Glosario
Los términos del máster, con la definición que se usa aquí.
Veces al año por minutos cada vez por el coste de la hora. Es lo único que mira quien ordena la cola «por horas ahorradas», y siempre sale positivo: por eso ese criterio nunca se corta solo.
Ahorro bruto menos exposición. Ordena la cola y, cuando sale negativo, dice que esa pieza no se construye. En las seis tareas de Pallarés hay dos negativas, y una de ellas es la que más horas ahorraba.
El papel de la entrega con la firma del cliente encima: dice que ha recibido lo que el papel pone. Sin esa firma no se factura, y lo que no se factura no se cobra. En Pallarés quedan sin conformar 2.949 al año, el 6,8 % de los pedidos.
El peso que se le da a la última semana en un suavizado exponencial, entre 0 y 1. Alto reacciona rápido y se traga el ruido; bajo es estable y llega tarde. Es el mismo compromiso que las N semanas de una media móvil, por otra puerta.
Que las piezas entran una detrás de otra porque hay una persona construyéndolas. Con dos meses por pieza, la primera ahorra diez meses del año y la sexta ninguno. Es por lo que el orden cambia el resultado aunque al final se construya todo.
Estimación de la espera media como variabilidad por utilización por tiempo de proceso, publicada en 1961 para ocupaciones altas. Lleva (1 − ρ) dividiendo, y ahí está la pared: al acercarse al 100 % se divide por casi nada. Es una aproximación, no una igualdad.
El que manda revisar el precio del transporte cuando el gasóleo varía un 5 % o más. Ya no dice «salvo pacto en contrario»: el RDL 3/2022 lo reescribió y el RDL 9/2026 lo dejó sin sombra. Es obligatorio y automático, sube y baja, va desglosado en factura, y un pacto en contra es nulo. Lo único pactable por escrito es un umbral menor.
La parte del coste sobre la que se aplica una revisión de combustible. En este viaje son los 402,96 € de los dos tramos de carretera. El tren no lleva gasóleo dentro y el operador ferroviario repercute el suyo en su propia factura.
La zona de estantería más cerca de la mesa donde se cierran los pedidos. Caben 183 huecos de los 1.100 de la nave. Lo que se guarda ahí se paga en metros que nadie anda, y por eso se pelea.
Las horas que se pagan y no se usan. No aparece en ninguna cuenta, porque el coste por línea se calcula con el coste entero: mejorar el recorrido baja las horas necesarias y deja el coste por línea igual hasta que sobra una persona.
Una relación de origen y destino con un tipo de servicio. Utrecht-Castellón por tren es uno; almacén-Els Ports en furgoneta es otro. Dentro de un carril los viajes se parecen y entre carriles no, y por eso el coste se estima por carril y no por cliente.
Lo que sale de un sistema por unidad de tiempo. No lo fija el recurso más caro ni el más ocupado en promedio: lo fija el cuello de botella. Por eso una séptima furgoneta de 39.733 € al año no adelanta la salida ni un minuto mientras haya dos puertas.
Ordenar las referencias por el dinero que mueven al año y darle a cada grupo una política de revisión distinta. En Pallarés, 165 de las 1.100 referencias mueven el 70 % del coste: 13.898 € al año cada una, contra 1.051 € las del resto. Lo describió Dickie en 1951 y sigue siendo la decisión con más rendimiento por hora invertida.
Los días que tarda en salir lo que hay dentro, de media. Son 365 entre la rotación, así que dice lo mismo que ella en una unidad con la que se puede discutir con un proveedor. En Pallarés son 30,4 días de cobertura, o sea un mes de mercancía quieta todo el año.
La desviación típica dividida por la media. En la cerveza son 34 sobre 180, o sea el 18,9 %. Sirve para comparar la inestabilidad de dos referencias que mueven volúmenes distintos, cosa que la desviación en cajas no permite.
Guardar cerca lo que más se pide y lejos lo que casi no se toca. Ojo con el criterio: rotación en euros y rotación en visitas no dan la misma lista, y la estantería se paga en visitas.
