Contar y calcular · Nivel 4 · Etapa acompañada
Multiplicar, dividir
y repartir
Van 53 niños de excursión y los autobuses tienen 20 plazas. La división da 2 y sobran 13. La respuesta es 3. Nadie se queda en la acera porque la cuenta se haya acabado. Y ese salto de 2 a 3 no está dentro de la división. Está en la pregunta.
Esto no lo estudia tu hijo. Lo estudias tú. Un crío de ocho años no va a leer esta página. Aquí está qué ponerle delante, qué mirar mientras lo hace y en qué te vas a equivocar tú. Lo que se comprueba es lo que hace él; el test del final te lo hacemos a ti.
Doce entre cuatro y doce de cuatro en cuatro
Las dos cuentas son 12 ÷ 4 y las dos dan 3. Y no son la misma pregunta. Un crío de ocho años resuelve una y se atasca en la otra, y quien mira solo el resultado no lo ve.
| Le dices | Y lo que hace es |
|---|---|
| «Reparte estos doce caramelos entre los cuatro» | Repartir. Sabe cuántos montones hay y busca cuánto toca. Da uno a cada uno, vuelve a empezar, y para cuando se le acaban. |
| «Coge estos doce y ponlos de cuatro en cuatro» | Agrupar. Sabe cuánto lleva cada montón y busca cuántos salen. Hace un grupo de cuatro, otro, otro, y cuenta los grupos. |
Fíjate en que el 4 no significa lo mismo arriba y abajo. En la primera fila el cuatro son niños. En la segunda son caramelos. Sale el mismo tres y no sale de lo mismo: arriba el tres son caramelos por niño y abajo son montones.
12 ÷ 4 = 3 caramelos para cada uno de los cuatro
12 ÷ 4 = 3 montones de cuatro caramelos cada uno
Esto es el mismo montaje del nivel de antes con otra operación. Allí, «te has comido cinco» y «tienes cinco más que tu hermano» eran los dos 8 − 5, y el segundo se atascaba mucho más. Aquí pasa igual: casi todos reparten y bastantes menos agrupan. Está en Sumar y restar, y merece la pena verlo seguido.
Multiplicar es lo mismo del revés, y no es sumar deprisa
«Cuatro bolsas de tres caramelos, ¿cuántos hay?» son 12. La primera manera de sacarlo es sumar: 3 y 3 y 3 y 3. Eso está bien y es por donde se entra.
Lo que hay debajo es otra cosa. En 4 × 3, los dos números no hacen el mismo trabajo. Uno cuenta grupos. El otro cuenta cosas dentro de un grupo. Por eso «cuatro bolsas de tres» y «tres bolsas de cuatro» dan lo mismo y no son la misma escena. Que el resultado coincida es un descubrimiento, igual que empezar la suma por el número mayor. Y llega mirándolo, no porque se lo cuenten.
Y aquí se instala algo que dentro de cuatro años estorba. Con estos números, multiplicar siempre hace más grande y dividir siempre hace más pequeño, así que el crío lo da por ley. No lo es: multiplicar por 0,5 hace la mitad. La regla vale mientras los números sean enteros. Esa letra pequeña se paga a los doce, cuando aparecen las fracciones. De eso va el nivel 5, y por eso va justo encima.
El resto no es lo que sobra. Es lo que decide la respuesta
Con 53 niños y autobuses de 20 plazas, la división da 2 y sobran 13. Ninguna de esas dos cifras es la respuesta a nada por sí sola. La respuesta depende de qué se haya preguntado, y son cuatro respuestas distintas de la misma división.
| Si la pregunta es | Lo que sobra |
|---|---|
| ¿Cuántos autobuses hacen falta para los 53? | Sube el número: 3. Trece niños no caben en el aire. Un autobús a medio llenar es un autobús. |
| ¿Cuántas cajas de 20 botes salen llenas de 53? | Baja el número: 2. La tercera existe y no está llena, así que no cuenta como caja de veinte. |
| ¿Cuánto toca si repartimos 53 € entre 20? | Se parte: 2,65 € cada uno. El dinero se corta en trozos, y ahí el resto deja de ser un número aparte. |
| ¿Cuántos quedan sueltos después de hacer los montones? | El resto es la respuesta: 13. Aquí el cociente es el que no sirve para nada. |
La cuenta es idéntica en las cuatro filas. Cambia dónde se mira. Y lo que se ve en clase, y luego en cualquier oficina, es esto: la cuenta sale bien y se lee la fila que no era.
Hay una medición grande de esto, de 1983, con unos cuarenta y cinco mil chavales de trece años en Estados Unidos. El problema decía: un autobús del ejército lleva 36 soldados, hay que mover a 1.128, ¿cuántos autobuses hacen falta? La respuesta es 32.
1.128 ÷ 36 = 31 y sobran 12 → hacen falta 32 autobuses
Contestaron 32 el 23% · contestaron «31, resto 12» el 29%
Casi un tercio hizo la división perfecta y entregó el resto tal cual. Como si la pregunta hubiera sido aritmética. No es que no supieran dividir. Es que dividieron sin mirar de qué iba.
