Estrategia Empresarial
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Estrategia Empresarial

Por qué unos sectores dan dinero y otros no, por qué dentro del mismo sector unos ganan más, y cómo se defiende esa diferencia.

En la misma calle: el bar del 14 y la farmacia del 22

Misma acera, mismo barrio, mismos vecinos, y los dos dueños abren a las ocho. Al cerrar el año las cuentas no se parecen en nada:

  • El bar factura unos 180.000 € y, pagado todo, le quedan unos 9.000 €: un 5% de margen neto, lo habitual en la hostelería española. En 200 metros tiene otros cuatro sitios con el mismo menú del día a 12 €. Si lo sube a 13,50 €, media clientela cruza la calle.
  • La farmacia factura unos 600.000 € y le quedan del orden de 50.000 €. No es que trabaje más: para abrir otra enfrente hace falta una licencia administrativa con criterios de población y distancia mínima, y esas licencias se traspasan por cientos de miles de euros.

De ahí la primera idea del módulo, y es incómoda: buena parte de lo que ganas no depende de lo bien que gestiones, sino de la estructura del sector donde compites. Eso lo diagnostican las cinco fuerzas de Porter. La segunda pregunta —por qué dentro del mismo sector unos ganan más— la responderemos con Marta, su panadería y sus 300 barras al día.

📋 Guía docente del módulo

Objetivos

  • Analizar la estructura de una industria con las cinco fuerzas de Porter, conociendo también sus límites.
  • Comparar las estrategias genéricas (costos, diferenciación, enfoque) con números concretos, no solo con etiquetas.
  • Explicar por qué la ventaja competitiva sostenible exige trade-offs y encaje entre actividades.
  • Aplicar los marcos VRIO, océano azul e innovación disruptiva a casos reales.

Resultados de aprendizaje

  • RA1. Evaluar el atractivo de una industria real fuerza por fuerza y justificar cuáles pesan más en ese caso.
  • RA2. Calcular y comparar márgenes, beneficios y ROI de dos posicionamientos opuestos a partir de una tabla de datos.
  • RA3. Identificar los trade-offs de una estrategia dada y anticipar por qué imitarla parcialmente suele fallar.
  • RA4. Aplicar el filtro VRIO a un recurso concreto y concluir si genera ventaja sostenible.
  • RA5. Reconocer situaciones (plataformas, complementos, ecosistemas) donde el análisis clásico de cinco fuerzas queda corto y argumentar por qué.

Bibliografía de referencia

  • Porter, M., Estrategia competitiva, Pirámide.
  • Porter, M., "¿Qué es la estrategia?", Harvard Business Review, 1996.
  • Barney, J., Gaining and Sustaining Competitive Advantage, Pearson.
  • Kim, W. C. y Mauborgne, R., La estrategia del océano azul, Profit.

Carga de trabajo estimada

12–15 horas en total: lectura y estudio de los contenidos (5–6 h), simulador de cinco fuerzas aplicado a dos industrias que conozcas (2 h), caso numérico y ejercicios resueltos (3–4 h), quiz y repaso (2 h).

Evaluación: superas el módulo con un 70% o más en el quiz de 12 preguntas. Los contenidos entran además en el examen final del curso, que habilita el certificado de aprovechamiento.

Las cinco fuerzas, una a una, en sectores que conoces

Porter publicó en 1979 la idea de que la rentabilidad potencial de un sector no la marcan solo los rivales directos, sino cinco fuerzas: tres empujan desde el mercado y dos desde tu propia cadena.

1. Rivalidad entre los que ya están. En España hay más de 250.000 bares y restaurantes. Al del 14 no le hace falta un competidor nuevo para perder clientes: le bastan los cuatro de siempre, y por eso el margen neto medio del sector se queda en el 4-6%. Lo mismo en el aire, donde varias compañías vuelan Madrid-Londres con el mismo avión y horario y el asiento acaba en 29,99 €. Muchos rivales, producto parecido y costes fijos que obligan a llenar (aviones, hornos, comedores) son la receta de la guerra de precios.

2. Amenaza de nuevos entrantes. Manda lo caro que sea entrar. Para vender fibra hay que llevar red hasta el portal de cada cliente: miles de millones y una década de obra. Una farmacéutica con molécula patentada tiene veinte años de protección desde la solicitud. Enfrente, montar el bar del 14 cuesta entre 40.000 y 80.000 €. Esa altura de barrera explica casi sola quién conserva sus márgenes diez años seguidos.

