Microeconomía
Cómo deciden las personas y las empresas cuando el dinero, el tiempo y el horno no dan para todo.
Todo el módulo, desde la panadería de Marta
Marta tiene una panadería en tu barrio. Cada mañana enciende el horno y decide cuántas barras hornea, a cuánto las vende y si le compensa abrir los domingos. No ha estudiado economía, pero cada una de esas decisiones es microeconomía: elegir con recursos que no alcanzan para todo.
Vamos a acompañarla durante todo el módulo con sus números reales sobre la mesa: le cuesta 120 € al día tener la panadería abierta (alquiler, horno encendido, su sueldo) y 0,35 € cada barra que hornea (harina, levadura, energía). Vende la barra a 1,20 € y despacha unas 300 al día. Con esos cinco números vas a entender la oferta, la demanda, la elasticidad, los costes y hasta por qué Ryanair te vende un vuelo a 9,99 €.
📋 Guía docente del módulo
Objetivos
- Comprender cómo el mecanismo de precios coordina las decisiones de consumidores y productores en distintos tipos de mercado.
- Manejar el instrumental básico del análisis microeconómico: curvas de oferta y demanda, elasticidades y excedentes.
- Analizar la decisión de producción de la empresa con la teoría de costes y la condición de maximización del beneficio.
- Identificar fallas de mercado e interacciones estratégicas simples mediante nociones de teoría de juegos.
Resultados de aprendizaje
- RA1. Calcular el precio y la cantidad de equilibrio a partir de funciones lineales de oferta y demanda, y predecir el efecto de un shock sobre ambos.
- RA2. Calcular e interpretar elasticidades (punto y arco) y aplicar la regla del ingreso total a decisiones de precios.
- RA3. Construir los costes total, medio y marginal a partir de una tabla y localizar el nivel de producción que maximiza el beneficio en competencia perfecta y en monopolio.
- RA4. Analizar la pérdida de eficiencia del monopolio y de las fallas de mercado clásicas, y evaluar las políticas correctivas típicas.
- RA5. Identificar el equilibrio de Nash en una matriz de pagos 2x2 y aplicarlo a la competencia entre pocas empresas.
Bibliografía de referencia
- Mankiw, N. G.: Principios de Economía, 7.ª edición, Cengage Learning — capítulos de oferta y demanda, elasticidad, costes de producción y estructuras de mercado.
- Varian, H. R.: Microeconomía intermedia. Un enfoque actual, 9.ª edición, Antoni Bosch — tratamiento formal de la conducta del consumidor y de la empresa.
- Pindyck, R. S. y Rubinfeld, D. L.: Microeconomía, 9.ª edición, Pearson — aplicaciones, poder de mercado y teoría de juegos.
Carga de trabajo estimada
| Actividad | Horas |
|---|---|
| Lectura y estudio del material | 6 |
| Experimentación con el simulador | 2 |
| Ejercicios (resueltos y por cuenta propia) | 4 |
| Evaluación (quiz de módulo y repaso) | 2 |
| Total | 14 |
Elegir siempre cuesta algo: el coste de oportunidad
Son las seis de la mañana y Marta tiene el horno libre durante una hora. Puede hornear 100 barras (le dejan 85 € de margen) o 40 bandejas de croissants (le dejan 110 €). Elija lo que elija, pierde lo otro: no hay dos hornos.
Ese "lo otro que dejas de hacer" es el coste de oportunidad, y es el coste que de verdad importa en economía. Si Marta hornea croissants, el coste real de esos croissants no son solo la harina y la mantequilla: son también los 85 € de pan que no hará. Como los croissants dejan 110 €, la decisión es correcta — gana 25 € más que con la alternativa.
El mismo razonamiento, en grande: cuando el aceite de oliva se encareció con fuerza en España durante 2023 y 2024 tras varias campañas de sequía, muchos hogares pasaron a comprar aceite de girasol. No es que dejara de gustarles el de oliva: es que su coste de oportunidad —lo que dejaban de comprar con ese dinero— se había vuelto demasiado alto.
Idea para llevarte: en economía "gratis" casi nunca existe. Una hora de horno, un domingo abierto o un máster tienen un precio en euros y otro, con frecuencia mayor, en oportunidades que descartas.
