Juicio y Toma de Decisiones
Bases

Juicio y Toma de Decisiones

Heurísticas, sesgos y teoría prospectiva: por qué la gente se equivoca de forma tan ordenada que se puede predecir.

Tres mil socios que no van, y siguen pagando

El dato más raro de Ritmo es este: al inscribirse, el socio medio dice que vendrá tres veces por semana. La media real es 1,2. Y aun así, los socios que casi no van tardan meses en darse de baja, no porque el trámite sea difícil, sino porque darse de baja significa admitir que no vas a ir, y eso duele más que los 39,90 €.

Un modelo económico clásico no explica ni la mitad de eso. Una persona que valorase correctamente su probabilidad de ir elegiría el bono de diez sesiones (55 €, 5,50 € la sesión) en vez de la cuota mensual: yendo 5 veces al mes paga 8 € por sesión. Sistemáticamente elige la cuota. DellaVigna y Malmendier (2006) documentaron exactamente esto con datos reales de tres gimnasios estadounidenses: los socios con cuota mensual pagaban en promedio bastante más de lo que les habría costado el pase por sesión, y demoraban las bajas mucho más de lo razonable.

No es que la gente sea tonta. Es que decide con un sistema que tiene sesgos específicos, medibles y repetibles: sobreestima su yo futuro, pondera raro las probabilidades, siente las pérdidas más que las ganancias del mismo tamaño y se ancla a cualquier número que tenga cerca. Este módulo es el catálogo de esos mecanismos. Con la advertencia, ya sabida, de cuáles replicaron bien y cuáles no.

📋 Guía docente del módulo

Objetivos

  • Comprender el programa de heurísticas y sesgos de Tversky y Kahneman y su relación con la racionalidad limitada de Simon.
  • Manejar la distinción entre procesamiento tipo 1 y tipo 2 conociendo sus limitaciones como modelo.
  • Formalizar la teoría prospectiva: punto de referencia, función de valor, aversión a la pérdida y ponderación de probabilidades.
  • Identificar en decisiones empresariales reales el efecto de marco, el coste hundido, el anclaje y el exceso de confianza.
  • Diseñar salvaguardas de proceso (premortem, clases de referencia, listas de comprobación) que mitiguen sesgos concretos.

Resultados de aprendizaje

  • RA1. Distinguir cuándo un juicio erróneo procede de disponibilidad, de representatividad o de anclaje, justificándolo con la estructura del problema.
  • RA2. Calcular el valor esperado y el valor prospectivo de una apuesta y explicar por qué difieren.
  • RA3. Reencuadrar una misma decisión en términos de ganancias y de pérdidas y anticipar el cambio de preferencia por riesgo.
  • RA4. Detectar la falacia del coste hundido en un caso de empresa y formular la pregunta que la neutraliza.
  • RA5. Aplicar la previsión por clase de referencia a una estimación de plazo o coste y comparar el resultado con la estimación interna.

Bibliografía de referencia

  • Kahneman, D.: Pensar rápido, pensar despacio, Debate, 2011. La síntesis del autor; con la advertencia, hecha por él mismo, de que el capítulo sobre priming no ha resistido la replicación.
  • Kahneman, D. y Tversky, A.: "Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk", Econometrica, 1979. El artículo formal; uno de los más citados de las ciencias sociales.
  • Tversky, A. y Kahneman, D.: "Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases", Science, 1974. Disponibilidad, representatividad y anclaje.
  • Gigerenzer, G.: Decisiones instintivas (Gut Feelings), Ariel. La crítica más seria al programa de sesgos: las heurísticas como adaptaciones eficaces, no como defectos.
  • Kahneman, D., Sibony, O. y Sunstein, C.: Ruido, Debate, 2021. La variabilidad no sistemática del juicio, que suele costar más que el sesgo.

Carga de trabajo estimada

ActividadHoras
Lectura y estudio del material6
Experimentación con el simulador2
Ejercicios (resueltos y por cuenta propia)4
Evaluación (quiz de módulo y repaso)2
Total14

Racionalidad limitada: el punto de partida

El modelo del homo economicus supone que decides evaluando todas las alternativas, con probabilidades correctas, para maximizar tu utilidad. Herbert Simon —Nobel de Economía en 1978— señaló que ningún ser humano puede hacer eso: la información es incompleta, la capacidad de cómputo limitada y el tiempo escaso. Su alternativa fue la racionalidad limitada y el satisfacer (satisficing): no buscamos la mejor opción, buscamos la primera que supera un umbral aceptable. Nuria no evaluó cincuenta locales antes de abrir en Benimaclet; miró cuatro, el tercero cumplía, firmó.