Dejar de comprobar un aviso porque casi siempre acierta, medido por Parasuraman y Riley en 1997. Su pariente es la alerta que salta todas las semanas y tapa las que importan, como el umbral del 35 % de kilómetros en vacío de la línea de Utrecht.
El que avisa después, y solo funciona si alguien mira. La otra familia de COSO. Su problema no es la potencia: es que depende de una persona, y esa persona tiene una lista de 170 líneas encima.
El que actúa antes del daño y no se puede ignorar: bloquea. En el marco de COSO es una de las dos familias de control interno, y aquí son las cuatro comprobaciones que paran el pedido.
Lo que cuesta poner en marcha un aprovisionamiento con independencia de su tamaño: la llamada, el papeleo, el transporte mínimo y la recepción. En Pallarés son 45 €. Entra en el lote y no entra en el punto de pedido.
Lo que cuesta al año TENER dinero parado en mercancía, escrito como tasa sobre el inventario medio a coste. Paga financiación, obsolescencia, caducidad, merma, espacio y seguro. En Pallarés es el 18 %, o sea 49.140 € al año. No paga MOVER la mercancía: eso se cobra aparte, a 0,44 € la línea, y sumar las dos tasas es cobrarse el almacén dos veces.
Lo que cuesta atender un pedido, aparte de la mercancía: preparar sus líneas, llevarlo y su parte del riesgo de tener que repetir la entrega. En Pallarés son 3,256 € más la entrega del carril más 0,356 €. Con la media de la casa salen 9,09 € por pedido.
La parte del gasto que de verdad desaparece si dejas de hacer algo. Subcontratar la ruta del interior ahorra 2.850 € si se devuelve la furgoneta y el chófer deja de cobrar; si la furgoneta se queda en el patio, cuesta 12.250 € más.
Lo que cuesta un tramo repartido entre los kilómetros que de verdad se conducen, y no entre los que se facturan. 307,80 € entre 570 km son 0,54 €/km, la mitad de lo que dice la factura. La diferencia entre las dos cifras es lo que cuesta el vacío.
Lo que cuesta el almacén dividido entre las líneas que prepara. En Pallarés, 142.000 € entre 321.693 líneas: 0,44 €. No incluye la mercancía ni el reparto, solo la nave y las cuatro personas que la mueven.
Lo que añade a la ruta cada puerta a la que se llama: aparcar, bajar la mercancía, entregar y que alguien firme. En Pallarés son 3,40 €, y es el suelo del coste por entrega. No lo diluye la densidad, porque no se reparte entre nadie.
Partir un envío en los contratos que lo mueven, cada uno con su forma de cobrar. El remolque de Utrecht son cuatro líneas: 95,16 € de carretera europea, 1.240 € de tren, 307,80 € de carretera española y 96 € de peajes y esperas. Total, 1.738,96 €. Sin el reparto no se sabe dónde negociar.
El porte bajado a la unidad en la que se vende. 1.738,96 € entre 26 palets de 60 cajas son 1.560 cajas y 1,1147 € cada una. Dividir entre palets da 66,88 € y parece una cifra: es el error de unidad más repetido del módulo.
El recurso con más ocupación de un proceso, que es el que fija el caudal de todo lo demás. En la ventana de salida de Pallarés es la puerta de carga, al 86,7 %, y no la furgoneta, que va al 28,9 %. Mejorar fuera del cuello de botella no mejora nada.
Decisión basada solo en un tratamiento automatizado que produce efectos jurídicos o afecta de modo similar. El artículo 22 del RGPD da derecho a no quedar sujeto a ella. Muchos clientes de hostelería son autónomos, o sea personas físicas, así que cortarles el crédito en automático entra ahí.
Cuántas entregas caben en una misma ruta. Es la variable que manda en la última milla: la ruta de costa hace 32 paradas y la entrega sale a 5,29 €; la del interior hace 14 y sale a 7,71 €, con la misma furgoneta y el mismo chófer.
Dividir cada dato por el índice de su mes para ver el nivel debajo de la ola. Una semana de agosto de 245 cajas desestacionaliza a 184, que es casi la media del año: sin ese paso, agosto parece un récord y es un martes normal.
