Macroeconomía
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Todo lo que le pasa a tu negocio sin que tú lo hayas decidido: precios, empleo y tipos de interés del país entero.

El año en que a Marta le cambió todo sin hacer nada

Vuelve la panadera del módulo anterior. En 2022 Marta no cambió su receta, ni su horario, ni su clientela. Y aun así le pasaron tres cosas a la vez:

  • El saco de harina le subió cerca de un 40%, y la factura de la luz del horno se le disparó.
  • Sus clientes empezaron a llevarse una barra en vez de dos: no habían dejado de tener hambre, es que su sueldo cundía menos.
  • La cuota del préstamo con el que compró el horno subió, porque el euríbor pasó de estar en negativo a rondar el 4%.

Ninguna de las tres decisiones fue suya. Vinieron de una guerra a 3.000 km, de un banco central en Fráncfort y de millones de personas comprando a la vez. Eso es la macroeconomía: el clima en el que tu negocio opera. No puedes cambiarlo, pero si lo entiendes puedes anticiparte — y este módulo va de leer ese clima.

📋 Guía docente del módulo

Objetivos

  • Comprender qué miden los grandes agregados macroeconómicos (PIB, inflación, desempleo) y cómo se construyen.
  • Manejar el modelo de oferta y demanda agregada (OA-DA) para analizar shocks y políticas de estabilización.
  • Analizar el papel de la política monetaria y fiscal, sus canales de transmisión, rezagos y límites.
  • Interpretar episodios macroeconómicos históricos reales a la luz de la teoría.

Resultados de aprendizaje

  • RA1. Calcular el PIB real y el deflactor a partir de datos nominales, y distinguir crecimiento real de crecimiento nominal.
  • RA2. Calcular tasas de inflación a partir de un índice de precios e interpretar la diferencia entre tipo de interés nominal y real.
  • RA3. Aplicar el modelo OA-DA para predecir el efecto de shocks de demanda y de oferta sobre precios y producto, en el corto y el largo plazo.
  • RA4. Analizar el dilema inflación-actividad de la política monetaria y el papel de las expectativas (curva de Phillips, NAIRU).
  • RA5. Comparar política monetaria y fiscal en cuanto a instrumentos, ejecutores, rezagos y límites, y aplicar esa comparación a casos históricos.

Bibliografía de referencia

  • Blanchard, O.: Macroeconomía, 7.ª edición, Pearson — el modelo OA-DA, la curva de Phillips y la política de estabilización.
  • Mankiw, N. G.: Macroeconomía, 10.ª edición, Antoni Bosch — contabilidad nacional, dinero e inflación, corto y largo plazo.
  • De Gregorio, J.: Macroeconomía. Teoría y políticas, 2.ª edición, Fondo de Cultura Económica — enfoque con especial atención a economías emergentes y regímenes cambiarios.

Carga de trabajo estimada

ActividadHoras
Lectura y estudio del material6
Experimentación con el simulador2
Ejercicios (resueltos y por cuenta propia)4
Evaluación (quiz de módulo y repaso)2
Total14

El PIB: sumar todas las panaderías del país

Marta produce cada día 300 barras que valen 360 €. De ahí hay que descontar lo que compró hecho (harina, levadura, luz): lo que ella añade al mundo es la diferencia. Si haces esa misma cuenta con todas las panaderías, fábricas, hospitales, peluquerías y consultoras de España y lo sumas, obtienes el Producto Interior Bruto: del orden de 1,5 billones de euros al año.

Ese número se puede calcular por tres caminos que dan lo mismo, y cada uno responde una pregunta distinta:

CaminoQué sumaPara qué sirve
Por el gastoConsumo + Inversión + Gasto público + (Exportaciones − Importaciones)Ver quién está tirando de la economía: ¿las familias, las empresas, el Estado o el exterior?
Por la producciónEl valor añadido de cada sectorVer qué sectores crecen: turismo, construcción, industria…
Por las rentasSalarios + beneficios + rentas de la propiedadVer cómo se reparte lo producido entre trabajo y capital

La fórmula del gasto — PIB = C + I + G + (X − M) — es la que más se usa en prensa, y explica titulares que si no parecen contradictorios. Cuando lees "el consumo de los hogares sostuvo el crecimiento pese a la caída de la inversión", te están diciendo que la C subió y la I bajó.