Oferta y demanda: por qué el precio del pan no lo decide Marta sola
Marta prueba a subir la barra de 1,20 € a 1,60 €. Al cabo de dos semanas ha perdido clientes: algunos van a la panadería de enfrente, otros compran pan de molde en el súper y unos cuantos, simplemente, compran menos pan. Ha descubierto la demanda por las malas: cuando el precio sube, la cantidad que la gente quiere comprar baja. Por eso la curva de demanda desciende.
Ahora míralo desde el otro lado. Si el pan se pagara a 3 € la barra, a Marta le compensaría contratar a alguien, encender un segundo horno y hornear el doble; también le compensaría al súper de al lado meterse a hacer pan. Esa es la oferta: cuando el precio sube, las empresas quieren producir y vender más. Por eso la curva de oferta asciende.
El equilibrio es el precio en el que ambos deseos coinciden: lo que la gente quiere comprar es exactamente lo que las panaderías quieren vender. No es un precio "justo" ni moralmente mejor — es simplemente el único en el que nadie tiene motivos para cambiar de conducta. Por encima sobra pan (y alguien acabará bajando el precio); por debajo falta (y alguien lo subirá).
La confusión más habitual: moverse por la curva o mover la curva entera
Distinguir estas dos cosas es la mitad del módulo, y se ve mejor con dos noticias reales:
| Qué pasa | Qué ocurre en el gráfico | Ejemplo |
|---|---|---|
| Cambia el precio del propio bien | Te mueves por la curva: mismo mapa, otro punto | Marta sube el pan a 1,60 € y vende menos barras |
| Cambia cualquier otra cosa | Se desplaza toda la curva | Sube el precio de la harina: a cada precio posible, Marta quiere hornear menos → la oferta entera se corre a la izquierda |
Dos casos que viviste y que ilustran cada tipo de desplazamiento: en marzo de 2020 la demanda de mascarillas se disparó de un día para otro (no porque cambiara su precio, sino porque cambió el mundo) y el precio subió; en 2023, la sequía hundió la oferta de aceite de oliva y el precio también subió. Mismo resultado en el precio, causas opuestas: en el primer caso se vendieron más unidades; en el segundo, menos. Distinguir cuál de las dos curvas se ha movido es lo que te dice si un sector está en auge o en problemas.
Simulador: equilibrio de mercado
Ahora hazlo tú. Mueve el "shock de demanda" (positivo: sube la renta de la gente o el producto se pone de moda; negativo: aparece un sustituto mejor) y el "shock de oferta" (positivo: una tecnología abarata producir; negativo: se encarece un insumo clave, como la harina o el aceite) y observa qué le pasa al precio, a la cantidad y al excedente de cada lado. Prueba a reproducir los dos casos de arriba: las mascarillas de 2020 (shock de demanda positivo) y el aceite de 2023 (shock de oferta negativo). Fíjate en que el precio sube en ambos, pero la cantidad se mueve en sentidos contrarios.
Los dos "excedentes" son dinero real, no abstracciones. Si tú habrías pagado 1,80 € por la barra y la compras a 1,20 €, esos 0,60 € de diferencia son tu excedente como consumidor. Y si Marta habría aceptado venderla a 0,60 € y la cobra a 1,20 €, esos otros 0,60 € son el suyo. El área total es el valor que crea el hecho de que exista ese mercado.
Elasticidad: por qué Marta puede subir el pan y una marca de refrescos no
Marta sube la barra un 10% (de 1,20 € a 1,32 €) y sus ventas caen de 300 a 282 barras: un 6%. Hagamos la cuenta que decide si el cambio fue buena idea:
- Antes: 300 × 1,20 € = 360 € de ingresos.
- Después: 282 × 1,32 € = 372,24 € de ingresos. Gana 12 € más vendiendo menos pan.
Lo que Marta ha medido sin saberlo es la elasticidad precio de la demanda: cuánto se mueve la cantidad cuando el precio se mueve un 1%. E = %ΔQ / %ΔP = 6% / 10% = 0,6. Como es menor que 1, su demanda es inelástica: la gente reacciona poco, porque el pan es de primera necesidad, se compra por costumbre y la panadería está al lado de casa.