Sobre esa base, Tversky y Kahneman construyeron en los setenta el programa de heurísticas y sesgos: los atajos que usamos funcionan razonablemente bien en general y fallan de formas sistemáticas y predecibles en circunstancias identificables. Esa palabra, sistemáticas, es la clave: si los errores fueran aleatorios se cancelarían en promedio; al ser sesgos, se acumulan en la misma dirección y son explotables. Por eso hay una industria entera construida encima.

Los dos modos de procesar

La forma habitual de contarlo, popularizada por Kahneman a partir del trabajo de Stanovich y West, son dos modos: el tipo 1 (rápido, automático, sin esfuerzo, siempre encendido: reconocer una cara, 2+2, esquivar un bordillo) y el tipo 2 (lento, deliberado, costoso, secuencial: 17×24, comparar dos contratos de alquiler). El tipo 2 es perezoso: acepta lo que le sirve el tipo 1 salvo que algo lo alerte.

Matiz importante y poco contado. "Sistema 1" y "Sistema 2" no son dos lugares del cerebro ni dos entidades: son una etiqueta didáctica para un continuo de procesos que se distinguen por cuánta memoria de trabajo consumen. El propio Kahneman lo escribió así. Además, la teoría de procesos duales ha recibido críticas serias (Keren y Schul, Melnikoff y Bargh) por tratar como paquete cerrado unas propiedades — rápido, automático, inconsciente, emocional — que en realidad se disocian. Úsalo como vocabulario, no como neurociencia.

Las tres heurísticas clásicas, con Ritmo delante

Disponibilidad: lo que te viene a la cabeza

Juzgas la frecuencia de algo por la facilidad con que recuerdas ejemplos. En Ritmo: dos socios se quejaron por escrito de que las duchas estaban frías, y Sergio se pasó tres reuniones hablando de calderas. En la encuesta trimestral, las duchas eran la séptima preocupación, muy por detrás de la espera en las máquinas. Lo que llega a la dirección está sesgado hacia lo que la gente se molesta en escribir, y lo que la dirección recuerda está sesgado hacia lo que llegó con más ruido. Es el mismo mecanismo por el que se sobreestima la probabilidad de un accidente de avión y se subestima la de un infarto: uno sale en las noticias, el otro no.

Representatividad: el parecido en vez de la base

Juzgas la probabilidad de que algo pertenezca a una categoría por cuánto se le parece, ignorando la tasa base. El experimento canónico es Linda: descrita como filósofa, comprometida con la justicia social y activa contra la discriminación, la mayoría de sujetos considera más probable que sea "cajera de banco y feminista" que simplemente "cajera de banco". Es imposible: la intersección nunca puede ser más probable que uno de sus conjuntos. Se llama falacia de la conjunción, y no desaparece explicándola.

En Ritmo: llega un candidato a monitor que fue jugador semiprofesional de baloncesto, habla estupendo y encaja con la imagen mental de "monitor excelente". Se contrata sin más pruebas. El módulo de Diferencias Individuales enseña que ese parecido predice mucho menos que una prueba de trabajo aburrida, y que la tasa base —qué porcentaje de candidatos con ese perfil funciona— es un dato que nadie mira.

Anclaje y ajuste: el número que estaba ahí

Un número presente antes de estimar arrastra la estimación hacia él, aunque sea irrelevante y aunque lo sepas. Tversky y Kahneman hicieron girar una ruleta trucada delante de los sujetos antes de preguntarles qué porcentaje de países africanos hay en la ONU: los que vieron un número alto estimaron mucho más alto. Northcraft y Neale (1987) lo repitieron con tasadores inmobiliarios profesionales, dándoles el mismo dossier con distinto precio de salida: las tasaciones se movieron con el ancla y los tasadores negaron haberse dejado influir.