Un aviso que conviene tener presente: el PIB mide actividad, no bienestar. Un terremoto que obliga a reconstruir medio pueblo sube el PIB; el trabajo de cuidados no remunerado no aparece por ningún lado. Es un termómetro útil, no una nota de la calidad de vida.

Nominal contra real: ¿Marta creció o solo subió precios?

Marta cierra el año y ve que ha facturado un 10% más que el anterior. ¿Buena noticia? Depende de una sola pregunta: ¿ha vendido más pan, o el mismo pan más caro?

  • Si vendió 330 barras al día en vez de 300, ha crecido de verdad.
  • Si vendió las mismas 300 barras pero a 1,32 € en lugar de 1,20 €, no ha crecido nada: solo ha trasladado la inflación.

Un país tiene exactamente el mismo problema, y lo resuelve igual. El PIB nominal valora lo producido a los precios de cada año; el PIB real lo valora a los precios de un año base fijo, así que solo se mueve si de verdad se produjo más. El cociente entre ambos es el deflactor:

Deflactor = (PIB nominal / PIB real) × 100

AñoPIB nominalPIB real (precios de 2023)Deflactor
2023 (base)1.0001.000100
20241.1551.050110

El nominal creció un 15,5%, pero el real solo un 5%: eso es lo que se produjo de más. El otro 10% son precios. Las tres cifras encajan: 1,05 × 1,10 = 1,155. Cuando en las noticias oigas "la economía creció un 3%", casi siempre hablan del real — y esa es la cifra que importa, porque es la única que se traduce en más cosas para repartir.

Deflactor e IPC no son lo mismo: el deflactor cubre todo lo que se produce en el país (incluye maquinaria, excluye lo importado); el IPC sigue la cesta que consume un hogar típico (incluye el móvil importado y el petróleo). Por eso pueden divergir, y por eso la inflación que notas en el súper se mide con IPC.

Inflación: por qué el sueldo de tus padres compraba más piso

Coge el ticket de la compra de tu casa hace tres años y repite hoy exactamente la misma cesta. Si entonces costaba 1.250 € al mes y hoy cuesta 1.375 €, tu coste de vida ha subido un 10%. Eso, hecho con una cesta representativa de miles de hogares y cientos de productos, es el IPC, y su variación es la inflación.

Lo importante no es la definición, sino de dónde viene, porque cada origen pide un remedio distinto:

TipoQué ocurreEjemplo que reconoces
De demandaTodo el mundo quiere comprar más de lo que se puede producirEl verano de 2021: se levantan las restricciones, todos quieren viajar a la vez y los vuelos y hoteles se disparan
De costesSe encarece producir y las empresas lo trasladan al precio2022: el gas y la electricidad suben, y con ellos el pan de Marta, el transporte y casi todo lo demás
Inercial o de expectativasTodos suben precios porque dan por hecho que los demás lo haránContratos y alquileres indexados que se revisan "por el IPC del año pasado", perpetuando la subida

El tercero es el peligroso. Los dos primeros se agotan solos cuando el shock pasa; el tercero se alimenta a sí mismo, porque la expectativa de inflación crea inflación. Por eso los bancos centrales repiten tanto que su objetivo es el 2%: no es un número mágico, es un intento de que todo el mundo dé por supuesto que los precios subirán poco, y actúe en consecuencia.

Desempleo: tres personas sin trabajo por tres motivos distintos

Estas tres personas están en paro, y confundirlas lleva a políticas equivocadas:

  • Ana dejó su empleo en marzo y en junio ya ha firmado en otro sitio mejor: estuvo tres meses buscando. Es desempleo friccional, y existe hasta en la economía más sana — de hecho, algo de él es bueno: significa que la gente puede buscar el puesto que le encaja.
  • Bernardo lleva veinte años en una fábrica que ha cerrado, en una comarca donde ahora lo que se busca son perfiles digitales. Su problema no es que falten empleos, es que no encajan con lo que sabe: desempleo estructural. Se combate con formación y movilidad, no bajando tipos de interés.
  • Carla era camarera y la despidieron en 2020, cuando no venía nadie. Su paro apareció con la recesión y desaparecerá con la recuperación: desempleo cíclico. Este sí responde a la política monetaria y fiscal.

