme, y no se explicaba por cultura ni por actitudes declaradas, sino por qué pasaba si no hacías nada. Lo mismo pasa con los planes de pensiones con inscripción automática. El defecto funciona porque suma tres cosas: inercia, coste cognitivo de decidir, y una señal implícita de qué es lo recomendable.
El resto del catálogo se resume razonablemente en el marco EAST del equipo británico de Behavioural Insights: hazlo fácil (quita fricción, usa defectos), atractivo (que se vea, personalízalo), social (di lo que hace la mayoría) y oportuno (interviene en el momento en que la decisión está viva).
Y ahora la parte que no sale en los libros de aeropuerto
El tamaño real de estos efectos está bastante por debajo de su fama, y hay dos datos que conviene saberse. Primero: DellaVigna y Linos (2022) analizaron todos los ensayos aleatorizados realizados por las dos grandes unidades de nudges de la administración estadounidense — 126 ensayos, 23 millones de personas — y encontraron un efecto medio de 1,4 puntos porcentuales sobre una base del 17,4%, mientras que los estudios académicos publicados sobre intervenciones equivalentes reportaban 8,7 puntos: unas seis veces más. La diferencia era casi toda sesgo de publicación y tamaño de muestra. Segundo: Maier y colegas (2022) reanalizaron el gran metaanálisis de nudges de Mertens y colegas —más de 200 estudios— corrigiendo por sesgo de publicación, y no quedó evidencia de que los nudges funcionen: encontraron sesgo de publicación fuerte en todos los subdominios salvo el de alimentación, y tras corregirlo la evidencia iba en contra del efecto en la mayoría de dominios y quedaba no concluyente en el de alimentación. Conviene decir qué no demuestra eso: que la literatura publicada no permite sostener el tamaño de efecto que se le atribuye, no que ninguna intervención concreta funcione.
La lectura útil, no la cínica: los empujones son reales pero pequeños, y pequeños está muy bien cuando son casi gratis y se aplican a mucha gente. Cambiar la opción por defecto de la renovación de Ritmo cuesta cero y mueve un punto; contratar una consultora de "economía conductual" por 30.000 € para que mueva ese punto, no. La regla es la misma que en Método: exige el rigor en proporción a lo que cuesta equivocarse, y desconfía de cualquier efecto conductual anunciado en dos dígitos.
✍️ Ejercicios resueltos
Ejercicio 1. Subir la cuota sin perder socios. Nuria necesita 60.000 € más al año y se plantea subir la cuota de 39,90 €. Tiene 3.600 socios, margen de contribución de 27,90 € por socio y mes, y un CAC de 62 €. Calcula la subida necesaria, decide si conviene hacerla por debajo del umbral de percepción o por encima explicándola, y estima cuántas bajas adicionales la harían inútil.
Ver solución paso a paso
Paso 1. Cuánto hay que subir. 60.000 € al año entre 12 meses son 5.000 € al mes; entre 3.600 socios, 1,39 € por socio. La cuota pasaría de 39,90 a 41,29 €, redondeando a 41,50 € para no dejar céntimos raros. Es una subida del 3,5%.
Paso 2: ¿Se nota? Está justo por debajo del 5% que se maneja como umbral diferencial aproximado en precio. Es decir: la mayoría de socios no la percibirá como subida, la registrará como "la cuota, que es cuarenta y pico". Además cruza el umbral psicológico de los 40 €, y ahí el efecto del dígito izquierdo juega en contra: 41,50 se codifica como "cuarenta y algo" y 39,90 como "treinta y algo". Si se quiere aprovechar el umbral, 39,90 → 41,50 es peor que 37,90 → 39,90, y esa asimetría vale dinero.
Paso 3: La alternativa de subir por encima y explicarlo. Subir a 44,90 € (+12,5%) daría 3.600 × 5 × 12 = 216.000 € al año, tres veces y media el objetivo. Es perfectamente visible, así que hay que acompañarla de algo que cambie el punto de referencia: máquinas nuevas, ampliación de horario, más clases. La ventaja no es solo el dinero: una subida explicada con contrapartida se lee como mejora, mientras que una subida sigilosa descubierta después se lee como engaño, y en un servicio con permanencia larga la confianza es el activo.
Paso 4. Cuántas bajas se lo comen. Con la subida a 41,50 €, el margen por socio pasa de 27,90 a 29,29 €. Si el precio provoca B bajas adicionales al mes, el margen mensual es (3.600 − B) × 29,29 frente a los 3.600 × 27,90 = 100.440 € de partida. Igualando: (3.600 − B) × 29,29 = 100.440 → 3.600 − B = 3.429 → B = 171 socios. O sea: la subida se anula si provoca 171 bajas adicionales, un 4,75% de la base. Como las bajas normales ya son 162 al mes, hablamos de duplicar la tasa de bajas, que con un 3,5% de subida es muy improbable.