La distancia típica entre un dato y la media de su serie. La caja de cerveza de Pallarés vende 180 a la semana con una desviación de 34: la media dice cuánto sale al año y la desviación dice cuánto hay que guardar para no quedarse sin.
La que no se completa en el primer intento y obliga a volver. Cuesta 8,69 €: los 5,48 € de la segunda visita más 3,20 € de gestión. Pallarés tiene 1.782 al año, el 4,1 % de las entregas, y suman 15.478 €.
La demanda real menos lo que se había previsto, semana a semana. Es lo que se mide y lo que se paga: el stock de seguridad sale de la desviación de este error, no de la de la demanda. Coinciden solo cuando la previsión es una media plana.
Repartir por el día un trabajo que llegaría amontonado. Pallarés concierta las recepciones de proveedor de 9:00 a 13:00 para que no pisen la salida. Lo que no se puede escalonar —las seis furgonetas antes de que abran los bares— es justo lo único que falla.
Eslabón que no ocurre una vez por pedido sino una vez por cada línea que lleva dentro, así que entra en la cadena elevado al número de líneas. En Pallarés son dos: que haya stock y que la línea se prepare bien. Con 7,4 líneas de media, un 98,8 % aporta 91,45 % y no 98,8 %.
Veces al año por la tasa de fallo de la máquina, por lo que cuesta un error, por el factor de irreversibilidad. Es la columna que falta en casi todas las listas de automatización, y la que decide el orden.
(6 − nota de reversibilidad) / 5. Vale 0,2 con un cinco y 1,0 con un uno. Supone que un error que se deshace el mismo día cuesta la quinta parte que uno que no se deshace, y ese cinco es una convención escrita, no una medida.
Una sola factura que agrupa varias entregas de un periodo. Permite facturar por quincenas en vez de por pedido, y es la razón de que un albarán de Pallarés espere 7,5 días de media antes de convertirse en factura.
Lo entregado que todavía no se puede facturar. Se calcula como importe por el tiempo que espera: en Pallarés, 284.902 € al año atascados 21 días dan 16.392 € quietos en cualquier momento.
La cuenta 4309 del Plan General de Contabilidad: ventas entregadas que todavía no tienen factura. Es donde debería estar la bandeja de albaranes sin conformar, y casi nunca está.
Que la atención a cada aviso baje según sube el número de avisos. Está medida fuera de la logística: en 2006 una revisión de JAMIA encontró que los médicos se saltaban entre el 49 % y el 96 % de los avisos de seguridad al recetar.
Probabilidad de que una cadena de eslabones independientes salga bien entera. Es el producto de las fiabilidades de cada uno, y con todos iguales queda p elevado a N. Seis eslabones al 95 % dan 73,5 %, que es la misma cuenta que el módulo de Agentes del máster de IA hace con seis pasos de software.
Margen bruto por cada euro invertido en mercancía. Es el margen bruto del año entre el inventario medio a coste, y junta en una sola cifra las dos mitades del problema: lo que se gana y lo que hay inmovilizado para ganarlo. En Pallarés, 924.000 entre 273.000 dan 3,38 €. Por debajo de 1 el almacén se come lo que produce.
Cuánto hace la máquina sola: avisar, proponer o decidir. Es una versión corta de los diez niveles de Parasuraman, Sheridan y Wickens (2000). No lo fija la tecnología, lo fija quien encarga la pieza, y bajar de grado es la palanca más barata que hay para reducir el riesgo.
La capacidad que queda sin usar a propósito. En la ventana son 24 minutos de puerta, el 13,3 %. No es desperdicio: es lo que se compra para que la variabilidad no acabe en retraso. Llenarla es subir al 100 % de ocupación, donde la espera ya no cabe en la tabla.
Cuánto vende un mes comparado con un mes medio del año. En la hostelería de Castellón agosto va en 1,33 y noviembre en 0,84. De las 34 cajas de desviación de Pallarés, 30 son calendario y solo 16 son ruido de verdad.
Lo que Bainbridge describió en 1983. Se automatiza lo fácil, a la persona le queda lo difícil y lo raro, y encima pierde la práctica de lo fácil. El día que se cae el sistema, nadie sabe hacer lo que la máquina hacía.