España convive con una tasa de paro estructuralmente alta comparada con sus vecinos europeos, y ese es justo el debate de fondo: qué parte del paro español es cíclico (y se cura con crecimiento) y qué parte es estructural (y necesita reformas de formación, contratación y tejido productivo).

El modelo OA-DA: el gráfico donde cabe todo lo anterior

Todo lo visto se junta en un solo gráfico: precios en el eje vertical, PIB real en el horizontal, dos curvas que se cruzan.

La demanda agregada (DA) es cuánto quiere gastar el país entero a cada nivel de precios, y desciende: si todo está más caro, tu dinero cunde menos, los tipos tienden a subir y lo extranjero se vuelve relativamente más barato. La desplaza cualquier cosa que cambie el gasto: que el BCE baje tipos, que el Estado suba el gasto público, que las familias se asusten y ahorren.

La oferta agregada (OA) es cuánto está dispuesto a producir el país. En el corto plazo sube: como muchos precios y salarios están atados a contratos, si crece la demanda las empresas responden produciendo más antes que subiendo precios. La desplaza lo que cambie los costes: la energía, los salarios, la productividad.

En el largo plazo, en cambio, la OA es vertical sobre el producto potencial — lo que el país puede producir con sus fábricas, sus trabajadores y su tecnología. Y de ahí sale la conclusión más importante de todo el módulo: estimular la demanda mueve la producción solo un rato; pasado el efecto, solo quedan precios más altos. Crecer de verdad y para siempre exige mover la oferta: productividad, inversión, formación, instituciones que funcionen.

2022 en este gráfico

El año de Marta se lee de un vistazo: el encarecimiento del gas desplazó la OA a la izquierda. Menos producción y más precios a la vez. Eso es lo que hace tan incómodo un shock de oferta — si el banco central sube tipos para frenar los precios, hunde todavía más la producción; si no hace nada, se arriesga a que la inflación se meta en las expectativas. No hay salida buena, solo la menos mala.

Simulador: política monetaria

Ponte en la silla del BCE. Al mover el tipo de referencia encareces o abaratas el crédito: cambia la inversión de las empresas y, con ella, la actividad y la inflación. Es el mismo mecanismo que le subió la cuota del horno a Marta. Prueba a bajar el tipo al mínimo y fíjate en la brecha de producto y en la inflación: verás por qué "dar gasolina" tiene premio a corto plazo y factura después.

Inversión (índice)-
PIB (100 = potencial)-
Brecha de producto-
Inflación estimada-

El dilema que ves aquí es el oficio entero de un banco central: bajar el tipo reactiva pero calienta los precios; subirlo enfría los precios a costa de actividad y empleo. Dos advertencias sobre el modelo: solo recoge el canal del crédito (en la realidad el tipo también mueve el tipo de cambio, a veces más rápido), y es estático — sostener el PIB por encima del potencial no da una inflación constante, sino creciente, como verás justo debajo.

La curva de Phillips: por qué no se puede tener todo a la vez

Durante los años 60 pareció existir un menú cómodo: aceptando algo más de inflación se podía comprar algo menos de paro. Los gobiernos podían elegir el punto del menú que prefirieran.

Los años 70 rompieron el menú. Llegó la estanflación: mucha inflación y mucho paro al mismo tiempo, algo que la relación simple decía imposible. Friedman y Phelps habían anticipado por qué: el menú solo funciona mientras la gente no se dé cuenta. Si el banco central intenta mantener el paro por debajo de su nivel natural (el NAIRU), los trabajadores acaban exigiendo subidas salariales que anticipan la inflación futura, las empresas suben precios anticipándose, y hace falta cada vez más inflación para el mismo efecto. La inflación no se estabiliza: se acelera.

De ahí la obsesión moderna con anclar expectativas. Un banco central creíble puede bajar la inflación con mucho menos coste en empleo que uno en el que nadie confía; esa credibilidad es un activo que se tarda años en construir y un trimestre en perder.