El anclaje es, junto con el efecto de marco, uno de los efectos que mejor replicó en los proyectos Many Labs. De los pocos de esta literatura que se puede afirmar con tranquilidad. En Ritmo aparece cada vez que se pone la tarifa premium de 79 € al lado de la de 39,90 €: la segunda deja de compararse con el gimnasio de enfrente y pasa a compararse con la primera.

La crítica de Gigerenzer, que conviene tener presente: llamar "sesgo" a una heurística supone que existe una respuesta normativamente correcta y que el atajo se desvía de ella. En muchos entornos reales, con información escasa y tiempo limitado, la heurística simple predice mejor que el modelo complejo, porque no sobreajusta el ruido. Las heurísticas no son defectos de fábrica: son atajos que funcionan en el entorno para el que se calibraron y fallan cuando lo cambias. La versión honesta del módulo es esa, no "los humanos somos irracionales".

Teoría prospectiva: el modelo formal

En 1979, Kahneman y Tversky publicaron en Econometrica una alternativa descriptiva a la teoría de la utilidad esperada. Es el corazón formal de este módulo y tiene tres piezas.

1. Se valora el cambio, no el estado

La utilidad clásica se define sobre la riqueza total. La teoría prospectiva se define sobre ganancias y pérdidas respecto de un punto de referencia. Un socio de Ritmo al que suben la cuota de 39,90 a 44,90 € no piensa "pago 44,90 por este servicio"; piensa "me han subido 5 €". El mismo precio se vive de forma radicalmente distinta según de dónde vengas, y por eso el punto de referencia es una variable de gestión: quien lo fija, gana.

2. Las pérdidas pesan más que las ganancias

La función de valor es más pronunciada en el lado de las pérdidas. Perder 50 € duele más de lo que alegra ganarlos. El coeficiente que se estima habitualmente ronda λ ≈ 2. Las pérdidas pesan alrededor del doble. De ahí sale el efecto dotación: en el experimento de las tazas de Kahneman, Knetsch y Thaler, quien recibía una taza pedía por venderla aproximadamente el doble de lo que otros estaban dispuestos a pagar por ella.

3. La función es cóncava en ganancias y convexa en pérdidas

Eso produce el resultado más útil de toda la teoría: somos aversos al riesgo cuando decidimos sobre ganancias y buscadores de riesgo cuando decidimos sobre pérdidas. Ante ganar 500 € seguros o 50% de ganar 1.000, la mayoría coge lo seguro. Ante perder 500 seguros o 50% de perder 1.000, la mayoría se juega el doble o nada. Es el mismo valor esperado en los cuatro casos. Y explica una conducta directiva muy común: quien va perdiendo dobla la apuesta.

4. Y las probabilidades no se usan tal cual

Existe una función de ponderación que sobrepondera las probabilidades pequeñas e infrapondera las medias y altas. Por eso convive comprar lotería (sobreponderar el 0,0000001%) con contratar un seguro (sobreponderar un riesgo pequeño), dos conductas que la teoría clásica no puede explicar a la vez en la misma persona.

Efecto de marco: la consecuencia práctica

Si el punto de referencia manda, entonces cómo describes una opción cambia la elección sin cambiar la opción. El experimento de la "enfermedad asiática" (Tversky y Kahneman, 1981) planteaba un brote con 600 muertes esperadas: presentado como "se salvan 200 seguro" frente a "un tercio de probabilidad de salvar a los 600", la mayoría elige lo seguro; presentado como "mueren 400 seguro" frente a "un tercio de probabilidad de que no muera nadie", la mayoría se arriesga. Son exactamente los mismos números.

En Ritmo, ese hallazgo tiene una traducción directa: "ahórrate 60 € pagando el año por adelantado" y "te cobramos 60 € de recargo si pagas mes a mes" describen la misma tarifa y no rinden lo mismo. También marca una frontera ética: encuadrar es inevitable —toda descripción es un encuadre—, pero encuadrar para que alguien elija lo que no elegiría con la información ordenada delante ya no es comunicación. Volveremos sobre esa línea en Persuasión e Influencia.