El que se recorre sin carga detrás. El chófer sube 285 km de Castellón a Barcelona para bajar 285 cargado: el 50 % del tramo. No aparece en ninguna factura, porque el transportista lo mete dentro de su tarifa de 1,08 €/km.
Partir del objetivo de la cadena y sacar qué fiabilidad exige a cada eslabón, con p igual a la raíz N-ésima del objetivo. Es como duele y como se usa: un 95 % de pedidos perfectos en una cadena de seis pide 99,15 % en los seis, uno por uno.
L = λ × W: lo que hay dentro de un sistema es lo que entra por unidad de tiempo multiplicado por lo que se queda cada uno. Es una igualdad exacta y no supone nada sobre cómo llegan las cosas. Con 0,0667 furgonetas por minuto y 44,6 de espera salen 3,0 esperando puerta.
Una referencia dentro de un pedido, pidan una caja o doce. Es la unidad de trabajo del almacén: el preparador va una vez a la estantería y coge lo que haga falta. Pallarés hace 43.472 pedidos al año de 7,4 líneas, o sea 321.693 líneas.
Puntos porcentuales que ese eslabón le quita a la cadena, calculados con su exponente puesto: 1 menos lo que aporta, y no 1 menos su fiabilidad. Es el orden que decide dónde se invierte, y no coincide con el de los porcentajes: la disponibilidad va al 98,8 % y resta 8,55 puntos, más que la entrega al 95,9 %.
Cantidad que se pide de golpe y que hace mínimo el coste anual de pedir más el de tener el stock de ciclo. Sale de Q = √(2·D·S/(c·h)). En la cerveza de Pallarés son 574 cajas. El coste total es plano a su alrededor: redondear a 600 cuesta 1,43 € al año.
La media de los errores en valor absoluto, en la unidad del negocio. Con la media plana de 180, Pallarés va por 27,9 cajas de MAE. Es la medida que no se puede disfrazar: son cajas y se ven en la estantería.
La media de cada error dividido por la demanda de esa semana. Se rompe con cifras pequeñas: un fallo de 2 cajas sobre 1 vendida son 200 %, y sobre cero no existe. Además es asimétrico, así que un método que prevé bajo saca mejor nota.
Dos formas de decir lo mismo con dos números distintos. El margen se mide sobre la venta y el recargo sobre el coste: recargo = m / (1 − m). Un margen del 22 % es un recargo del 28,2 %, y confundirlos cuesta cuatro puntos en cada cotización.
Previsión que promedia las últimas N semanas. Cuantas más semanas, menos tiembla y más tarde llega: en la serie de Pallarés, pasar de 4 a 12 semanas empeora el error de 19,0 a 24,8 cajas porque en julio todavía está prediciendo mayo.
La estimación por defecto del coste de entrega de un carril, tomada sobre sus viajes registrados. En Els Ports son 7,71 € con nueve viajes, contra 8,82 € de media y 15,48 € del peor. Con menos de cinco viajes no hay carril: se construye el coste por tramos.
La unidad en la que se mide la capacidad: minutos de reloj multiplicados por cuántos recursos hay. Noventa minutos con dos puertas son 180 minutos de puerta. Olvidar el segundo factor es el error más repetido del módulo y cambia el diagnóstico entero.
Probabilidad de no quedarse a cero durante una reposición entera. No es lo mismo que la disponibilidad por línea, que sale siempre más alta. Con un 95 % y 16,31 pedidos al año, son 0,82 ciclos con rotura.
El trabajo que le cae a un recurso dividido por su capacidad, en la misma unidad y en el mismo periodo. Seis cargas de 26 minutos sobre dos puertas de 90 minutos dan 156 / 180, o sea 86,7 %. Sin decir en qué franja se mide, una ocupación no significa nada.
La venta a la que el margen bruto iguala justo al coste de servir: V = coste de servir / margen bruto. Con la media de la casa son 41,33 €. En el carril del interior, 51,48 €. Por debajo, el pedido cuesta más de lo que trae.