Prueba ahora a subir un 10% el precio de una marca concreta de refresco de cola en el supermercado. Las ventas no caen un 6%: se hunden, porque justo al lado hay otras cinco marcas casi idénticas. Ahí la demanda es elástica (E mayor que 1) y subir el precio destruye ingresos.
| Producto | Demanda | Por qué | Qué puede hacer quien lo vende |
|---|---|---|---|
| Gasolina, electricidad, tabaco | Muy inelástica | Casi sin sustitutos y difícil de posponer | Puede repercutir subidas de precio casi enteras (y por eso el Estado los grava) |
| El pan de Marta | Inelástica (0,6) | Necesidad, cercanía, costumbre | Cierto margen para subir precios sin perder ingresos |
| Una marca de refresco | Elástica | Cinco sustitutos en el mismo lineal | Competir por volumen, promociones, marca |
| Un vuelo Madrid-Barcelona en agosto | Depende de quién viaje | El turista puede cambiar de fecha; el ejecutivo no | Cobrar precios distintos a cada uno según el momento de compra |
La regla que usarás toda tu vida profesional: si tu demanda es inelástica, subir el precio sube tus ingresos; si es elástica, subir el precio los hunde y conviene competir por volumen. La pregunta práctica para saber en cuál estás no es teórica: ¿cuántos sustitutos tiene a mano tu cliente en el momento de comprar?
Matiz técnico que conviene conocer: cuando el cambio de precio es grande, la elasticidad calculada difiere según se mida desde el precio inicial o el final. Por eso se usa la elasticidad arco, que divide cada variación por el promedio de los dos valores (lo practicarás en el ejercicio 2). Con E = 1 exactamente — elasticidad unitaria — lo que ganas por precio lo pierdes en cantidad y el ingreso total no se mueve.
Costes: por qué Ryanair te vende un vuelo a 9,99 € sin arruinarse
Aquí está la pregunta que descoloca a todo el mundo: si un avión a Roma cuesta miles de euros por vuelo, ¿cómo puede Ryanair venderte un asiento a 9,99 € y no perder dinero? La respuesta está en distinguir tres costes que casi todo el mundo mezcla.
Volvamos a Marta, que es más fácil de ver. Sus costes fijos son 120 € al día: los paga aunque no venda una sola barra (alquiler, horno, su tiempo). Sus costes variables son 0,35 € por barra: solo existen si hornea. La suma es el coste total. De ahí salen los dos conceptos que de verdad deciden:
- Coste medio (CMe = CT / Q): lo que cuesta en promedio cada barra. Con 300 barras: (120 + 300 × 0,35) / 300 = 225 / 300 = 0,75 € por barra.
- Coste marginal (CMg): lo que cuesta la barra siguiente. Como el horno ya está encendido y ya está ahí de pie: 0,35 €. Nada más.
Y ahora vuelve el avión: cuando el vuelo ya está programado, la tripulación contratada y el combustible cargado, el coste de sentar a un pasajero más es de unos pocos euros (su parte de queroseno y poco más). Ese es el coste marginal. Mientras Ryanair te cobre por encima de eso, ese asiento —que si no volaría vacío— aporta dinero para cubrir el coste fijo del avión. Por eso los últimos asientos se malvenden y por eso el mismo vuelo tiene veinte precios distintos.
El error de gestión más caro y más común es fijar precios mirando el coste medio cuando la decisión es marginal, o al revés. Si Marta calculara que "cada barra me cuesta 0,75 €" y por eso rechazara un pedido especial de 100 barras a 0,60 €, se equivocaría: esas barras solo le cuestan 0,35 € cada una, así que el pedido le deja 25 € limpios. Pero si vendiera todo su pan a 0,60 €, quebraría, porque nunca cubriría los 120 € fijos.
Los costes de Marta, en una tabla
| Barras al día | Coste total | Coste marginal (por barra) | Coste medio (por barra) |
|---|---|---|---|
| 0 | 120 € | — | — |
| 100 | 155 € | 0,35 € | 1,55 € |
| 200 | 190 € | 0,35 € | 0,95 € |
| 300 | 225 € | 0,35 € | 0,75 € |
| 400 | 280 € | 0,55 € (horas extra) | 0,70 € |
| 500 | 360 € | 0,80 € (segundo turno) | 0,72 € |
Fíjate en dos cosas. Primero, el coste medio baja al principio (los 120 € fijos se reparten entre más barras: es la famosa "economía de escala") y vuelve a subir a partir de 400, cuando Marta necesita horas extra y un segundo turno. Tiene forma de U. Segundo, el coste marginal corta al medio justo en su mínimo (aquí, en torno a 400 barras), y eso no es casualidad: es la aritmética de cualquier promedio. Si la nota del próximo examen está por debajo de tu media, tu media baja; si está por encima, sube. Igual con los costes.