Cómo saber dónde está ahora
Te hacen falta · doce garbanzos · cuatro platos · tres minutos · y mirar las manos
La prueba de los dos repartos
- Pon los doce garbanzos y los cuatro platos encima de la mesa. Dile: «reparte los doce entre los cuatro platos».
- Mírale las manos. ¿Va dando de uno en uno y dando vueltas? ¿Pone tres de golpe en cada uno? ¿Lo dice sin tocar nada?
- Recoge, y un rato después vuelve con los mismos doce y un montón de platos. Ahora: «pon cuatro en cada plato; ¿cuántos platos hacen falta?»
- Ese es el control. Es otra vez 12 ÷ 4 y es otra acción. Si la primera le salió sola y esta se le atraganta, ya sabes cuál de las dos tiene.
- Y para acabar, trece garbanzos y cuatro platos. «¿Y ahora?» Lo que hagan sus manos con el que sobra es lo que más te dice.
Sin el segundo reparto la prueba no vale. Con una división sola no se distingue a quien sabe dividir de quien sabe repartir. Repartir es lo que sale en casa todos los días. Agrupar casi nunca. Ahí es donde se leen de más los progresos.
Y esto no se aprueba ni se suspende. Da dónde está hoy, un martes, con doce garbanzos.
Qué significa lo que ha hecho
| Si hace esto | Es que |
|---|---|
| Reparte de uno en uno dando vueltas a la mesa | Es la estrategia de repartir en su forma más antigua y funciona siempre. No hay ninguna cuenta dentro todavía, y a los ocho años es normal. |
| Pone tres de golpe en cada plato | Ya sabe cuántos van a tocar antes de empezar. Está tirando de la tabla, o de que doce son cuatro treses. |
| Reparte bien y se queda parado con la de agrupar | Lo más común de este nivel, y no es despiste. Tiene una de las dos divisiones, que es la que sale en casa. |
| Hace montones de cuatro y luego los cuenta | Tiene la de agrupar, que es la que menos se practica. Suele venir del colegio y es buena señal. |
| Con trece, deja el que sobra en la mesa y lo dice | Perfecto. Ha visto que el resto es un número aparte y no una cosa que estorba en la cuenta. |
| Con trece, mete el que sobra en un plato cualquiera | Ha decidido que el reparto tiene que salir liso. Es justo el sitio donde se pregunta si eso es repartir igual. |
| Con trece, lo parte por la mitad o dice «un cachito para cada uno» | Ha inventado la fracción él solo. Eso se instala dos niveles más arriba. No hay nada que corregir. |
| Suma 3 y 3 y 3 y 3 en vez de decir cuatro por tres | Está entrando por donde se entra. La suma repetida es el andamio de la multiplicación, y se cae solo cuando los números crecen. |
Qué hacer, en concreto
- Pídele las dos divisiones, no una. «Reparte entre cuatro» y «ponlos de cuatro en cuatro» cuestan lo mismo de decir, y la segunda casi nadie la dice en casa.
- Deja que sobre. Trece galletas y cuatro personas es mejor material que doce. Lo que sobra es donde está el nivel entero.
- Pregunta qué hacemos con el que sobra. No hay una respuesta buena: depende de si son galletas, plazas de autobús o euros. Eso es lo que hay que aprender.
- Cuenta la escena antes que la cuenta. «Cuatro bolsas de tres» dice lo que hace cada número. «Cuatro por tres» ya no lo dice.
- Cuélalo en la rutina. Poner la mesa, repartir las cartas, hacer paquetes de seis huevos. Muchas veces y muy cortas gana a una sesión larga.
- No le corrijas el reparto de uno en uno. Es lento y es correcto, y se abandona solo el día que ya sabe cuántos van a tocar.
Pruébalo con los números que quieras
La caja hace una división y enseña las cuatro respuestas a la vez, que es lo que no cabe en la mesa con doce garbanzos.
Las cuatro respuestas de la misma división
Aviso de método, no de modelo. La caja hace aritmética exacta y no sabe nada de niños ni de autobuses. Lo único que pone delante es esto: la misma división tiene varias lecturas y hay que elegir una. Cuál de las cuatro vale no lo decide la cuenta, lo decide la pregunta, y eso la caja no lo puede saber. La fila del dinero es la única que se sale del nivel. Partir el resto en trozos se instala en el nivel 5. Aquí solo se enseña que existe.
En qué te vas a equivocar
Dar por dividido lo que solo está repartido
Reparte doce entre cuatro sin fallar y crees que la división está. Falta la mitad: agrupar de cuatro en cuatro es la otra cara y se aprende aparte. Con una sola pregunta no se distinguen, y por eso la prueba lleva control.