3. Amenaza de sustitutos. No es un rival que hace lo mismo: es otra forma de resolver la misma necesidad. En 2005 había videoclubs en casi todos los barrios, y ninguno cerró porque abriera otro videoclub mejor: cerraron porque por 10-13 € al mes apareció el catálogo entero en el salón. El videoclub competía en "alquilar películas"; el cliente solo quería "ver algo esta noche". El sustituto pone techo a tu precio aunque tú mandes en tu sector.

4. Poder de los proveedores. En 2023 el aceite de oliva virgen extra pasó en origen de unos 3,5 €/kg a superar los 8 €/kg, y la botella de litro se plantó por encima de 9 € en el lineal. Un bar que sirve tostadas no puede plantar olivos ni compra volumen para negociar: se come la subida o la traslada y pierde clientes. Igual en la lonja, donde el precio de la merluza lo pone la subasta. Un proveedor tiene poder cuando es único o concentrado, cuando cambiarlo cuesta caro y cuando su producto es crítico. Marta lo tiene fácil con la harina normal; pero su harina ecológica de fuerza se la sirve un solo molino, y si le sube 0,04 € el kilo, con 150 kg semanales son 312 € al año directos de su beneficio.

5. Poder de los compradores. Cinco cadenas concentran más de la mitad de la compra de alimentación del país: un fabricante pequeño que coloque el 60% de su producción en una de ellas no negocia, escucha. A escala de Marta pasa igual con dos ceros menos. Su clienta grande es la cafetería de la esquina, que le compra 40 barras al día —el 13% de sus 300— a 60 días, y un lunes le pide bajar de 1,20 € a 1,00 €. Si acepta, gana 0,65 € en vez de 0,85 €: pierde 0,20 × 40 = 8 € al día, unos 2.400 € al año. Si se niega y la cafetería se va, pierde 0,85 × 40 = 34 € al día, unos 10.200 € al año. Cede, claro; pero el número que importa es el 13%, y repartir ese pan entre tres bares hasta bajarlo al 5% vale más que cualquier técnica de negociación.

Dos avisos. Rivalidad no es número de competidores: dos se destrozan el margen si el producto es idéntico y sobra capacidad, y veinte conviven si cada uno tiene su clientela. Y proveedores y compradores son la misma fuerza vista desde los dos lados de la mesa: para el molino, Marta es un comprador sin poder; para la cafetería, una proveedora sin poder.

Simulador: pon nota a un sector y mira cuánto queda para repartir

Con una nota de 1 (fuerza débil, buena noticia) a 5 (fuerza brutal), la panadería de Marta queda así: rivalidad 4 (otra panadería a 300 metros, dos súper con horno de descongelado y una franquicia a 0,50 € la barra), entrantes 3 (el obrador cuesta unos 60.000 €, pero el local bueno está ocupado y la clientela tarda años), sustitutos 4 (pan de molde, congelado y gente que ha dejado de comer pan), proveedores 2, compradores 3. Media 3,2 sobre 5: sector regular tirando a duro.

Cada barra es una fuerza. El indicador convierte la media en atractivo: (5 − media) / 4 × 100. Todo al mínimo da 100%; todo al máximo, 0%; el perfil neutro de 3, un 50%.

Atractivo estimado de la industria-

Este promedio simple es una simplificación pedagógica, no la fórmula de Porter — no existe una fórmula canónica de "atractivo", las fuerzas no pesan igual en toda industria (rivalidad y barreras de entrada suelen pesar más que el resto) y además interactúan entre sí.

SectorRiv.Entr.Sust.Prov.Comp.MediaAtractivo
Restauración de barrio554334,025%
Panadería de Marta434233,245%
Farmacéutica con patente212242,270%

El bar del 14 sale en un 25%: no es mal gestor, es que abrió en el peor sitio del mapa. La farmacéutica sale en un 70% con un pero: el 4 en compradores es porque en España su cliente es el sistema público de salud, que negocia el precio de una vez para todo el país, y ese 4 se lleva buena parte del margen que le regalan las otras cuatro fuerzas.

La lectura útil no es "entra en sectores del 70%", porque casi nadie elige su sector desde cero: es saber cuánto margen permite el tuyo, para no confundir un problema estructural con uno de gestión, y localizar qué fuerza te come el beneficio, porque casi toda la estrategia de una pyme consiste en atacar esa y solo esa.

