Ponerse en el lugar del otro · Nivel 3 · Etapa acompañada
El otro
quiere otra cosa
Le preguntas qué le gusta más a la abuela, si el té o el chocolate, y te contesta «el té» sin pensarlo. Le pones el té y el chocolate delante y le dices que elija uno para regalárselo. Elige el chocolate. No se le ha olvidado, y no es egoísmo: saber que el otro quiere otra cosa y usarlo cuando usarlo te cuesta son dos habilidades distintas, y la segunda llega bastante después.
Esto no lo estudia tu hijo. Lo estudias tú. Aquí está qué ponerle delante, qué mirar y en qué te vas a equivocar. Lo que se comprueba es lo que hace él; el test del final te lo hacemos a ti. Y algo que conviene decir pronto: esto no mide si es generoso. Mide si predice. Más abajo está por qué confundirlo estropea las dos cosas.
Saberlo y usarlo son dos cosas
La parte de saberlo llega pronto. Un crío de tres años ya te dice que a su hermano le gustan las aceitunas y a él no, y no le parece raro. Preguntado, acierta.
La parte de usarlo aparece mucho más tarde, y solo se ve cuando usarlo cuesta algo. Mientras acertar sea gratis, casi todos aciertan. En cuanto elegir lo del otro significa quedarse sin lo tuyo, la cuenta cambia y aparece el nivel de verdad.
Es el mismo desnivel que hay en recitar hasta cien y saber cuántos hay. Lo primero se contesta; lo segundo se hace.
Cómo saber dónde está ahora
Te hacen falta · dos cosas pequeñas · alguien de verdad a quien regalar · cinco minutos
La prueba del regalo, con su control
- Comprueba primero que sabe la diferencia. «¿A la abuela qué le gusta más, el té o el chocolate?» Si no lo sabe, para aquí: no estás midiendo este nivel, estás midiendo si conoce a la abuela.
- Pon las dos cosas delante y dile que elija una para regalársela.
- Espera sin decir nada, y apunta qué elige.
- Y ahora el control, que es lo que de verdad mide. Repítelo otro día con una diferencia: que la que no regala se quede para él. La primera versión no le cuesta nada; la segunda sí.
El paso 4 es toda la prueba. Sin él verías a un niño que acierta y no sabrías si acierta porque predice o porque le daba igual.
Y las dos cosas tienen que importarle a él. Si eliges dos que le dan lo mismo, no hay nada que le cueste, y vuelves a estar en la versión fácil sin darte cuenta.
Qué significa lo que ha hecho
| Si hace esto | Es que |
|---|---|
| Dice que a la abuela le gusta el té y le regala chocolate | Lo más normal a los seis. Sabe y todavía no usa, y es exactamente el sitio donde está este nivel. |
| Acierta cuando no le cuesta y falla cuando la otra se queda para él | La señal más limpia de todas. Está justo en el escalón, y por eso el control del paso 4 no se salta. |
| Acierta las dos veces, también cuando cuesta | Lo tiene. A los seis está bien, y no anuncia nada de lo que venga después. |
| No sabe qué le gusta a la abuela | Esto no mide este nivel. Toca conocer a la abuela, que es otra cosa y también hace falta. |
| Le regala el té y luego se lo pide de vuelta | Ha elegido con la mano y no con la cabeza. Eso es del nivel 1 de Decidir, y toca ahí antes que aquí. |
| Elige el té y te explica largamente por qué | Ojo: puede haber aprendido la respuesta que quieres oír. Cambia de persona y de objetos y vuelve a mirar. |
| Un día sí y otro no | Está a mitad, que es como llega esto. Primero se tambalea y luego se queda. |
Qué hacer, en concreto
Nada de esto es una sesión. Son treinta segundos, muchas veces, dentro de lo que ya hacéis.
- Preguntar antes, no después. «¿Y a él qué le gusta?» delante de la estantería, no cuando ya ha elegido.
- Trueque de verdad. Cromos, canicas, cartas. Ahí el otro quiere otra cosa y por eso hay trato, y se ve en un minuto.
- Deja que el regalo salga mal. Ver la cara de quien recibe algo que no quería enseña más que cualquier explicación tuya.
- Cambia de persona. Si siempre es la abuela, lo que aprende es la pareja abuela-té, no la habilidad.
- Cuenta lo tuyo en voz alta. «Yo le voy a comprar el libro gordo, aunque a mí me aburra, porque a él le encanta.» Sale gratis y se pega.
- Y déjalo elegir de verdad. Si vas a vetar una de las dos, no la pongas: eso es del nivel 1 de Decidir y estropea esta prueba igual que aquella.
En qué te vas a equivocar
Confundirlo con generosidad
Es el error grande, y estropea las dos cosas a la vez. Acertar el regalo es una predicción, no una virtud. Un niño puede acertar por interés —porque le conviene caerle bien a esa persona— y puede fallar por despiste queriendo muchísimo a su abuela. Medir el cariño con este juego no mide el cariño, y además rompe el juego: en cuanto huele que se le está evaluando como buena persona, deja de predecir y empieza a quedar bien.
Es el mismo aviso que lleva el nivel 4 con predecir y portarse bien. Aquí vuelve porque aquí hay un regalo de por medio, y con un regalo delante la confusión es casi automática.