¿Cuánto conviene producir? La regla que vale para Marta y para Iberdrola
Marta se pregunta si le compensa hornear una hornada más. La respuesta es siempre la misma pregunta: ¿lo que me deja esa hornada supera lo que me cuesta? Formalizado: conviene producir una unidad más mientras el ingreso marginal (IMg) supere al coste marginal (CMg). El óptimo está donde IMg = CMg.
Lo que cambia de un negocio a otro es la pinta que tiene el ingreso marginal:
Si eres pequeño en un mercado grande (competencia perfecta): vendas lo que vendas, el precio de mercado no se mueve. Un agricultor que vende trigo no cambia la cotización mundial cosechando más. Entonces IMg = P, y la regla se simplifica a P = CMg: produce hasta que la última unidad te cueste lo que te pagan por ella.
Si eres el único vendedor (monopolio): para vender una unidad más tienes que bajar el precio a todos. Por eso tu ingreso marginal es menor que el precio, y el óptimo llega antes: produces menos y cobras más. Esa es la razón económica —no moral— por la que los monopolios se regulan.
Veámoslo con números. Un mercado con demanda P = 10 − Q y coste marginal constante de 2 (sin costes fijos):
- En competencia: P = CMg → 10 − Q = 2 → Q = 8 y P = 2. Se atiende a todo el que valore el producto en más de lo que cuesta producirlo.
- En monopolio: el ingreso marginal de una demanda lineal cae el doble de rápido: IMg = 10 − 2Q. Igualando a 2 → Q = 4 y P = 6. El monopolista gana (6 − 2) × 4 = 16, pero atiende a la mitad de gente.
Lo que se pierde por el camino. Entre la unidad 4 y la 8 hay clientes dispuestos a pagar más de lo que cuesta fabricar (entre 6 y 2 euros, frente a un coste de 2), y esas compras no llegan a ocurrir. Ese valor no se lo queda nadie: ni el cliente ni la empresa. Simplemente desaparece. Es la pérdida irrecuperable de eficiencia, y aquí vale ½ × (6 − 2) × (8 − 4) = 8. Que el monopolista gane 16 es una transferencia (dinero que pasa del cliente a la empresa); esos 8 no son de nadie. Por eso un monopolio es ineficiente aunque te dé igual quién se queda el dinero.
Las cuatro estructuras de mercado, con ejemplos que conoces
Dónde compites determina cuánto puedes decidir sobre tu precio:
| Estructura | Cómo es | Ejemplo reconocible | Poder sobre el precio |
|---|---|---|---|
| Competencia perfecta | Muchísimos vendedores, producto idéntico | Un agricultor vendiendo trigo o naranjas a granel | Ninguno: acepta el precio del mercado |
| Competencia monopolística | Muchos vendedores, producto algo diferenciado | La panadería de Marta, los bares de tu calle, las peluquerías | Pequeño: la cercanía y la calidad dan margen, pero poco |
| Oligopolio | Pocas empresas grandes, muy pendientes entre sí | Telefonía, gasolineras, aerolíneas, eléctricas | Alto, pero condicionado por lo que hagan las rivales |
| Monopolio | Un solo vendedor sin sustituto cercano | La red de agua de tu ciudad; una patente farmacéutica en vigor | Máximo: solo lo limita la regulación y la propia demanda |
Marta está en competencia monopolística y eso explica su vida entera: puede cobrar algo más que el súper porque su pan es mejor y está más cerca, pero si se pasa, el cliente cruza la calle. Ni es tomadora de precios como el agricultor ni puede fijarlo como una eléctrica.
Cuando el mercado se equivoca solo: las fallas de mercado
Todo lo anterior supone que el precio recoge bien lo que algo vale y lo que cuesta. A veces no lo hace, y el resultado es malo para todos aunque cada uno haya decidido bien. Tres casos clásicos, con ejemplos cotidianos:
1. Externalidades: alguien paga la fiesta de otro. Cuando cruzas Madrid en coche un día de atasco, el precio que pagas (gasolina y tiempo) no incluye el aire peor que respiran los demás ni el atasco que provocas a quien viene detrás. Ese coste existe, pero no aparece en ningún precio: es una externalidad negativa. También las hay positivas: si te vacunas, proteges de propina a quien no puede vacunarse, y ese beneficio no te lo paga nadie. Regla general: lo que genera externalidades negativas se produce de más, y lo que genera positivas, de menos.