Dónde se queda corto el modelo

Coge Wallapop y pásale el análisis clásico. ¿Quiénes son sus proveedores, los usuarios que suben el sofá? ¿Y sus compradores, los mismos usuarios por la tarde? El esquema se deshace en las manos. No es que Porter esté mal: estás usando un mapa de carreteras para navegar un río. Cuatro límites conocidos:

  • Complementos, la "sexta fuerza". Una consola sin juegos no vale nada, un sistema operativo sin apps tampoco. Un complementador poderoso captura buena parte del valor: las tiendas de aplicaciones se han quedado históricamente con comisiones cercanas al 30% de lo que factura el desarrollador.
  • Plataformas de dos lados. El modelo asume una cadena lineal proveedor → empresa → cliente. En Wallapop, Idealista o BlaBlaCar los compradores de un lado son a la vez el producto que atrae al otro, y la competencia real es por masa crítica y efectos de red.
  • Es una foto, no una película. Un análisis de los videoclubs hecho en 2003 habría salido razonable: rivalidad moderada, barreras aceptables, clientes sin poder. Ocho años después no quedaba ninguno.
  • Ecosistemas y cooperación. Trata a todos como amenazas, pero las operadoras españolas comparten torres y tramos de red mientras se pelean por el cliente. Eso es co-opetencia y no cabe en el modelo.

La conclusión no es descartarlo, sino usarlo como primera capa: estructura del sector (Porter) + recursos propios (VRIO) + dinámica de plataformas y complementos cuando el negocio lo pida.

Estrategias genéricas: solo hay dos formas de ganar y una de elegir a quién

Un billete Madrid-Londres a 29,99 € y otro a 180 € el mismo día. Los dos aviones aterrizan y las dos compañías ganan dinero: juegan a juegos distintos.

Liderazgo en costes. Ryanair no es barata por resignarse a peores márgenes: su coste por pasajero es estructuralmente menor. Un solo modelo de avión, rotación en pista de unos 25 minutos, aeropuertos secundarios, venta directa, equipaje y asiento como extras. Mercadona hace la versión de supermercado: pocas referencias por categoría, marca propia dominante y logística al milímetro. Su leche de marca propia sale a 0,89 € frente a 1,15 € la de marca líder, y aun así deja margen porque no paga anuncios ni tres escalones de intermediación.

Diferenciación. La aerolínea de red cobra 180 € por lo que la otra no tiene: aeropuerto principal, conexiones de largo radio, fidelización, cambio de billete si pierdes la reunión. La tienda gourmet vende el mismo litro de aceite que el súper a 25 € porque cuenta la finca, la variedad y la fecha de molturación. En los dos casos, algo percibido como único por lo que el cliente paga más de lo que cuesta ofrecerlo.

Enfoque. No es una tercera forma de ganar, sino una decisión sobre el ámbito: un segmento donde puedes ser el mejor, por coste o por diferenciación.

Ventaja en costeVentaja en diferenciación
Mercado amplioLiderazgo en costes (Ryanair, Mercadona)Diferenciación (aerolínea de red, marca premium)
Segmento estrechoEnfoque en costes (el bazar del barrio)Enfoque en diferenciación (Marta, la tienda gourmet)

Y ahora Marta. Su barra cuesta 0,35 € de materia prima, y sus 120 € de fijos diarios entre 300 barras añaden 0,40 €: coste completo 0,75 €. Un obrador industrial de nueve millones de barras al año anda por los 0,30 €. Marta no puede ganar en costes jamás, ni bajando sueldos ni comprando harina más barata: la distancia es estructural, no de gestión. Su única casilla viable es la de abajo a la derecha, enfoque más diferenciación: masa madre de 18 horas de fermentación, barrio, horario fijo y la cara de siempre detrás del mostrador. Eso justifica 1,20 € frente a los 0,50 € del súper; ninguna otra cosa lo justifica.

Porter avisaba del peligro de quedarse "a mitad de camino" (stuck in the middle): ni el más barato ni el más distinto. Matiz moderno: hay empresas que parecen desmentirlo por ser a la vez muy baratas y muy valoradas; casi siempre han logrado una ventaja en coste tan grande que pueden devolver parte al cliente en calidad, así que siguen siendo líderes en costes.