Matiz honesto: la aversión a la pérdida es de los efectos más citados y también uno de los más discutidos hoy. Gal y Rucker (2018) argumentaron que buena parte de la evidencia clásica es compatible con la inercia (preferencia por no cambiar) más que con que las pérdidas duelan el doble, y que λ ≈ 2 no es una constante universal sino un valor que depende del dominio y del tamaño de lo apostado. La réplica llegó de Mrkva y colegas (2020), que sostienen que la aversión a la pérdida tiene moduladores conocidos —sobre todo el tamaño de lo que se arriesga— pero no ha muerto. Dónde queda el asunto: lo que aguanta es la asimetría y su dirección cuando lo apostado es apreciable; el número exacto y su universalidad, mucho menos.

Simulador: la función de valor prospectiva

La curva empieza con los parámetros que suelen estimarse en la literatura (α = 0,88, λ = 2,25) sobre una decisión real de Ritmo: renovar la sala de máquinas de Patraix, que puede salir bien (+18.000 €) o mal (−12.000 €) al cincuenta por ciento. Sube λ y verás cómo una apuesta con valor esperado positivo se vuelve inaceptable. Baja el punto de referencia y observa cómo la misma apuesta cambia de signo sin que cambien los euros.

Valor esperado (euros)-
Valor prospectivo-
¿Se acepta la apuesta?-
Ganancia mínima para aceptar-

Modelo juguete, con avisos. Usa la forma funcional habitual v(x) = x^α para ganancias y −λ·(−x)^α para pérdidas, y aplica las probabilidades tal cual, sin la función de ponderación, para que se vea aislado el efecto de λ. Los parámetros estimados en la literatura varían mucho entre estudios y dominios; tómalos como orden de magnitud, no como constantes físicas. Lo que sí es robusto y se ve aquí: una apuesta con valor esperado claramente positivo puede ser racionalmente rechazada por alguien con aversión a la pérdida normal, y mover el punto de referencia cambia la decisión sin tocar un euro.

Coste hundido, exceso de confianza y ruido

El coste hundido: pagar por no admitir

Ritmo lleva 26.000 € gastados en una app propia que no funciona. Terminarla costaría 14.000 € más; una solución de terceros cuesta 9.000 € y está lista. La decisión correcta es evidente y casi nadie la toma, porque abandonar hace visibles los 26.000 € como pérdida. Se llama falacia del coste hundido o escalada del compromiso (Staw, 1976), y la teoría prospectiva la explica: quien está en el dominio de las pérdidas busca riesgo, y terminar la app es la opción arriesgada que ofrece la posibilidad de no perder nada.

La pregunta que la desactiva es una sola: "si empezara hoy desde cero, y ese dinero no existiera, ¿qué elegiría?". Los 26.000 € no vuelven con ninguna de las dos decisiones; por tanto no deben entrar en ninguna de las dos. Y ojo: quien decidió gastarlos suele ser quien decide ahora, así que el sesgo es a la vez cognitivo y de reputación.

Exceso de confianza y la falacia de la planificación

Es probablemente el sesgo más caro en gestión, y tiene tres caras: sobreestimación del propio desempeño, sobrecolocación ("estoy por encima de la media", que declara el 80% de los conductores) y sobreprecisión, la peor: intervalos de confianza demasiado estrechos. Cuando se pide a directivos un rango en el que estén "seguros al 90%", el valor real cae fuera muchísimo más del 10% de las veces.

Su manifestación cotidiana es la falacia de la planificación: las estimaciones de plazo y coste son sistemáticamente optimistas porque se hacen desde dentro del proyecto, imaginando cómo irá, en vez de desde fuera, mirando cómo fueron los proyectos parecidos. El antídoto de Kahneman es la previsión por clase de referencia: en vez de estimar cuánto tardará esta obra, buscar las últimas veinte obras parecidas y partir de su distribución real de plazos. En Ritmo, la reforma del centro de Benimaclet se estimó en 6 semanas; las tres reformas anteriores habían tardado 9, 11 y 10.

Y el que casi nadie mide: el ruido

Kahneman, Sibony y Sunstein (2021) señalaron que junto al sesgo —error en una dirección constante— existe el ruido: variabilidad no deseada entre juicios que deberían coincidir. Dos encargados de Ritmo evalúan al mismo monitor y le ponen 6 y 9. El mismo encargado le pone notas distintas un lunes y un viernes. En muchas organizaciones el ruido cuesta más que el sesgo y es invisible, porque los errores en direcciones opuestas parecen cancelarse en el promedio y no se cancelan en las decisiones individuales.