2. Bienes públicos: nadie quiere pagar la farola. Del alumbrado de tu calle no se puede excluir a nadie, y que lo uses tú no le quita luz al vecino. Si se dejara a la iniciativa privada, todos esperaríamos a que lo pagara otro —el problema del free rider— y acabaríamos a oscuras. Por eso lo paga el ayuntamiento con impuestos: no es ideología, es que el mercado no puede proveerlo bien.
3. Información asimétrica: el coche de segunda mano. El vendedor sabe si el coche tiene un problema en la caja de cambios; tú no. Como no puedes distinguir los buenos de los malos, solo estás dispuesto a pagar un precio intermedio... con lo que quien tenga un coche realmente bueno no lo venderá a ese precio y se retirará del mercado. Al final quedan sobre todo los malos. George Akerlof ganó el Nobel por describir este mecanismo, y explica por qué existen las garantías, los informes de kilometraje y los concesionarios de confianza: son formas de vender información creíble, no chapa.
Qué se hace ante una externalidad negativa: cobrar por el daño para que quien lo causa se lo piense (un impuesto pigouviano, como los impuestos al carbono o los peajes urbanos), o poner un tope de emisiones y dejar que las empresas se repartan los permisos comprándolos y vendiéndolos, como hace el mercado europeo de derechos de emisión. Ronald Coase añadió una tercera vía: si los derechos están claros y negociar sale barato, los propios afectados pueden llegar a un acuerdo sin que intervenga el Estado — el teorema de Coase. Piensa en el vecino ruidoso: a veces la solución es una ordenanza y otras, ponerle tú la ventana insonorizada.
Ventaja comparativa: por qué a España le conviene comerciar con Alemania
Imagina que Alemania fabrica coches mejor y más barato que España, y que además podría producir aceite de oliva razonablemente bien. ¿Le conviene fabricarlo todo? No, y esta es una de las ideas más contraintuitivas y mejor comprobadas de la economía.
Lo que decide no es quién produce mejor en términos absolutos, sino a qué renuncia cada uno por producir algo. Cada hora que Alemania dedica al olivar es una hora que no dedica a fabricar coches, que es donde más valor genera: su coste de oportunidad del aceite es altísimo. Para España, en cambio, dedicar tierra y sol al olivar apenas le quita capacidad de fabricar coches. Así que cada país se especializa donde su coste de oportunidad es menor y luego intercambian, y ambos acaban con más aceite y más coches de los que tendrían por separado.
Esto es la ventaja comparativa, formulada por David Ricardo en 1817, y es la base de todo el comercio internacional. Funciona igual dentro de una empresa: aunque Marta sea más rápida que su empleada haciendo cuentas y horneando, le conviene dedicarse al horno y delegar la contabilidad, porque cada hora suya en la oficina le cuesta muchísimo pan.
Consecuencia incómoda pero importante: el proteccionismo generalizado reduce el bienestar total, aunque proteja a un sector concreto a corto plazo. Y consecuencia justa: los beneficios del comercio se reparten entre muchos consumidores y los perjuicios se concentran en pocos trabajadores, por eso las políticas de transición y recualificación importan tanto como el comercio en sí.
Teoría de juegos: las dos gasolineras de la rotonda
En una rotonda hay dos gasolineras, enfrente la una de la otra. Las dos ganarían más si ninguna bajara el precio. Pero cada mañana, cada una mira el cartel de la otra y piensa lo mismo: "si yo bajo un céntimo y ella no, me llevo casi todos los coches".
Cuando compiten pocas empresas, lo que te conviene depende de lo que haga la otra, y ahí ya no basta con mirar tu propia curva de costes. La herramienta es la matriz de pagos. Cada celda muestra el beneficio (el de A primero; el de B después):
| B mantiene precio | B baja precio | |
|---|---|---|
| A mantiene precio | (10 ; 10) | (2 ; 15) |
| A baja precio | (15 ; 2) | (5 ; 5) ← equilibrio de Nash |
Ponte en la piel de A. Si B mantiene el precio, a A le conviene bajar (gana 15 en vez de 10). Y si B baja, a A también le conviene bajar (5 en vez de 2). Baje lo que baje el rival, a A siempre le conviene bajar: eso es una estrategia dominante. Como B razona igual, ambas bajan y acaban en (5 ; 5).