Tratar el resto como suciedad de la cuenta
«Dos, y sobra» suena a que la cuenta no ha salido redonda. Sale perfecta. El resto es un dato, y muchas veces es el dato: los que se quedan fuera, los que sobran, el hueco que queda en la última caja.
Enseñarle a redondear siempre para arriba
Es lo cómodo y es falso la mitad de las veces. Con autobuses se sube y con cajas llenas se baja, y la diferencia no está en la aritmética. Está en si lo que sobra tiene que caber en algún sitio o no.
Corregir la suma repetida
Un crío que hace 3 y 3 y 3 y 3 en vez de cuatro por tres no está haciendo el vago. Está usando lo que tiene. La multiplicación se monta encima de eso. Quitarle el andamio antes de tiempo deja la tabla sin nada debajo.
Creerte la regla que se está instalando
Multiplicar hace más grande y dividir hace más pequeño mientras los números sean enteros. Los adultos también arrastramos esa ley, y por eso «dividido entre 0,5» descoloca. Conviene saber que se está instalando algo que luego habrá que desmontar.
Por qué esto está en la base de un mapa de negocios
Porque las dos divisiones de los garbanzos son, con otra ropa, las dos preguntas que más se hacen en un negocio, y se confunden a diario:
Tengo 4.000 € de publicidad y 200 clientes → 20 € me cuesta cada cliente
Tengo 4.000 € y cada cliente me cuesta 20 € → 200 clientes me caben
La primera es repartir: sé entre cuántos y busco cuánto toca. La segunda es agrupar: sé cuánto lleva cada uno y busco cuántos salen. Es 4.000 ÷ 20 en las dos. Y llevan a decisiones distintas. La primera juzga lo que ya pasó. La segunda dice cuánto puedes comprar el mes que viene.
Y el resto, que en clase parece una tontería, es media planificación. Los pedidos que no caben en el último camión, la persona que sobra al hacer turnos de cuatro, el euro que no se puede partir entre tres socios. En Tokens, coste y latencia, del máster de IA, la cuenta de cuántos correos entran en una hora es exactamente esto. Y lo que sobra tiene nombre: capacidad ociosa.
Lo que este nivel no toca, y conviene saber dónde vive: partir el resto en trozos y llamarlo 13,25 o «un 25% más» es el nivel 5. Aquí lo que sobra se queda entero, que es lo que un crío de ocho años puede tener encima de la mesa.
De dónde sale esto
- Fischbein, E., Deri, M., Nello, M. y Marino, M. (1985). The role of implicit models in solving verbal problems in multiplication and division, en Journal for Research in Mathematics Education. De aquí sale la mitad de la página. Los modelos implícitos son dos: multiplicar es sumar repetido, dividir es repartir. Y traen una predicción que se cumple: el mismo problema se falla mucho más en cuanto el número deja de ser entero.
- Greer, B. (1992). Multiplication and division as models of situations, en el Handbook of Research on Mathematics Teaching and Learning. La clasificación de las situaciones multiplicativas, que es lo que separa repartir de agrupar y explica por qué no llegan a la vez.
- Carpenter, T., Lindquist, M., Matthews, W. y Silver, E. (1983). Results of the third NAEP mathematics assessment, en The Mathematics Teacher. El problema de los autobuses, con sus cifras: 32 es la respuesta, la dio el 23% y el 29% entregó el resto sin mirar la pregunta.
- Kouba, V. (1989). Children's solution strategies for equivalent set multiplication and division word problems, en Journal for Research in Mathematics Education. Las estrategias que se ven de verdad en las manos, que es lo que mira la prueba de los dos repartos.
Y lo que estos modelos no dicen. Primero, las edades son medias y la horquilla es enorme: hay críos que agrupan a los siete y otros a los nueve, y los dos van bien. Segundo, casi todo esto se ha medido con problemas escritos en un aula, y un problema escrito mide también leer. Un crío que agrupa perfectamente con garbanzos puede fallarlo en papel. Tercero, los datos del NAEP son de 1983 y de Estados Unidos, así que valen para enseñar el fallo, no para decir cuánta gente lo comete hoy en España. Y cuarto, nada de esta página dice nada sobre ningún niño en concreto: si hay una preocupación de verdad con las matemáticas, se habla con un profesional, no con una página.
Comprueba que lo has entendido tú
Doce preguntas de un banco de cuarenta y ocho, distintas cada vez, así que volver no es memorizar. No te dice si aciertas hasta el final: si te lo dijera, las doce se contestan por descarte. Con un 70% el nivel cuenta en tu mapa.
Y no te preguntan cómo se llama nada. Te preguntan qué haces cuando tu hijo reparte doce garbanzos, y qué contestas cuando una división te deja algo suelto.
Un tercio son de otro tipo: te enseñan el razonamiento entero de un padre o una cuenta ya hecha, y tienes que decir en qué renglón se rompe. Casi nunca falla la división. Falla el primero, donde se eligió qué se estaba preguntando. Una de cada cuatro no se rompe en ninguno.
Lo que se abre al superarlo