Caso numérico: las dos ganan dinero, y por motivos contrarios

Las dos aerolíneas de antes en la misma ruta, con cifras redondeadas:

Low cost (liderazgo en costes)Aerolínea de red (diferenciación)
Precio medio del billete100 €150 €
Coste unitario por pasajero80 €105 €
Margen unitario20 € (20% del precio)45 € (30% del precio)
Billetes al año en la ruta10.0004.000
Beneficio anual200.000 €180.000 €

La low cost gana poco por billete, muchas veces; la de red, mucho por billete, menos veces: su sobreprecio de 50 € compensa de sobra sus 25 € extra de coste. Y las dos simulaciones peligrosas salen mal. Si la de red baja a 100 € para robar volumen, con coste de 105 € pierde 5 € por pasajero: cuanto más venda, más pierde. Si la low cost añade comidas y salas VIP sin subir precio, su coste pasa de 80 € a 95 € y su margen cae de 20 € a 5 €: para ganar los mismos 200.000 € necesitaría 40.000 billetes en vez de 10.000.

Cada estrategia solo funciona con la estructura de costes que la sostiene: esa es la idea de la card siguiente.

Trade-offs y encaje: por qué copiar la pieza suelta falla (Porter, 1996)

Un directivo mira a Ryanair y apunta: "quitar las comidas". Lo hace, ahorra 4 € por pasajero y seis meses después sus costes siguen siendo los de antes y sus clientes están enfadados. Ha copiado un detalle de un sistema, no el sistema.

En "¿Qué es la estrategia?" (1996) Porter distingue eficacia operativa —hacer las mismas actividades mejor: menos defectos, más rápido, más barato— de estrategia, que es elegir actividades distintas, o las mismas de forma distinta. La primera es necesaria pero no es estrategia: las buenas prácticas se copian rápido y todos acaban corriendo la misma carrera con el mismo margen. Una posición sólida se apoya en dos cosas:

1. Trade-offs: elegir qué NO hacer. Una low cost renuncia a comidas, asientos asignados gratis, conexiones y aeropuertos céntricos. Esa renuncia es lo que hace la posición defendible, porque una compañía completa no puede imitarla sin degradar su propia propuesta y perder a quien le paga 150 €.

2. Encaje: las actividades se refuerzan entre sí. Flota de un modelo → mantenimiento y formación baratos → rotación de 25 minutos → más horas de vuelo al día → coste por asiento bajo → precios bajos → aviones llenos. Es una cadena, no una lista: quitar las comidas es un eslabón.

Marta también tiene sistema y renuncias. Su masa madre necesita 18 horas de fermentación, así que la masa del martes se hace el lunes por la tarde. De ahí sus trade-offs: hornea una vez al día, no repone a las siete, no vende bocadillos industriales y cierra a las 14:00. Cada renuncia le cuesta ventas, y cada una es la razón de que pueda cobrar 1,20 €. Si pone un horno de descongelado para tener barras calientes todo el día, gana horas de venta y pierde lo único por lo que sus clientes cruzan dos calles.

Por eso "coger lo mejor de cada uno" falla: el precio del líder en costes, el servicio del diferenciado y la variedad del generalista producen actividades que se contradicen. El "stuck in the middle" no es mala suerte, es incoherencia de sistema. El caso clásico es Continental Lite, que quiso ser aerolínea completa y low cost a la vez y no sostuvo ninguna de las dos posiciones.

VRIO: por qué el horno de 20.000 € no le da ninguna ventaja a Marta

Marta pagó su horno con un préstamo de 20.000 €, está orgullosa de él y no le da ninguna ventaja competitiva: cualquiera con 20.000 € y una firma en el banco compra el mismo mañana. Su ventaja real no aparece en ninguna factura: doce años de clientes que entran y la saludan por su nombre.

Las cinco fuerzas explican por qué un sector es más o menos rentable; el modelo VRIO, de Jay Barney, por qué una empresa dentro de ese sector rinde por encima de sus rivales durante años. Un recurso sostiene ventaja solo si pasa cuatro filtros: Valioso (aprovecha una oportunidad o neutraliza una amenaza), Raro (pocos lo tienen), Inimitable (copiarlo es caro, lento o imposible) y la empresa está Organizada para explotarlo.