Ese resultado es el equilibrio de Nash: nadie mejora cambiando de idea él solo. Y fíjate en lo incómodo del asunto — las dos estarían mejor en (10 ; 10), pero ese acuerdo no se sostiene, porque cada una gana traicionándolo. Es el dilema del prisionero, y explica de un plumazo por qué los cárteles se rompen solos, por qué las guerras de precios estallan en los sectores con pocos competidores y por qué las autoridades de competencia vigilan tanto a las telecos, las gasolineras y las aerolíneas.
Detalle que cambia el juego: si el juego se repite todos los días —y las gasolineras se ven las caras cada mañana— la cooperación puede sostenerse, porque traicionar hoy tiene castigo mañana. Por eso los mercados con pocos actores y mucha visibilidad de precios tienden a precios más altos sin necesidad de ningún acuerdo explícito.
✍️ Ejercicios resueltos
Ejercicio 1 — El punto muerto de Marta. Marta tiene 120 € de costes fijos al día y cada barra le cuesta 0,35 €. La vende a 1,20 €. ¿Cuántas barras necesita vender al día solo para no perder dinero? ¿Y cuánto gana vendiendo 300?
Ver solución paso a paso
Paso 1 — Cuánto deja cada barra. Margen de contribución = precio − coste variable = 1,20 − 0,35 = 0,85 € por barra. Cada barra vendida aporta esos 0,85 € a pagar el alquiler y el horno.
Paso 2 — Punto muerto. Hay que cubrir 120 € con aportaciones de 0,85 €: 120 / 0,85 = 141,2 → 142 barras al día. Por debajo de eso, Marta pierde dinero aunque venda pan todos los días.
Paso 3 — Beneficio con 300 barras. Ingresos: 300 × 1,20 = 360 €. Costes: 120 + 300 × 0,35 = 225 €. Beneficio: 135 € al día. Otra vía, más rápida: (300 − 142) × 0,85 ≈ 134 € (la diferencia es el redondeo de la barra 142).
Paso 4 — Lo que esto significa. Las primeras 142 barras del día no le dan de comer: pagan el local. Todo lo que venda a partir de ahí es casi todo beneficio. Por eso, en negocios con costes fijos altos —un hotel, un gimnasio, un avión—, llenar el último tramo de capacidad es desproporcionadamente rentable, y por eso existen las ofertas de última hora.
Ejercicio 2 — ¿Le conviene a Marta subir el pan a 1,50 €? A 1,20 € vende 300 barras. Estima que a 1,50 € vendería 240. Calcula la elasticidad arco, di si la demanda es elástica o inelástica en ese tramo y decide si le conviene la subida mirando el beneficio, no solo los ingresos.
Ver solución paso a paso
Paso 1 — Variaciones por el método del punto medio. Se divide cada cambio entre el promedio de los dos valores, para que el resultado no dependa de desde dónde se mire. Cantidad: (240 − 300) / 270 = −0,222 (−22,2%). Precio: (1,50 − 1,20) / 1,35 = +0,222 (+22,2%).
Paso 2 — Elasticidad arco. E = −22,2% / 22,2% = −1, es decir, elasticidad unitaria en ese tramo: la cantidad cae en la misma proporción en que sube el precio.
Paso 3 — Ingresos. Antes: 300 × 1,20 = 360 €. Después: 240 × 1,50 = 360 €. Exactamente los mismos ingresos, como anticipa la elasticidad unitaria.
Paso 4 — Pero el beneficio no es igual. Antes: 360 − (120 + 300 × 0,35) = 360 − 225 = 135 €. Después: 360 − (120 + 240 × 0,35) = 360 − 204 = 156 €. Marta gana 21 € más al día — unos 550 € al mes — facturando lo mismo, porque hornea 60 barras menos y se ahorra su coste variable.
Paso 5 — La lección. Mirar solo la facturación te habría dicho "da igual". Mirar el beneficio dice "sube el precio". Es el error más caro que se comete en pequeños negocios: optimizar ventas en vez de margen. Eso sí, el modelo supone que la estimación de 240 barras es buena y que no hay efectos a largo plazo — si los clientes perdidos no vuelven nunca, la cuenta de dentro de un año puede ser otra.
Quiz — Microeconomía
Se cruza con
Este módulo se entiende mejor —o se vuelve otra cosa— junto a este otro. Cruzar dos disciplinas abre cosas que ninguna de las dos abre por su cuenta.
- Pricing · Máster de MarketingPoner precio es elegir un punto de la curva de demanda: sin elasticidad, la decisión más rentable del negocio se toma a ojo.