Paso 5, Y el coste que casi nadie mete en la cuenta. Cada baja no cuesta solo el margen del mes: cuesta reponer al socio a 62 € de CAC y pierde la permanencia restante. Un socio de 22 meses de vida media que se va en el mes 8 se lleva 14 × 27,90 = 390 € de margen futuro. Por eso la sensibilidad al precio en servicios de suscripción hay que medirla en permanencia, no en bajas del mes siguiente: una subida puede no producir ninguna baja inmediata y aun así acortar la vida media, y eso solo se ve seis meses después.
La lección de gestión: el margen de maniobra en precio suele ser mayor de lo que teme la dirección, y la forma de la subida importa más que su tamaño. Pero la variable que hay que vigilar no es la baja del mes: es la curva de supervivencia.
Ejercicio 2. Un empujón para el socio que no viene. 1.620 socios de Ritmo (el 45%) no llegan a cuatro visitas al mes, y su tasa de baja es del 7,3% frente al 2,1% de los demás. Sergio propone un aviso automático a quien lleve 12 días sin venir. Estima el efecto esperado con lo que dice la evidencia de campo, calcula si compensa y di qué medirías.
Ver solución paso a paso
Paso 1. Fija una expectativa honesta ANTES de calcular. Este es el paso que casi siempre se salta. Un recordatorio automático es exactamente el tipo de intervención que DellaVigna y Linos midieron a gran escala: efecto medio de 1,4 puntos porcentuales sobre bases similares. Los estudios publicados dirían 8 o 10 puntos; ya sabemos por qué. Así que la hipótesis de trabajo razonable es: de los 1.620 socios de baja frecuencia, el aviso hará que entre un 1 y un 3% adicional cruce el umbral de las cuatro visitas. Tomemos el 2%: 32 socios.
Paso 2. El efecto sobre las bajas. Esos 32 socios pasan de una probabilidad de baja mensual del 7,3% al 2,1%: una reducción de 5,2 puntos. 32 × 0,052 = 1,66 bajas evitadas al mes. Parece ridículo, y es exactamente el orden de magnitud que hay que esperar. La honestidad aquí es el contenido: quien prometa que un recordatorio arregla la retención está vendiendo humo.
Paso 3, Y aun así, la cuenta sale. Cada baja evitada vale la permanencia restante: siendo conservadores, 12 meses × 27,90 € = 335 € de margen, más los 62 € de CAC que no hay que volver a pagar, unos 397 €. 1,66 × 397 = 660 € al mes, casi 7.900 € al año. El coste de un aviso automático por email o notificación es prácticamente cero una vez montado. Compensa con holgura, no porque el efecto sea grande sino porque el coste es cero. Esa es la lógica correcta de los empujones y es la que se malinterpreta constantemente.
Paso 4. Los riesgos que hay que anticipar. Dos, y ninguno es teórico. (a) El efecto bumerán de la norma descriptiva. Si el mensaje dice "la mayoría de nuestros socios viene tres veces por semana", al socio que ya viene cinco le estás informando de que puede venir menos sin dejar de ser normal. Eso es exactamente lo que Schultz y colegas (2007) documentaron con el consumo eléctrico: la norma descriptiva tira hacia arriba de los que están por debajo, pero también tira hacia abajo de los que están por encima. La corrección conocida es añadir una norma prescriptiva que apruebe explícitamente al que lo hace mejor que la media. (b) Recordar la existencia de la cuota. Un aviso que llega a alguien que llevaba dos meses sin pensar en Ritmo puede desencadenar la baja que estaba posponiendo. Esto no es una objeción menor: puede invertir el signo del experimento, y hay que medirlo, no suponerlo.
Paso 5: Cómo lo mediría. Aleatorización individual, no por centro: 1.620 socios divididos al azar en dos mitades de 810. Variable principal decidida de antemano: tasa de baja a 90 días (no la asistencia, que es solo el mecanismo). Con una base del 7,3% mensual, detectar una diferencia pequeña exige varios meses; conviene calcular la potencia antes, como en Método, y no mirar el resultado cada semana. Y una condición extra que vale oro: un tercer brazo con un mensaje distinto —oferta del bono en vez de recordatorio— para saber no solo si funciona, sino qué versión.
La lección de gestión: la pregunta útil no es "¿funcionan los nudges?", es "¿cuánto cuesta montarlo y a cuánta gente llega?". Con efectos de uno o dos puntos, el criterio de decisión es el coste marginal, no la significación estadística.
Quiz: Psicología del Consumidor
12 preguntas. Se supera con 70% o más.
Se cruza con
Este módulo se entiende mejor —o se vuelve otra cosa— junto a este otro. Cruzar dos disciplinas abre cosas que ninguna de las dos abre por su cuenta.
- Comportamiento del Consumidor · Máster de MarketingEl mismo comprador visto desde los dos lados: aquí los mecanismos de atención, memoria y contexto de precio; allí lo que se hace con ellos en una campaña.