Recurso de MartaVRIOResultado
El horno de 20.000 €NoNoParidad: sin él no compites, con él no destacas
El local a pie de calleNoVentaja temporal: es un alquiler y el contrato vence
La receta de masa madreNoVentaja temporal: la técnica está en los libros
Doce años de trato y reputaciónVentaja sostenible: no se compra, se acumula

Solo aguanta la cuarta fila, porque el tiempo no se compra: un competidor con más dinero replica el horno en una semana y la receta en un mes, pero no doce años de confianza. Barney lo llama complejidad social y ambigüedad causal: ni la propia Marta sabría explicar qué hace exactamente para que la gente vuelva, y eso lo hace aún más difícil de copiar.

Ojo con la O: un recurso magnífico mal explotado no vale nada. Si Marta no cuenta lo de las 18 horas de fermentación ni lo lleva escrito en el escaparate, su diferenciación existe en el pan pero no en la cabeza del cliente, que es donde se cobra.

Océano azul: dejar de pelear por el mismo trozo

Un circo compite por acróbatas caros, domadores y la fecha del pabellón. Cirque du Soleil quitó los animales y las estrellas —las dos partidas más caras—, metió narrativa, música en directo y escenografía de teatro, y cobró una entrada que ningún circo se habría atrevido a pedir. No compitió mejor: se salió de la pelea y creó una categoría que no era ni circo ni teatro.

W. Chan Kim y Renée Mauborgne llaman océano rojo al mercado existente, teñido por la competencia, y océano azul al espacio nuevo donde competir todavía no es relevante. Su tesis: ahí se rompe el trade-off entre coste y diferenciación, porque se quitan atributos caros que el sector da por obligatorios y se añaden otros que nadie ofrecía. La herramienta es el esquema de las cuatro acciones, aquí con Marta:

AcciónQué hace MartaEfecto
EliminarLa bollería industrial congelada, que revende sin margen y la iguala al súperMenos coste, más coherencia
ReducirDe 30 referencias a 8: menos mermas y menos horas de obradorMenos coste
IncrementarFermentación larga, origen del grano en la etiqueta, pan del día anterior a mitad de precioMás valor percibido
CrearSuscripción semanal: 4 barras por 4,40 €, recogida garantizadaCategoría nueva en su calle

La suscripción cambia la naturaleza del negocio: con 60 suscriptores tiene 240 barras semanales vendidas antes de encender el horno —unas 34 al día— que ya no dependen de si llueve.

Dos matices. Casi todo océano azul acaba rojo: cuando el modelo funciona aparecen imitadores y hacen falta otra vez los trade-offs de Porter. Y el marco se apoya en casos de éxito elegidos a posteriori: por cada Cirque du Soleil hay decenas de categorías nuevas que nadie quiso comprar.

Innovación disruptiva: perder el mercado por hacerlo todo bien

Hacia 2005, el encargado de un videoclub hizo el análisis correcto. Su mejor cliente alquilaba tres películas el viernes, quería estrenos y quería llevárselos esa noche; una suscripción por correo que tardaba dos días en traer un DVD era objetivamente peor para él. Escuchó a sus mejores clientes, mejoró justo lo que ellos valoraban —más copias de los estrenos— y por eso mismo perdió el negocio entero.

Clayton Christensen documentó el patrón: los líderes no caen por gestionar mal, sino por gestionar bien según las reglas de siempre. Atienden a sus clientes más rentables e ignoran a un entrante peor en las dimensiones que esos valoran, pero más barato, más simple o más accesible, dirigido a un segmento poco atractivo o a gente que hoy no consume; el entrante mejora año tras año hasta ser suficientemente bueno también arriba, y entonces ya es tarde. La cadena entera en el mismo salón: videoclub de barrio → alquiler por correo → streaming por 10-13 € al mes. Y se repite fuera del vídeo: las aerolíneas de bajo coste empezaron en rutas secundarias, con un producto peor, para gente que antes iba en autobús.

Matiz que el propio Christensen repetía: no todo lo nuevo es disrupción. Un producto que entra por arriba, más caro y mejor, dirigido a los clientes más rentables del líder, es innovación sostenida por mucho que cambie el sector. La distinción importa porque la respuesta cambia: ante una innovación sostenida hay que competir de frente, y ante una disrupción real la única defensa que ha funcionado es montar una unidad aparte, con sus costes y sus clientes, y dejarla competir contra el negocio principal.

