Ponerse en el lugar del otro · Nivel 4 · Etapa acompañada

Adivinar qué
va a hacer

Nora ya sabe que el abuelo no ha visto que cambiabais las aceitunas de caja. Eso lo tiene. Lo que todavía no hace es juntarlo con lo otro: que al abuelo le gustan las aceitunas y a ella no. Predecir a alguien es sostener dos cosas suyas a la vez, lo que quiere y lo que cree, y ninguna de las dos es la tuya.

Esto no lo estudia tu hijo. Lo estudias tú. Aquí está qué ponerle delante, qué preguntarle y en qué fijarte. Lo que se comprueba es lo que responde él; el test del final te lo hacemos a ti. Y una cosa que hay que decir pronto: esto no es una prueba de nada. Es un juego con dos cajas y una tarde. Más abajo está por qué conviene tenerlo claro.

Predecir a alguien no es portarse bien con él

«Ponerse en el lugar del otro» significa dos cosas distintas en castellano y no llegan juntas. Una es saber qué está pensando. La otra es que te importe. La primera es una habilidad y se puede medir; la segunda no sale de una caja con aceitunas.

Conviene separarlas porque si no, cuando falla la primera, se corrige la segunda. Un niño que no acierta dónde va a buscar el abuelo no está siendo egoísta: está usando lo único que tiene, que es lo que él sabe.

Y llega por partes, en este orden:

  1. Mirar adonde señala otro. Que exista alguien ahí, con su propia mirada.
  2. El otro no sabe lo que yo sé. Aquí está la prueba clásica: cambias algo de sitio mientras el otro no mira, y el niño acierta que lo buscará donde estaba.
  3. El otro quiere otra cosa. Que a alguien le guste lo que a ti te da asco. Cuesta más de lo que parece.
  4. Juntar las dos. Con lo que él cree y lo que él quiere, ¿qué va a hacer? Esto es este nivel.

La mayoría de los críos pasa el tercer escalón antes que el cuarto, y hay una temporada en que aciertan uno de los dos según cuál le pongas delante. Eso no es un retroceso: es exactamente lo que hay que ver para saber dónde está.

Cómo saber dónde está ahora

Te hacen falta · dos cajas o dos tarteras · galletas y aceitunas · cinco minutos

Primero, la prueba fácil

  1. Con él delante, guarda las galletas en la caja roja. Que lo vea bien.
  2. Que salga alguien de la habitación. Vale un hermano, y si no, un muñeco: «el osito se ha ido a dormir».
  3. Delante de él, pasa las galletas a la caja azul.
  4. «Cuando vuelva, ¿dónde va a buscar las galletas?»

Si contesta «en la azul», para aquí: todavía está en el escalón anterior y hay que jugar mucho a esconder cosas. Si contesta «en la roja», sigue.

Y ahora la de este nivel

  1. Pon galletas en la caja roja y aceitunas en la azul. Que vea las dos.
  2. «Al abuelo las galletas no le gustan nada. Le encantan las aceitunas.» Que lo repita él.
  3. «Pero el abuelo no estaba cuando las guardamos, y él cree que las aceitunas están en la roja.»
  4. «¿Qué caja va a abrir el abuelo?»
  5. Y después, la que cuesta más: «¿por qué?»

La respuesta buena es la roja: el abuelo va donde él cree que están las aceitunas, aunque estén en la otra y aunque en la roja haya justo lo que no le gusta. Para llegar ahí hay que sostener dos cosas que no son tuyas al mismo tiempo.

Que sea el abuelo y no un niño de su clase está elegido a propósito. Con alguien parecido a él, el gusto se puede acertar sin usar la habilidad, y entonces no estás midiendo lo que crees.