Tres episodios reales, tres diagnósticos distintos

Estados Unidos, la cura de caballo de Volcker (1979-1983). En 1980 la inflación estadounidense rondaba el 13,5%. Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal, subió el tipo de referencia hasta cerca del 20% en 1981. Funcionó: la inflación bajó al 3,2% en 1983. El precio fue una recesión dura, con el paro en el 10,8% a finales de 1982. Es el trade-off del simulador llevado al extremo, y la demostración de que la credibilidad se compra cara pero rinde décadas.

Alemania, la hiperinflación de 1923. La inflación mensual superó el 29.000% en octubre de 1923 y los precios llegaron a duplicarse cada pocos días: la gente cobraba y salía corriendo a gastar, porque esperar unas horas costaba dinero. Es inflación inercial más déficit financiado con máquina de imprimir: cuando nadie quiere quedarse la moneda, esta circula cada vez más rápido y el proceso se retroalimenta. Se cortó cambiando el régimen entero — el Rentenmark, en noviembre de 1923, con emisión estrictamente limitada — y funcionó en semanas.

España, el shock energético de 2022. Tras la invasión de Ucrania, la inflación media anual fue del 8,4%, con un pico interanual del 10,8% en julio. Shock de oferta de manual: sube el coste de la energía, la OA se va a la izquierda, suben precios y se frena la actividad. El BCE respondió con la subida de tipos más rápida de su historia, del 0% al 4,5% entre julio de 2022 y septiembre de 2023 — y eso es lo que le llegó a Marta en forma de cuota del horno más cara.

Fíjate en las magnitudes: 8%, 13% y 29.000% mensual no son el mismo fenómeno con distinta intensidad, son fenómenos distintos. Aplicar la receta de Volcker a un shock energético transitorio sería tan equivocado como responder a una hiperinflación con paciencia.

El trilema: por qué España ya no puede devaluar

Un país no puede tener las tres cosas a la vez: tipo de cambio fijo, libre movimiento de capitales y política monetaria propia. Solo dos. Es el trilema, y no es teoría abstracta: se ha cobrado crisis reales.

El Reino Unido lo comprobó en 1992. Mantenía la libra en una banda fija dentro del Sistema Monetario Europeo, con capitales libres. Cuando el mercado dejó de creer que podría sostenerla, la presión especulativa se llevó las reservas en días y Londres tuvo que salir del mecanismo: el miércoles negro. España, en el mismo episodio, devaluó la peseta tres veces entre 1992 y 1993.

Hoy España ha elegido conscientemente su esquina del triángulo: con el euro tiene tipo de cambio fijo con sus principales socios y capitales libres, y a cambio ha renunciado a tener política monetaria propia — los tipos los decide el BCE mirando a la eurozona entera, no al ciclo español. Por eso, cuando la economía española va desacompasada del núcleo europeo, el ajuste tiene que venir por otro lado: salarios, precios y política fiscal.

Las otras esquinas también existen: Ecuador y El Salvador renunciaron directamente a tener moneda propia (dolarización), y países con flotación libre conservan su política monetaria a costa de aceptar que su tipo de cambio suba y baje.

Cuando el tipo ya está en cero: la política monetaria no convencional

¿Qué hace un banco central que necesita estimular la economía cuando el tipo ya está en el 0% y no puede bajarlo más? Es la trampa de liquidez, y no es un caso de laboratorio: fue la situación de la eurozona durante buena parte de la década pasada.

La respuesta fue el quantitative easing: el banco central compra masivamente bonos a largo plazo, con lo que baja directamente los tipos largos —los que importan para hipotecas e inversión empresarial— e inyecta liquidez, sin tocar el tipo de referencia. La Reserva Federal lo usó a lo grande en 2008-2014 y en 2020; el BCE, durante la crisis del euro y después. Que Marta pudiera financiar su horno a tipos negativos en 2021 fue consecuencia directa de esa política.