Qué funciona de verdad para reducir esto. No "ser consciente de los sesgos": la investigación sobre debiasing por formación es decepcionante, y conocer un sesgo casi nunca inmuniza contra él. Lo que funciona son cambios de proceso: el premortem de Gary Klein (reunirse antes de decidir e imaginar que ya han pasado dos años y ha salido mal, escribiendo por qué), la previsión por clase de referencia, las escalas y criterios definidos antes de ver los casos, y hacer que la gente juzgue por separado antes de reunirse, para que no se contaminen. Todos son estructurales, no de fuerza de voluntad.

✍️ Ejercicios resueltos

Ejercicio 1. La máquina de Benimaclet. Nuria puede renovar la sala de máquinas de un centro: con probabilidad 0,5 el centro gana 18.000 € de margen extra el primer año y con probabilidad 0,5 pierde 12.000 €. Calcula el valor esperado; después el valor prospectivo con α = 0,88 y λ = 2,25; explica por qué Nuria dice que no; y propón un cambio de diseño de la decisión que la haga aceptable sin cambiar la apuesta.

Ver solución paso a paso

Paso 1: Valor esperado. VE = 0,5 × 18.000 + 0,5 × (−12.000) = 9.000 − 6.000 = +3.000 €. Un decisor de utilidad esperada neutral al riesgo acepta sin dudar.

Paso 2: Valor prospectivo. Ganancia: 18.000^0,88. Como ln(18.000) ≈ 9,798, 0,88 × 9,798 = 8,622, y e^8,622 ≈ 5.560. Pérdida: 12.000^0,88 → ln(12.000) ≈ 9,393, × 0,88 = 8,266, e^8,266 ≈ 3.890, que multiplicado por λ = 2,25 da 8.753 unidades de dolor.

Paso 3: El resultado. VP = 0,5 × 5.560 − 0,5 × 8.753 = 2.780 − 4.377 = −1.597. Negativo. Nuria rechaza una apuesta con valor esperado de +3.000 €, y no está siendo irracional: está aplicando una función de valor con aversión a la pérdida perfectamente típica.

Paso 4. ¿Cuánto tendría que ganar para aceptar? Buscamos G tal que 0,5 × G^0,88 = 4.377, o sea G^0,88 = 8.753. ln(8.753) ≈ 9,077; dividido por 0,88 = 10,315; e^10,315 ≈ 30.200 €. Necesita una ganancia potencial de unos 30.000 € frente a una pérdida de 12.000: una relación de 2,5 a 1, muy en línea con lo que se observa experimentalmente cuando se pregunta a la gente cuánto tiene que poder ganar para arriesgar cien euros.

Paso 5. El rediseño, que es lo interesante. La apuesta no cambia, pero se puede cambiar cómo se presenta y se agrega: (a) Agregar. Una sola apuesta de estas da miedo; las mismas nueve apuestas, una por centro, tienen un valor esperado de +27.000 € y una probabilidad de pérdida global bajísima. Samuelson lo formuló en 1963: rechazar una apuesta favorable pero aceptar cien iguales es coherente con la aversión a la pérdida y demuestra que la unidad de decisión importa. Decidir máquina a máquina garantiza rechazar todas. (b) Mover el punto de referencia. Si Nuria compara con "no hacer nada y ver cómo el centro pierde socios frente al gimnasio nuevo de la esquina", el statu quo deja de ser el cero y empieza a doler él también. (c) Reducir el lado malo. Negociar con el proveedor que se lleve las máquinas si a los seis meses no sube el uso convierte los −12.000 € en −4.000 €, y el valor prospectivo se vuelve positivo aunque el valor esperado baje. La gente paga con gusto valor esperado a cambio de recortar la cola izquierda.

La lección de gestión: cuando una inversión con buenos números se rechaza una y otra vez, el problema rara vez es el análisis financiero. Es que la decisión está troceada de una manera que maximiza el dolor de la pérdida. Cambiar la unidad de decisión y el punto de referencia suele valer más que otra hoja de cálculo.