✍️ Ejercicios resueltos

Ejercicio 1 — Marta contra el obrador industrial: quién gana más y quién gana mejor. Marta vende 300 barras al día a 1,20 €, con 0,35 € de coste variable, 120 € de fijos diarios, 300 días al año y 60.000 € invertidos. La Panificadora del Sur vende 9.000.000 de barras al año a las cadenas a 0,32 €, con 0,24 € de coste variable, 500.000 € de fijos anuales y 2.000.000 € de planta. Calcula margen unitario, beneficio y ROI de cada una, y di quién tiene mejor posición.

Ver solución paso a paso

Paso 1 — Margen unitario. Marta: 1,20 − 0,35 = 0,85 € (70,8% del precio). Panificadora: 0,32 − 0,24 = 0,08 € (25% del precio).

Paso 2 — Contribución anual. Marta: 0,85 × 300 × 300 días = 76.500 €. Panificadora: 0,08 × 9.000.000 = 720.000 €.

Paso 3 — Beneficio. Marta: 76.500 − (120 × 300) = 40.500 €, de los que sale su propio sueldo; si se paga 1.800 € al mes (21.600 € al año), al negocio le quedan 18.900 €. Panificadora: 720.000 − 500.000 = 220.000 €.

Paso 4 — ROI. Marta: 18.900 / 60.000 = 31,5%. Panificadora: 220.000 / 2.000.000 = 11%.

Paso 5 — Interpretación. La Panificadora gana casi doce veces más en absoluto, pero cada euro invertido en la panadería rinde casi el triple. Y el diagnóstico bueno no está en el ROI, está en las cinco fuerzas: la Panificadora vive de 0,08 € por barra vendiendo a compradores que concentran media alimentación del país, así que un 5% de descuento son 144.000 € al año, el 65% de su beneficio, y no lo puede rechazar. Lección: mira el margen unitario junto a quién tiene el poder en la mesa, porque un 25% frente a un comprador todopoderoso es más frágil que un 70% frente a trescientos clientes sueltos.

Ejercicio 2 — Marta se pone a competir en precio. Harta de oír que el súper vende la barra a 0,50 €, saca una "barra básica" a 0,70 € con harina más barata (coste variable 0,28 €). Al mes, de sus 300 barras diarias 130 clientes se pasan a la básica y otros 20 dejan de venir; los fijos siguen en 120 €. Calcula el nuevo beneficio, compáralo con el de partida y diagnostica qué ha pasado.

Ver solución paso a paso

Paso 1 — Partida. 300 × 0,85 = 255 € de contribución diaria; 255 − 120 = 135 € al día, unos 40.500 € al año.

Paso 2 — Nueva mezcla. Quedan 150 barras de masa madre a 1,20 € y aparecen 130 básicas a 0,70 €; las otras 20 ventas se han perdido. Total 280 barras.

Paso 3 — Nueva contribución. Masa madre: 150 × 0,85 = 127,50 €. Básica: 130 × (0,70 − 0,28) = 54,60 €. Suma: 182,10 € al día.

Paso 4 — Nuevo beneficio. 182,10 − 120 = 62,10 € al día, unos 18.630 € al año: ha perdido 72,90 € diarios, 21.870 € al año, más de la mitad del beneficio, vendiendo casi las mismas barras y trabajando igual.

Paso 5 — Diagnóstico con Porter. Tres errores encadenados. Ha peleado donde no puede ganar: su coste completo es 0,75 € por barra (0,35 variable + 120/300 de fijos) frente a los 0,30 € del obrador industrial, así que su barra de 0,70 € ni siquiera cubre coste. Se ha quedado a mitad de camino: sigue siendo cara para quien busca precio y ya no está clara para quien buscaba masa madre. Y ha roto el encaje: fermentación de 18 horas, hornada única y trato de mostrador estaban montados para justificar 1,20 €, no para producir barato. Lección: si no puedes ganar en costes, bajar el precio no es una estrategia, es una retirada con pérdidas. La cuenta contraria lo remata: subir la masa madre a 1,30 € y perder incluso a veinte clientes daría 280 × 0,95 − 120 = 146 € al día, once euros más que ahora y con la posición intacta.

Quiz — Estrategia Empresarial

Se cruza con

Este módulo se entiende mejor —o se vuelve otra cosa— junto a estos otros. Cruzar dos disciplinas abre cosas que ninguna de las dos abre por su cuenta.