Pedido que cumple a la vez todas las condiciones que se le piden: completo, en fecha, sin daño y con la documentación correcta. Es una métrica del modelo SCOR y no se promedia: se multiplica, porque las condiciones se tienen que dar todas. En Pallarés sale 79,90 %, o sea 8.738 pedidos al año con algo mal.
Los días que tarda de media una venta en convertirse en dinero en el banco. En Pallarés son 45,0 días, y los albaranes sin conformar lo suben a 46,4. El tope legal, art. 4 de la Ley 3/2004, son sesenta y no se puede pactar más.
La ocupación media de un periodo largo y la del rato en que se concentra el trabajo. Las dos puertas van al 21,7 % en el día y al 86,7 % en la ventana. Las dos cifras son ciertas: una decide si hace falta nave y la otra si la salida se cumple.
Días entre lanzar un pedido y tenerlo disponible para vender. En la cerveza holandesa son 12. Decide el punto de pedido y no interviene en el tamaño del lote. Doblarlo dobla el consumo a cubrir y solo multiplica el colchón por 1,41.
El precio que se usó de verdad en una línea, copiado al albarán en el momento de cerrarlo. Si la línea guarda solo la referencia, reimprimir el albarán saca el precio de hoy y no el de aquel día.
Una tarifa que no depende de los kilómetros ni del peso. El tren Rotterdam–Barcelona cuesta 1.240 € vaya lo que vaya dentro. Es el 71,3 % del viaje, y es justo el tramo donde negociar kilómetros no sirve de nada: ahí se negocia volumen.
Qué parte de sus disparos son un error de verdad. El resto son falsas alarmas, y al bloquear cuestan lo mismo que las buenas: un pedido parado. Casi ninguna casa la mide.
Recorrer una vez y recoger a la vez las líneas de varios pedidos, en vez de ir y volver por cada uno. Ahorra metros y obliga a clasificar después, que es lo que se paga a cambio.
Las paradas por ruta a las que la flota propia y la subcontrata cuestan lo mismo: n* = F / (T − v). Con 60,40 € de fijo, 3,40 € de parada y una tarifa de 6,90 €, está en 17,3 paradas. Por encima gana la flota propia.
Nivel de existencias con el que se lanza la reposición. Tiene dos sumandos: el consumo medio durante el plazo de entrega y el stock de seguridad. En la cerveza son 308,57 más 73, o sea 382 cajas.
Ofertas cerradas entre ofertas dadas. Pallarés no lo tiene, porque los precios se dan por teléfono y no se apuntan. En el trimestre de prueba del ejercicio 3 salen 18 de 30, un 60 %, y esa cifra sola no dice si el precio es alto o bajo: dice que ya se puede preguntar.
La revisión del precio cuando el combustible se mueve. Aquí el gasóleo pasó de 1,42 a 1,58 €/l, un 11,27 %, y sobre los 402,96 € de carretera al 32 % de peso salen 14,53 € por viaje y 697 € al año. La base es la carretera: meter el tren multiplica el recargo por más de cuatro.
Ocho campos que se escriben al colgar el teléfono: fecha, cliente y carril, qué pidió, coste calculado, precio dado, quién lo dio, resultado y motivo si se perdió. Sin él no hay ratio de conversión, porque falta el denominador.
Devolver el equipo sin carga. El remolque que vuelve a Rotterdam cuesta 510 €, sube el transporte por caja a 1,4416 € y deja 24.480 € al año. Este sí lo paga Pallarés con nombre y apellidos, y se arregla emparejándolo con una exportación que salga de aquí.
Cuánto cuesta deshacer un error de la máquina. Se puntúa de 1 a 5 y va al revés de lo que parece: cinco es lo mejor, que es un error que se deshace ignorándolo. Un pago hecho es un uno.
Cuántas veces se renueva al año lo que hay en el almacén. Se calcula con el coste de la mercancía vendida arriba y el inventario medio a coste abajo, nunca con la facturación arriba: eso divide peras entre manzanas e infla el resultado tanto como el margen. En Pallarés son 12 vueltas, 3.276.000 entre 273.000.
La forma de recorrer más común y la más tonta: se entra en el pasillo hasta la posición que hay que coger y se sale por donde se entró. Una sola línea al fondo cobra el pasillo entero, ida y vuelta.