Premiar el acierto
«¡Muy bien, qué buen hermano eres!» convierte una predicción en obediencia. A partir de ahí elige lo que cree que quieres que elija, y ya no puedes leer nada de lo que haga.
Corregirle sobre la marcha
«Mejor el té, que a la abuela el chocolate no le gusta.» Con eso aprende la frase y no la idea, y la próxima vez falla igual con otra persona. Lo que hace falta es que vea el resultado, no que se lo cuentes.
Usar dos cosas que a él le dan igual
Es la forma más silenciosa de que la prueba no mida nada. Si ninguna de las dos le importa, elegir la del otro no le cuesta, y estás mirando la versión fácil creyendo que miras la difícil.
Por qué esto está en la base de un mapa de negocios
Porque sin esto no hay ningún trato posible, y la razón es aritmética. Dos niños, dos cromos. Cada uno pone lo que valen para él, en sus propios puntos:
Ana: el suyo 2, el de Bruno 5 · Bruno: el suyo 2, el de Ana 5
Cambian, y los dos ganan 3. No ha aparecido ningún cromo nuevo y nadie ha engañado a nadie: lo único que ha pasado es que valoraban distinto. Un niño que cree que el otro quiere lo mismo que él no ve ahí ningún trato, solo un intercambio absurdo de cosas iguales.
Y eso, con cuarenta años más encima, es la mesa de una negociación: ceder en lo que menos te importa para ganar en lo que más. En el máster de Negocios está entero, con cuatro asuntos y sus euros, en Negociación.
Pruébalo con tus cifras. Es aritmética, no un modelo, y el aviso de debajo dice qué NO se puede hacer con estos números:
Cuándo hay trato
Aviso de modelo juguete, y este hay que leerlo entero. Esos puntos no son euros y no hay ninguna unidad común entre dos personas. Que Ana gane 3 y Bruno gane 3 no significa que ganen «lo mismo»: son escalas distintas y no se pueden sumar ni comparar entre ellas. Sirven para una cosa sola, que es la que enseña el nivel: decir si cada uno mejora con el cambio, mirando solo su propia columna. Cualquier frase del tipo «este ha ganado más» está fuera de lo que esta cuenta puede decir. Y en la vida real hay además cosas que no se cambian por nada, y ahí no entra ninguna aritmética.
De dónde sale esto
- Repacholi, B. y Gopnik, A. (1997). Early reasoning about desires, en Developmental Psychology. La semilla aparece muy pronto: la experimentadora prueba brócoli y galletas y pone cara de que le encanta el brócoli y de asco con las galletas. Después pide comida. Los de catorce meses le dan galletas, que es lo que les gusta a ellos; los de dieciocho ya le dan brócoli. Con año y medio la idea está.
- Wellman, H. y Liu, D. (2004). Scaling of theory-of-mind tasks, en Child Development. Reúnen 78 estudios y sacan el orden en que aparecen estas comprensiones, que resulta ser bastante estable: primero que la gente quiere cosas distintas, luego que cree cosas distintas, luego que sabe cosas distintas, y la falsa creencia después.
- Atance, C., Bélanger, M. y Meltzoff, A. (2010). Preschoolers' understanding of others' desires, en Developmental Psychology. Aquí se separan las dos mitades que separa esta página: entender que el otro quiere otra cosa y actuar en consecuencia no van juntas, y la segunda cuesta más.
- Flavell, J. (1999). Cognitive development: children's knowledge about the mind, en Annual Review of Psychology. La revisión de referencia, y de donde sale el aviso de que estas tareas miden lo que miden en una mesa y no predicen bien cómo se comporta el mismo niño en el patio.
Y lo que estos modelos no dicen. Empezando por una incomodidad que conviene no esconder: la escala medida ordena esto ANTES que la falsa creencia, y el mapa lo pone después, en el 3 detrás del 2. Las dos cosas son ciertas porque no miden lo mismo. La escala mide saberlo, y eso llega a los tres; este nivel mide usarlo cuando cuesta, y eso llega bastante más tarde. Si algún día se reordena el mapa, este es el sitio donde mirar primero. Segundo, las edades son medias con una horquilla enorme y nada de aquí dice nada sobre ningún niño en concreto, ni en un sentido ni en el otro: lo que se ve en una tarde es dónde está esa tarde. Si hay una preocupación de verdad, se habla con un profesional. Y tercero, todo esto son tareas de mesa: el mismo crío que falla el regalo puede repartir la merienda perfectamente cuando le importa quien tiene delante.
Comprueba que lo has entendido tú
Doce preguntas de un banco de cincuenta y dos, distintas cada vez, así que volver no es memorizar. No te dice si aciertas hasta el final: si te lo dijera, las doce se contestan por descarte. Con un 70% el nivel cuenta en tu mapa.
Y no te preguntan cómo se llama nada. Te preguntan qué haces cuando tu hijo hace algo.
Un tercio son de otro tipo: te enseñan el razonamiento entero de un padre y tienes que decir en qué renglón se rompe. Casi nunca falla la observación. Falla el primero, donde se montó mal la prueba o se decidió qué significaba. Una de cada cuatro no se rompe en ninguno.
Lo que se abre al superarlo
- Ponerse en el lugar del otro, nivel 4: Adivinar qué va a hacer
- Intercambio y acuerdo, nivel 1 (todavía sin escribir)