La otra palanca: política fiscal

El BCE mueve tipos; el gobierno mueve gasto público e impuestos. Bajar impuestos o subir el gasto estimula la economía; lo contrario la enfría. Parecen intercambiables, pero funcionan de forma muy distinta y por eso se usan en momentos distintos:

Política monetariaPolítica fiscal
InstrumentoTipo de interés de referencia (y herramientas como el QE)Gasto público e impuestos
Quién decideEl banco central, independiente del gobiernoGobierno y parlamento, vía presupuestos y leyes
Cuánto tarda en decidirsePoco: el comité se reúne cada pocas semanasMucho: aprobar unos presupuestos lleva meses
Cuánto tarda en notarseMucho: entre 6 y 24 meses en llegar a la economía realPoco: una obra pública o una transferencia mueven dinero de inmediato
Sus límitesEl suelo del 0%; y no sirve de nada sin credibilidadLa deuda; y que subir el gasto es fácil pero bajarlo cuesta votos
¿Se puede deshacer?Sí, en la reunión siguienteCon dificultad: todo programa crea beneficiarios que lo defienden

De ahí el reparto de papeles actual: la monetaria hace el ajuste fino del ciclo porque es rápida y reversible, y la fiscal se reserva para golpes gordos —2008, 2020— donde la monetaria sola no llega. A eso se suman los estabilizadores automáticos: cuando Carla se quedó sin empleo, cobró el paro sin que nadie tuviera que aprobar nada. El sistema amortigua solo.

Ciclos: por qué esto vuelve a pasar siempre

La economía no crece en línea recta, sino en dientes de sierra: expansiones (más producción, más empleo) seguidas de recesiones (dos trimestres consecutivos de caída del PIB, como regla informal). Al punto más alto se le llama pico; al más bajo, valle. España lo ha vivido en carne propia dos veces en quince años: 2008 y 2020.

Gobiernos y bancos centrales intentan suavizar esos dientes de sierra, no eliminarlos — eliminarlos no se ha conseguido nunca. Para Marta, la lección práctica es de gestión pura: los años buenos no son para ampliar sin freno, sino para llegar al siguiente valle con caja y sin deuda asfixiante.

✍️ Ejercicios resueltos

Ejercicio 1 — ¿Creció Marta o creció la inflación? En 2023 Marta facturó 131.400 € y en 2024, 144.540 €. Los precios del sector subieron un 6% en ese período. ¿Cuánto creció su negocio en términos reales? ¿Y si la inflación hubiera sido del 12%?

Ver solución paso a paso

Paso 1 — Crecimiento nominal. (144.540 − 131.400) / 131.400 = +10%. Es lo que ve Marta en su cuenta corriente.

Paso 2 — Descontar la inflación. Facturación real de 2024, a precios de 2023: 144.540 / 1,06 = 136.358 €.

Paso 3 — Crecimiento real. (136.358 − 131.400) / 131.400 = +3,8%. De los diez puntos de crecimiento, casi seis eran solo precios. Marta ha crecido, pero mucho menos de lo que parecía.

Paso 4 — Con inflación del 12%. 144.540 / 1,12 = 129.054 € → (129.054 − 131.400) / 131.400 = −1,8%. Facturando un 10% más, su negocio habría encogido. Este es el espejismo que arruina a más pequeños empresarios en épocas inflacionarias: creen que crecen porque ingresan más euros, cuando en realidad venden menos pan.

Ejercicio 2 — El préstamo del horno. Marta pidió 30.000 € para el horno a un tipo nominal del 5%. Ese año la inflación fue del 8%. ¿Cuál fue el tipo de interés real que pagó? ¿Le salió cara o barata la deuda?

Ver solución paso a paso

Paso 1 — Aproximación de Fisher. Tipo real ≈ tipo nominal − inflación = 5% − 8% = −3%.

Paso 2 — Cálculo exacto. (1 + real) = (1 + nominal) / (1 + inflación) = 1,05 / 1,08 = 0,9722 → tipo real = −2,78%.

Paso 3 — Qué significa un tipo real negativo. Marta devolvió el préstamo con euros que valían menos que los que recibió. En términos de pan —de capacidad de compra real— devolvió menos de lo que le prestaron. La inflación le hizo un regalo, a costa del banco.

Paso 4 — La regla general. La inflación inesperada beneficia a los deudores y perjudica a los acreedores y a quien tiene ahorros parados. Por eso, en un entorno inflacionario, tener deuda a tipo fijo es una posición muy distinta de tenerla a tipo variable: si el euríbor sube y tu hipoteca es variable, el regalo se convierte en factura. Marta, con su préstamo a tipo variable, lo comprobó en 2023.

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