La media de los errores con su signo. Un MAE pequeño con sesgo positivo significa que te quedas corto siempre por el mismo lado, y eso no es ruido: es una fuga que se acumula mes a mes y que ninguna medida en valor absoluto enseña.
Estimar sobre datos que se han elegido a sí mismos. Un histórico de facturas solo contiene ofertas ganadas, porque una factura solo existe si el cliente dijo que sí. Heckman lo formalizó en 1979, y no se corrige mirando mejor lo que quedó dentro.
Cajas que se tienen de más para cubrir la diferencia entre lo que se vende y lo que se esperaba vender. No cubre el consumo esperado, que ya está en la otra mitad del punto de pedido. Se calcula como z·σ sobre el plazo, y en la cerveza son 73 cajas al 95 % de servicio.
Mercancía sin ninguna salida durante un periodo largo, doce meses en este módulo. No da error, no rompe nada y figura en el activo por su coste entero, así que se queda años. En Pallarés son 31.000 €, el 11,4 % de lo que hay dentro, y cobran 5.580 € al año de posesión en silencio.
Previsión que mezcla lo último ocurrido con lo que ya se creía: alfa por lo de esta semana más (1 − alfa) por la previsión anterior. Lo publicó Brown en 1959 y lo escribió para decidir stock, no para hacer gráficos.
Una tabla de precios con dos fechas, desde y hasta, para que un precio nuevo cierre al anterior en vez de borrarlo. Sin eso, el pasado deja de existir cada vez que alguien sube un precio.
Cuántas veces salta una comprobación al año. Es el número que decide si puede bloquear: una que dispara 2.949 veces pararía doce pedidos al día, aunque acierte siempre.
Cada cuántas veces se equivoca la máquina. Entra multiplicando a la frecuencia, así que en una tarea que se repite 43.472 veces al año un 1 % son 435 errores. Bajarla al 0,1 % cambia el orden entero de la cola.
Resultado que sale de suponer que los eslabones son independientes cuando no lo son. La correlación entre fallos empeora el resultado y nunca lo mejora, porque un fallo arrastra a otro y los malos días concentran varios. Por eso el 79,90 % de Pallarés es un máximo y no una previsión.
Trabajo manual, repetitivo, sin valor duradero y que crece con el tamaño del negocio. El término y la forma de medirlo salen del capítulo 5 de Site Reliability Engineering (Beyer y otros, 2016). Es lo que se automatiza; no todo lo aburrido lo es.
El último tramo del recorrido de una mercancía, el que acaba en la puerta del cliente. En Pallarés son 4,5 km de los más de 2.000 que hace una caja holandesa, y se lleva el 31 % de lo que cuesta moverla: 0,50 € de 1,61 €.
El porcentaje a partir del cual el validador avisa. Está en el 35 % y no sale de ninguna norma: lo elige el sistema para que alguien mire. Con 285 km cargados se cruza a los 153,5 km en vacío, y esta línea va a 285. Una alerta que salta siempre deja de ser una alerta.
Pieza que mira lo que ya ha pasado y marca lo que se sale de la norma, sin cambiar nada. No toca dinero: decide una persona. Es lo primero que se automatiza porque un error suyo cuesta una mirada, y porque es lo que baja la tasa de fallo de todo lo que venga detrás.
Cuánto se parecen entre sí las duraciones de una misma tarea, medida como desviación típica sobre la media. Las cargas de Pallarés van por 26 minutos con 9,1 de desviación. Con desviación cero la ventana no falla ni un día; con la real, un tercio de las mañanas.
La franja en la que el cliente pide que le entreguen. No cuesta trabajo, cuesta orden: con ventana de una hora caben 20 paradas por ruta en vez de 29, y la entrega sube de 5,48 € a 6,42 €. Para un cliente suelto son 2,08 € por entrega.
La suma de los errores dividida por la suma de la demanda. Es el porcentaje honesto cuando hay referencias de tamaños distintos: donde el MAPE de dos referencias decía 103,1 %, el WAPE dice 7,0 % sobre las 256 cajas movidas.