Qué significa lo que ha respondido

Si hace estoEs que
Dice «la azul», donde están de verdad las aceitunasSigue contestando con lo que sabe él. Es el escalón anterior sin terminar, y toca jugar a esconder cosas antes que nada.
Dice «la roja» porque ahí están las galletas, que son lo buenoHa usado su propio gusto y no el del abuelo. Acierta la caja por el motivo equivocado, así que conviene preguntar siempre el porqué.
Acierta la caja y no sabe explicar por quéVa bien. Predecir llega antes que explicar, y la explicación aparece sola unos meses después.
Acierta con el abuelo y falla con un niño de su claseLo normal. Con alguien parecido supone que quiere lo mismo, y ahí es justo donde hay que practicar.
Contesta «porque es tonto» o «porque no se entera»Explica la conducta por cómo es la persona en vez de por lo que sabe. Es el mismo atajo que usan los adultos en una reunión.
Duda, mira las cajas y tarda en contestarMejor noticia que un acierto rápido. Está frenando su primera respuesta, que es de lo que va todo esto.
Lo borda en un cuento y falla con gente delanteMuy corriente. En un cuento se lo dan todo dicho; en la cocina hay que ir a buscar lo que el otro sabe.
Empieza a mentiros bienAcaba de demostrar esta habilidad entera. Es una buena noticia disfrazada de mala, y hablar de si mentir está bien es otra conversación distinta.

Qué hacer, en concreto

Nada de esto es una sesión. Son cinco minutos colados en lo que ya haces, y casi todo consiste en preguntar antes de que pase.

  • Antes de que entre alguien por la puerta. «La yaya no sabe que hemos cambiado el sofá. ¿Qué va a decir cuando entre?» Es la versión de casa, gratis y todos los días.
  • Parar el cuento o la película justo antes. «¿Qué va a hacer ahora? ¿Por qué?» Las historias infantiles funcionan casi todas con un malentendido, porque es el motor de la trama, así que el material está servido.
  • Elegir un regalo. «¿Qué le gusta a la yaya?» Y cuando conteste lo que le gusta a él, no corregirlo: «eso te gusta a ti. ¿Y a ella?» Es el ejercicio más puro que hay, y encima sale una vez al mes.
  • El escondite, y cualquier juego con cartas boca abajo. «¿Dónde va a mirar primero?» Ganar depende de acertar lo que el otro cree, así que el juego enseña solo.
  • Contarle a alguien que no estaba lo que pasó. Obliga a darse cuenta de qué le falta al que escucha. Y de paso es el nivel 4 de Hablar.
  • Cuando alguien de casa se enfada, preguntar qué creía. «Papá se ha enfadado porque creía que se había perdido. ¿Se había perdido?» Separar lo que pasó de lo que se creyó es el ejercicio en su forma más útil.

En qué te vas a equivocar

Confundirlo con ser bueno

«Es que no tiene empatía» se dice cuando lo que falla es la predicción, y son dos cosas. Saber qué va a hacer alguien es un cálculo; que te importe es otra cosa que no sale de ninguna caja con aceitunas. Corregir el carácter cuando lo que falta es la habilidad no arregla ninguna de las dos.

Darle la respuesta en vez de dejar que lo vea

Es más rápido decir «no, va a buscar en la roja», y con eso aprende la frase. Que entre el abuelo de verdad, abra la caja equivocada y ponga cara de sorpresa enseña más que diez explicaciones, porque la contradicción la nota él.

Pedirle que adivine a alguien que quiere lo mismo que él

Si el personaje quiere lo mismo, se acierta sin usar nada. Hay que elegir a propósito a alguien con otro gusto, y esto casi no se le ocurre a nadie porque cuando montamos el juego pensamos en el escondite, no en el apetito.

Tratar la primera mentira como un problema moral y nada más

Un crío que empieza a mentir con cierta gracia acaba de demostrar todo este nivel: sabe qué crees tú, sabe que puede ser distinto de lo que pasó, y sabe manejarlo. Que asuste tapa el hallazgo. La conversación sobre si mentir está bien hay que tenerla, y va aparte de darse cuenta de que ahí ha aparecido algo nuevo.

Por qué esto está en la base de un mapa de negocios

Porque es la habilidad entera sobre la que se sostiene vender, negociar, escribir para alguien y dirigir a alguien. Y porque el fallo del adulto es exactamente el mismo, solo que con otro nombre.