Ejercicio 2. El bono que nadie compra. Ritmo ofrece cuota mensual de 39,90 € y bono de 10 sesiones por 55 €. El socio medio va 5,2 veces al mes. Calcula qué opción le conviene, explica con teoría prospectiva y con lo que se sabe de la conducta real de los gimnasios por qué elige la cuota, y valora si Ritmo debería empujar el bono.

Ver solución paso a paso

Paso 1: La aritmética fría. Con la cuota, 5,2 visitas cuestan 39,90 / 5,2 = 7,67 € por visita. Con el bono, cada sesión cuesta 5,50 €, así que 5,2 sesiones son 28,60 €. El socio medio se ahorraría 11,30 € al mes, unos 136 € al año, con el bono. El punto de indiferencia está en 39,90 / 5,50 = 7,25 visitas al mes: por debajo de eso conviene el bono, por encima la cuota. El socio medio, con 5,2, está claramente por debajo.

Paso 2. Por qué elige la cuota igualmente. Tres mecanismos, todos documentados. (a) Exceso de confianza sobre el yo futuro. Al inscribirse dice que vendrá 3 veces por semana, o sea 13 al mes: con esa creencia la cuota conviene, y mucho. Elige racionalmente a partir de una previsión equivocada. (b) Dolor de pagar. Prelec y Loewenstein describieron cómo el coste marginal visible en el momento del consumo reduce el disfrute; con bono, cada visita "cuesta" 5,50 € y eso desincentiva ir. La cuota plana desacopla el pago del consumo y la gente prefiere ese desacoplamiento aunque le salga más caro. (c) La cuota como compromiso. Algunos la eligen precisamente porque pagar cada mes les obliga a ir. Usan el gasto como dispositivo de autocontrol contra su propio descuento hiperbólico.

Paso 3, Y por qué tardan tanto en darse de baja. DellaVigna y Malmendier (2006) documentaron con datos reales que los socios de cuota mensual pagaban bastante más de lo que les habría costado el pase por sesión, y que la demora media en cancelar tras la última visita era de más de dos meses. Darse de baja es aceptar la pérdida de una identidad ("soy alguien que va al gimnasio"), y ya sabemos qué pasa cuando hay que realizar una pérdida: se pospone.

Paso 4. ¿Debería Ritmo empujar el bono? A corto plazo, no: un socio medio pasando de cuota a bono baja de 39,90 € a 28,60 €, y sobre 3.600 socios eso son 40.680 € menos al mes. A largo plazo, la respuesta no es tan obvia, y hay que decir por qué. Del módulo de Hábitos: quien no llega a cuatro visitas mensuales tiene una baja del 7,3% frente al 2,1%. Un socio fantasma no es un socio rentable, es un socio que se va a ir y que además va a irse hablando mal. El bono podría rescatar a parte de esos, y el punto medio razonable es una tarifa intermedia —ocho sesiones al mes por 29,90 €, por ejemplo— que capture al socio de baja frecuencia antes de que se dé de baja del todo, sin canibalizar al de alta frecuencia.

Paso 5, Y la parte incómoda. Hay que decirlo con claridad porque es la decisión ética del módulo: buena parte del margen de la industria del gimnasio proviene de gente que paga por no ir. Es un modelo de negocio que depende de un sesgo del cliente, y eso lo hace frágil por dos vías: cuando el socio se da cuenta, no solo se va, se va indignado; y la regulación de bajas automáticas y renovaciones tácitas se ha endurecido en toda Europa precisamente por esto. Una recomendación defendible es la contraria a la intuición: avisar al socio que lleva dos meses sin venir y ofrecerle el bono. Pierdes margen este trimestre y compras permanencia y reputación. Es una decisión de negocio, no un gesto moral, pero conviene tomarla sabiendo cuál es cuál.

Quiz. Juicio y Toma de Decisiones

12 preguntas. Se supera con 70% o más.

Se cruza con

Este módulo se entiende mejor —o se vuelve otra cosa— junto a este otro. Cruzar dos disciplinas abre cosas que ninguna de las dos abre por su cuenta.

  • Microeconomía · Máster de NegociosLa microeconomía supone que se elige lo que más conviene. Este módulo mide cuánto se aparta la gente de eso, y de forma tan ordenada que se puede prever.