A eso se le llama la maldición del conocimiento: en cuanto sabes algo, dejas de poder imaginar no saberlo. Es la razón de que los manuales los escriba quien menos debería, de que una web esté llena de palabras que solo entiende quien la hizo y de que un experto sea muchas veces el peor profesor de lo suyo. Es la caja de las aceitunas con treinta años más.

  • Fundamentos de Marketing. Un mercado es gente que quiere cosas que tú no quieres y que cree cosas que tú sabes falsas. Segmentar es aceptar eso y dejar de diseñar para uno mismo, que es lo que hace todo el mundo el primer año.
  • Intercambio y acuerdo. Su tercer nivel es «si no hay trato, ¿qué?», y contestarlo exige saber qué hará el otro si te levantas de la mesa: con lo que él sabe y lo que él quiere, no con lo que sabes tú.

Y en el mapa, el nivel 5, por qué la gente decide como decide, pide este aprobado. Ahí ya no se predice a una persona concreta, sino a mucha gente a la vez, que es lo que permite prever un mercado.

De dónde sale esto

  • Wimmer, H. y Perner, J. (1983). Beliefs about beliefs, en Cognition. El experimento original de la falsa creencia, con un niño llamado Maxi y una tableta de chocolate cambiada de armario. De aquí sale la prueba fácil de esta página.
  • Repacholi, B. y Gopnik, A. (1997). Early reasoning about desires, en Developmental Psychology. Una investigadora ponía cara de asco con galletitas y cara de gusto con brócoli, y luego pedía comida. Los de dieciocho meses le daban brócoli; los de catorce, galletitas. Ahí se ve aparecer el escalón de que el otro quiere otra cosa.
  • Wellman, H., Cross, D. y Watson, J. (2001). Meta-analysis of theory-of-mind development, en Child Development. Reúne 178 estudios. Sirve sobre todo para lo que casi nadie dice: la horquilla de edades es enorme y cómo preguntes cambia el resultado del mismo niño el mismo día.
  • Baron-Cohen, S., Leslie, A. y Frith, U. (1985). Does the autistic child have a «theory of mind»?, en Cognition. De aquí viene la versión con dos muñecas que se ha hecho famosa. Se cita porque es el origen de la prueba, y conviene leer el párrafo de abajo antes de sacar cualquier conclusión de ella.
  • Camerer, C., Loewenstein, G. y Weber, M. (1989). The curse of knowledge in economic settings, en Journal of Political Economy. La versión adulta, medida con dinero encima de la mesa: quien sabe algo no consigue calcular bien qué hará quien no lo sabe, aunque le paguen por acertar.

Y lo que estos trabajos no dicen. Lo primero y más importante: esto no sirve para detectar nada. La prueba de la falsa creencia se hizo conocida por un estudio sobre autismo y desde entonces se usa mal constantemente, como si fallarla significase algo por sí sola. No significa nada por sí sola, ni en un sentido ni en el otro: es un juego de cajas una tarde, y quien tenga una duda de verdad sobre su hijo tiene que hablarlo con un profesional, no con una página web. Y lo segundo: las edades son medias con una horquilla enorme, la forma de preguntar cambia el resultado del mismo niño el mismo día, y esto no se enseña, se madura. Jugar mucho ayuda; convertirlo en un examen semanal, no.

Comprueba que lo has entendido tú

Doce preguntas de un banco de sesenta y ocho, distintas cada vez, así que volver no es memorizar. No te dice si aciertas hasta el final: si te lo dijera, las doce se contestan por descarte. Con un 70% el nivel cuenta en tu mapa.

Y no te preguntan quién fue Wimmer. Te preguntan qué haces cuando tu hijo hace algo.

Un tercio son de otro tipo: te ponen delante el razonamiento entero de un padre, ya hecho, y tienes que decir en qué paso se rompe. A veces no se rompe en ninguno, y esa también es una respuesta.